Si lo deseas, alquílalo
Los hábitos de consumo están cambiando
y cada vez más personas con un nivel adquisitivo
medio intentan disfrutar de objetos hasta ahora reservados
a los más ricos. En esta evolución del consumidor
exclusivo, basada en el alquiler, empresas innovadoras
y creativas nos acercan estos objetos de deseo. El sueño
de “lujo para todos” está un poco más
cerca.
En el libro Let
Them Eat Cake: Marketing Luxury to the Masses—as
Well as the Classes, Pam
Danziger, experta en marketing de lujo, sostiene que
la reciente llegada al mercado de consumo de la generación
del Baby
Boom ha hecho que cambien los hábitos de consumo.
Los baby boomers se han desarrollado
en un ambiente de lujo democratizado y reinventado y desde
luego creen tener derecho a disfrutar de él. En
muchos casos tienen que renunciar a cosas de primera necesidad
para llevar el carísimo bolso de moda o ingeniárselas
para combinar ropa de H&M
con prendas del más prestigioso gurú del
diseño.
Por esto, están surgiendo cada vez más empresas
que ofrecen un alquiler de lujo nada tradicional, que
innovan para ofrecer al usuario ventajas como rotación
de mercancía, comodidad para su recepción
y fácil acceso a través de Internet. Ponen
en manos del que lo desee objetos de culto por un tiempo
limitado, puesto que estos nuevos consumidores de lujo
dan menos importancia a la posesión del objeto
deseado que al placer de disfrutar lo último del
mercado.
Uno de los negocios
más creativos es Bag
Borrow or Steal. Esta empresa, creada hace un año,
que ofrece la posibilidad de pagar una cuota que
permite alquilar por Internet un bolso de un catálogo
especializado en creaciones de los mejores diseñadores.
Este bolso se envía por correo a la asociada, que
dispone de él durante el tiempo que desea. Cuando
decide cambiarlo, con el siguiente envío, recogen
el anterior.
La cuota mensual puede variar dependiendo del precio de
los bolsos. Hay tres
niveles de suscripción: la Trendsetter,
que cuesta 20 dólares al mes; la Princesa,
por 50 y la Diva, por 100 . Por una pequeña
cantidad extra puedes disponer de dos bolsos.

Con este sistema, por el precio de la compra de un bolso
de moda se puede disfrutar todo el año de tantos
bolsos como se quiera, pagando 10 dólares por cada
cambio. En
Secret
Boutique el modelo de negocio es idéntico, aunque
los precios son bastante más baratos.
Be
a Fashionista ha adoptado la misma fórmula para
Inglaterra.
El sistema empleado por
From
Bags to Riches no es exactamente igual porque alquila
los bolsos por 21 días enviándolos y recogiéndolos
directamente en casa. En la empresa holandesa
Baghabits
los periodos de devolución varían de 14 días
a un mes dependiendo de la colección.
El antecedente más interesante de este modelo de
negocio, pero esta vez relacionado con el arte, lo encontramos
en Alemania, cómo no. Las
Artotheks
o
bibliotecas de arte tienen apariencia
de galería tradicional, pero son mucho más.
En ellas se
prestan
obras de arte. En 1968 se creó la primera en
Berlín. Hoy contiene
7.000
obras de arte y se ha extendido llegando a tener
140 sedes por todo el país. Es un
proyecto del gobierno alemán, que lo subvenciona
en su totalidad.
Y tanto es así que para
convivir
con un
Warhol,
un
Picasso
o un
Beuys
original sólo hay que contar con la tarjeta de la
biblioteca, que se consigue acreditando un domicilio fijo
en la ciudad. Pagando
50 céntimos
para el seguro, se dispone de tres obras originales cada
6 meses. Con eso, el arte se hace accesible
y de paso se difunde la obra de jóvenes valores.
Habrá que ver cómo influye la nueva situación
financiera del país en este tipo de instituciones.
Empresas privadas como
Pop
Art Leasing o
Hang
Art también han optado por el leasing de obras
de arte. Por una cantidad reducida, alquilas obra con la
posibilidad de comprarla si te encaprichas y a un precio
bastante más bajo que el de mercado. Muchos de sus
clientes son empresas con oficinas representativas y personas
que quieren hacer un regalo original.
Aunque no se puede considerar como mercancía de lujo
sino de consumo masivo, el precursor de esta línea
de negocio, y que posiblemente haya inspirado a todas las
que han aparecido con posterioridad, es
Netflix,
la
mayor empresa de alquiler de películas por Internet
del mundo, creada en 1997 y con más de
3
millones de suscriptores y
50.000 títulos
de películas para alquilar.
El
procedimiento
es similar al utilizado para el alquiler de bolsos: por
una cuota de
17,99 dólares al mes
recibes por correo hasta tres películas que puedes
ir cambiando con la frecuencia que quieras. En el plazo
de un día laborable las recibes y los costes de envío
y devolución están incluidos en la cuota.
Una vez vistas se meten en un sobre prepago y se devuelven
por correo.
Otras empresas del sector que han copiado la exitosa fórmula
de
Netflix son
Hollywoodclicks,
dedicada también al alquiler de películas,
y
Gamefly,
de videojuegos.
Jibberbug,
alquila audiolibros con un sistema similar a los anteriores,
pero también da la posibilidad de descargarlos por
Internet si los quieres conservar.
Bookfree
los alquila además en papel.
Está claro que la fórmula tiene éxito
e incluso para la música existe algo similar. Por
9.95 dólares al mes, la empresa
RealNetworks,
a través de su servicio
Rhapsody,
da la posibilidad de bajarte de Internet toda la música
que se desee de sus más de
25.000 álbumes.
Volviendo a las mercancías de lujo, los
automóviles
de gama alta son otro de los mercados que han adoptado
la fórmula de alquiler para acercar a clientes fetichistas
y caprichosos estos productos.
La empresa
Zipcar,
fundada en el 2000, ha creado un modelo de negocio de alquiler
de coches que mejora el sistema de las empresas tradicionales.
Posee en la actualidad
50.000 socios y
cuenta con una flota de
20.000 coches rodando
por las carreteras de EEUU.
Hay que registrarse en la web o por teléfono y, la
primera vez, envían a casa una tarjeta en la que
se van cargando los sucesivos alquileres. Se activa cuando
formalizas el pago y sólo hay que ir al lugar convenido,
poner la tarjeta en el parabrisas y se abren las puertas.
El parking, la gasolina y el seguro están incluidos
en el precio y se paga una tarifa por el kilometraje. Alquilar
una hora son
8,50 dólares, 65 el día.
Para los clientes que desean probar un coche último
modelo,
Zipcar ofrece los
“mood
cars”, coches de la gama más alta, sin
tener que esperar los largos plazos de entrega habituales
en la compra. Además para satisfacción total
del cliente, la empresa oculta cualquier signo de que estos
coches son alquilados y así el cliente se siente
su dueño.
Con este concepto de
timeshare exclusivamente
de coches deportivos de lujo y clásicos, el
Club
Sportiva cuenta en su
flota
con
Ferrari,
Corvette,
Porsche,
Mercedes-Benz,
Bentley,
Lotus,
Morgan,
BMW o
Jaguar. Es un club
privado donde sus socios pagan una
cuota
anual para poder disponer de todos los vehículos
del club, utilizar sus instalaciones y tener descuentos
en algunos establecimientos asociados. Para los no socios
se ofrece la posibilidad de alquilar alguno de los modelos
del club por 3
00 dólares al día
y las primeras
100 millas gratis.
Más pequeña, la empresa
Flexcar
utiliza la misma fórmula aunque hay que pagar una
cuota anual de
40 dólares.
City
CarShare opera en la
Bahía de San Francisco
y, preocupados con el medio ambiente, lavan sus coches exclusivamente
con agua reciclada y aseguran que al alquilar el coche se
ahorra gasolina y se contamina menos porque, al tener que
pagar por cada uso, se prescinde de él en trayectos
cortos.
La empresa
Time
& Place, especialista en alquileres de lujo para
famosos millonarios, ha dado un paso casi imposible para
otras agencias. Ha sorprendido con un paso más en
el alquiler de inmuebles poniendo a disposición de
mitómanos las casas de
artistas
de la época dorada de
Hollywood.
En
Palm Springs ofrecen la posibilidad
de vivir en
Sandacre, la casa de
Marilyn
Monroe y
Joe DiMaggio por
1.500
dólares día; en la casa
Elrod-Launet,
de la película
Diamantes
para la Eternidad que perteneció a
Steve
McQueen y después a
William Holden
por
3.600 dólares, y también
está disponible
Twin
Palms, de
Frank Sinatra, un sueño
que se puede hacer realidad simplemente con dinero.
Otro mercado abonado para el alquiler es el de los deportes.
La empresa
Callaway
Golf con su programa
Trade
In Trade Up, ofrece a sus asociados la posibilidad de
ahorrar dinero al actualizar el equipamiento de esta marca.
Para ello, cuando se realiza la compra del nuevo material
vía Internet hay que devolver el antiguo en el mismo
embalaje y será rembolsada una cantidad bastante
sustancial. Por supuesto, no se admiten mercancías
defectuosas. Con esto se consigue que los socios cuenten
siempre con el último producto que sale al mercado
y haya un interesante mercado de segunda mano con productos
en muy buen estado.
Otros objetos como joyas, relojes de lujo, ropa de alta
costura o muebles de diseño que ya poseen una larga
tradición en alquiler, seguramente hagan suya, en
breve, esta fórmula mágica.
Todo un lujo, aunque no en el sentido estricto de la palabra,
es lo que se podía alquilar este verano en la
biblioteca
pública de Malmo.
Personas representativas
de una minoría.
Un homosexual, un imán, un gitano… se ofrecieron
voluntarios para formar parte de este proyecto, cuyo objetivo
principal fue que la gente se acercara a las minorías
y paliar así la desinformación y los estereotipos
que llevan al rechazo.
Durante
45 minutos en la cafetería
de la biblioteca se recibía información de
primera mano sobre la vida, cultura e historia del elegido.
En la
biblioteca
pública de Almelo, en
Holanda,
el pasado mes de septiembre se ha desarrollado la misma
idea.
Aquí los voluntarios fueron varios homosexuales,
musulmanes, discapacitados, una mujer que vive del Estado,
un turco… Además en las estanterías
de la biblioteca se podía complementar la historia
de dichas personas con fotos y documentos.
Otro lujo es poder disfrutar del
alquiler de un
alemán para lucirlo en una fiesta, llevarlo
de vacaciones o presentarlo a la familia. La empresa se
llama
Rent
a German. El negocio
existe
y además está teniendo mucho éxito.
Fundada por un artista alemán, se llevó una
gran sorpresa cuando comenzó a recibir solicitudes
de muchos países demandando sus servicios. Además
hay muchos alemanes dispuestos a ser alquilados debido a
la mala situación económica que está
atravesando el país.
La tarifa depende del servicio. El alemán para los
negocios que te acompaña en las reuniones son
1.200
euros; la familia al completo que te prepara la
comida en casa mientras tú juegas con el niño,
800 euros; el de ir de vacaciones,
750
euros y por
1.000 euros, puedes
sorprender regalando un amigo alemán por un día.
La tarifa es por día, no incluye transportes y el
mínimo son 2 días. Y por supuesto en esto
no hay nada sexual.
Disfrutar de placeres reservados para los más ricos
es fácil. Se prescinde de algunas cosas básicas
o casi, como pagar el alquiler de la casa o el gimnasio,
y con la fórmula mágica del alquiler, tendremos
en nuestras manos el último
Corvette
del mercado con el que iremos a la galería a por
ese cuadro que nos hace juego con el sofá y si necesitamos
a alguien que nos lleve el bolso último modelo de
Louis
Vuitton, nada mejor que alquilar un alemán a
la carta.