Asociacionismo creativo
La unión hace la fuerza. Por eso, algunos particulares
y pequeñas empresas, siguiendo el ejemplo de multinacionales
y superpotencias económicas, se unen para conseguir
beneficios de mayorista en las compras o para directamente
intercambiar sus servicios, eliminando el coste de los
intermediarios. Todo vale a fin de abaratar el presupuesto
mensual de un hogar medio o reducir los costes de una
empresa. El asociacionismo gana músculo y derrocha
ingenio.
La vuelta
al trueque no es una utopía, agrupaciones
de particulares y empresas ven en él la solución
de algunos graves problemas de la economía moderna.
Eso si, con un toque de creatividad adaptada a los tiempos
que corren.
Esta moderna versión del trueque, adoptada en el
mundo contemporáneo, queda plasmada en los bancos
de tiempo, en los que los asociados, generalmente particulares,
se benefician del intercambio de servicios
y habilidades entre sus miembros. La unidad de intercambio
es la hora y vale lo mismo para cualquier tarea realizada.
Los adheridos a este sistema ofrecen sus servicios a los
demás y piden otros a cambio cuando los necesitan:
un masaje, una clase de inglés, hacer la compra,
cuidar las plantas, leer o acompañar a un anciano,
recoger a los niños del colegio o reparar un enchufe
pueden formar parte del intercambio.
Los miembros de estos bancos disponen de un talonario
de tiempo con el que pagan a los otros usuarios
los servicios que utilizan. Cada cierto tiempo se revisa
el saldo de cada socio y se le notifica
la diferencia entre servicios dados y recibidos, con el
fin de evitar grandes diferencias.
Uno de los objetivos de este sistema es el de crear comunidades
más solidarias reforzando las relaciones
entre vecinos, con lo que se gana bienestar
y se crea más confianza social.
Generalmente la organización se realiza por barrios,
aunque empieza a ser habitual que aparezca también
en municipios pequeños, en los que
la gestión resulta más sencilla.
Desde su nacimiento en Italia en los 80
ha ido ganando terreno en el país trasalpino, donde
ya existe una larga lista
de bancos de tiempo, apoyados en su mayoría
por los ayuntamientos locales. La fórmula ha conseguido
exportarse con éxito a muchos otros países.
En Inglaterra son casi una institución.
El portal de Internet London
Time Bank funciona como apoyo logístico de las
organizaciones localizadas en la capital londinense y ayuda
a la creación de nuevas comunidades. Por su parte
la asociación benéfica Timebanks
realiza una función similar dando cobertura a bancos
repartidos por todo el Reino Unido.
Con la misma filosofía nació en Estados Unidos
la organización Timedollar,
como herramienta para “construir comunidades
económicas desde la decencia el respeto y la pasión
por la justicia”. Ha tenido tanto éxito
que hasta se ha desarrollado una versión japonesa
llamada Time
Dollar Network Japan.
En
España este movimiento tiene cierto
desarrollo en Cataluña. Con el apoyo
del Ayuntamiento
de Barcelona, Bancdeltemps
promociona y difunde información de los bancos del
tiempo que funcionan en la Ciudad Condal. En la Comunidad
de Madrid, uno de los pioneros es el Banco
del Tiempo de El
Escorial, promovido por su Ayuntamiento.
Pero ésta no es la primera iniciativa que utiliza
el asociacionismo ciudadano a fin de “crear
comunidad” y aliviar la economía familiar.
Las cooperativas surgieron en parte como
respuesta al capitalismo industrial de comienzos del siglo
XIX, según explica Winecs,
Servicio de Información sobre PYMES de Economía
Social de la Generalitat
Valenciana; y hoy, lejos de haber perdido vigencia,
reaparecen como solución a problemas económicos
y sociales.
El modelo tradicional de cooperativas
de viviendas, orientado a facilitar casa a sus asociados
a precio de coste o por debajo del mercado, tiene hoy plena
vigencia.
La verdadera novedad y evolución surge con el cohousing.
En este modelo de asociación social los miembros
comparten espacios habitacionales comunes
y mantienen una interacción superior a las que se
dan en otros tipos de grupos de viviendas.
El cohousing surge en Dinamarca
a finales del año 64 y va más allá
de la idea de condominio, muy extendida en Estados Unidos,
llegando a un tipo de comunidad intencional
en el que los participantes se asocian para desarrollar
prácticamente todos los aspectos de la vida. En estas
comunidades las zonas compartidas varían
pero generalmente incluyen un comedor y una cocina grande,
donde los residentes cocinan para la comunidad, lavaderos,
gimnasios y salas de juego y de TV. Las más evolucionadas,
además de sus propios sistemas sociales de
gobierno, disponen de guardería, escuela
y oficinas. El cohousing, además,
tiene ventajas económicas y ambientales, al compartir
recursos, espacio y herramientas.
Los primeros modelos han sido revisados, actualizados e
incluso mejorados por la empresa americana CoHousing
Company, creada por los arquitectos Kathryn
McCamant y Charles Durrett. Ofrecen asesoramiento
y diseñan comunidades a la carta estudiando las necesidades
de cada colectivo.
Este modelo de asociación está bastante difundido
en Estados Unidos, donde la Cohousing
Association of the United Estates da cobertura a más
de 100 comunidades de estas características, que
por supuesto parten de la autogestión y de un sistema
de toma de decisiones participativo.
En Inglaterra,
Australia,
Nueva
Zelanda y Canadá,
esta formula se está haciendo cada vez mas común.
En España se puede vivir en cohousing
en AlmeríaEstate,
proyecto de origen británico radicado en la provincia
andaluza.
Aunque en general estas comunidades aglutinan personas interesadas
sobre todo por la ecología, la sostenibilidad
y la vida en el campo, en Francia
la Dharma
House Community Project está buscando gente que
quiera vivir en un cohousing basado en la religión
budista.
Buen ejemplo de “algo más”
que cooperativa de vivienda, para personas que viven en
ciudades, es la propuesta de la asociación madrileña
Covijo.
Según el artículo aparecido en Ladinamo,
el proyecto parte de la creación por el Ayuntamiento
de 50 viviendas en régimen de alquiler y de que los
asociados gestionen los locales sociales,
el cobro de los alquileres y el mantenimiento del edificio.
Este proyecto social está ligado
al hábitat, consiguiendo así
un lazo de unión entre los socios para luchar contra
el aislamiento y la desconexión social tan frecuente
en las ciudades actualmente. Además al tratarse de
contratos de alquiler estable dan seguridad
y generan arraigo en el barrio. El proyecto,
que lleva gestándose 3 años, ha ido ampliándose
con la organización de talleres educativos.
Ya se han producido los primeros contactos con la Administración
para que pueda dejar de ser un proyecto y se convierta en
una realidad.
En una lucha constante por equilibrar la cesta de la compra
y combatir la inflación nace una iniciativa asociacionista
de calado: los clubes de compra.
Según el artículo
de El País
Semanal, que aparece publicado en el portal del Gobierno
Vasco Euskadi.net,
la idea surge en Estados Unidos. Un ama
de casa americana que quería adquirir un modelo de
coche determinado, se puso en contacto con otros compradores
del mismo modelo para conseguir que algún concesionario
les hiciera un mejor precio. Esta fórmula ha ido
derivando hasta asociaciones de vecinos
o grupos de personas movidos por un interés de compra
común que se unen para conseguir precios
de mayorista en productos de consumo doméstico.
Estos clubes son, generalmente, organizaciones vecinales,
de consumidores o entidades benéficas
que se organizan, generalmente a través de Internet,
para comprar a precios de mayorista. Luchan contra las imposiciones
del mercado intentando poner sus propias condiciones.
Las iniciativas alcanzan incluso la cesta
de la compra de productos de consumo doméstico.
Cada miembro confecciona su lista, ésta es consensuada
posteriormente con la del resto de la comunidad vecinal
hasta alcanzar un pedido conjunto único.
Funcionan de manera democrática y el pedido se remite
al almacén con el que se ha llegado al acuerdo con
los precios o descuentos vía Internet.
Aunque aún no se han afianzado en España,
la emergente crisis del comercio tradicional y la proliferación
de grandes superficies podrían suponer un caldo de
cultivo inmejorable para la implantación de una fórmula
como esta.
En Estados Unidos son parte de la política
de las asociaciones de acción comunitaria. En Arizona
la organización vecinal Azcaa
propone una cooperativa
de compra de alimentos para las comunidades más
desfavorecidas. Los asociados reciben un paquete
básico de comida por valor del doble de
lo que hayan pagado. Un paquete básico cuesta menos
de 20 dólares e incluye una combinación de
carne, fruta, verdura y otros alimentos básicos.
Estos beneficios se consiguen gracias a los grandes
volúmenes de compra, aprovechando liquidaciones,
la sobreproducción, los cambios
de envase y, por supuesto, eliminando intermediarios.
En la misma línea, la organización para la
lucha contra el hambre Hunger
Action Network propone la alternativa de los food-buying
clubs como recurso para luchar contra la mala
alimentación dominante en algunos estratos
sociales.
United
Buying Clubs es una de las cadenas de almacenes especializada
que surte a los clubs de compra de comida ecológica
en Estados Unidos. Da cobertura a más de 3.000 clubes
de estas características en 34 estados diferentes.
Los clubes
de compra están presentes también en la
Asociación
Nacional de Cooperativas de Negocio de Estados Unidos.
Y es que estas singulares cooperativas de compra suelen
apoyar la actividad productora y comercial de agricultores
y granjas locales realizando una doble función
comunitaria. Además el concepto de clubes de compra
tiene muy presentes valores como la sostenibilidad
y el cultivo ecológico o la comercialización
de comida
natural.
Pero no solamente los particulares se asocian
para lograr mejores precios y desahogar su economía
doméstica. Muchas empresas utilizan
Internet para realizar trueques
empresariales, en los que lo que se intercambia no es dinero,
sino servicios.
Se obtiene lo que se necesita a cambio de lo que se tiene,
material de oficina, viajes, regalos de empresa, publicidad,
servicios de asesoría… sin afectar a la liquidez
de las respectivas empresas.
Además, al entrar en una amplia red empresarial es
más fácil ampliar la cartera de clientes.
Según IRTA,
International Reciprocal Trade Association,
aproximadamente 8.250
millones de dólares, un 15% del total del comercio
internacional, fueron negociados a través del trueque
empresarial en el año 2004.
El directorio Acambiode
agrupa a más de 28.000 empresas
interesadas en el trueque, de las cuales 16.000 son españolas.
A través de su portal, pone en contacto a diferentes
empresas con variadas necesidades, las cuales pueden obtener
servicios de otras empresas gracias al intercambio de su
trabajo sin que haya dinero de por medio. Esta iniciativa
opera en 17
países de Latinoamérica.
Hay variaciones sobre este mismo sistema, como la de Yes!
Barter, iniciativa que sin embargo incluye el pago de
una cuota al intermediario.
El asociacionismo ciudadano y empresarial
se postula como una herramienta de peso para la solución
de problemas de corto alcance, la promoción de las
comunidades vecinales como entes gestores de un
hábitat común, la mejora en la calidad
de vida, en la alimentación,
en las relaciones sociales y en los negocios.
Los beneficios obtenidos no son sólo económicos,
los más evidentes a simple vista, también
los hay que potencian el desarrollo de proyectos
sociales y solidarios en nuestro entorno más
próximo.
Ciudadanos de la Aldea Global ¡unámonos!