El consumidor exclusivo II
En octubre del 2004 Flylosophy
presentaba al consumidor
exclusivo, un nuevo tipo de consumidor cuyas características
e inquietudes mostraban una forma diferente de elegir,
de comprar y, en definitiva, de consumir.
Casi un año después, ningún área de negocio escapa a su
voracidad consumidora. Desde el motor a la tecnología,
pasando por el cuidado personal o los viajes, en todos
los sectores se pueden encontrar productos que encajan
con su perfil.
El consumidor exclusivo es un cazador de experiencias,
de sensaciones, de sabores, y una de sus principales señas
de identidad es la gastronomía. Como buen hedonista está
dispuesto a permitirse algunos pequeños lujos y en ocasiones
también otros no tan pequeños. Pero más allá del lujo,
lo que distingue a este nuevo tipo de consumidor es la
búsqueda de una exclusividad que no viene marcada por
el precio tanto como por la identificación con un determinado
estilo de vida.
Ama la innovación y huye de la idea de exclusividad tradicional.
Se sabe de “clase media” pero no se identifica
con los criterios y gustos de la mayoría. Se considera
a si mismo “especial" y le gusta
que le reafirmen continuamente esta sensación. Además
le encanta consumir. Es caprichoso y
le gusta premiarse con detalles que vuelvan más confortable
su atribulada cotidianeidad. Al fin y al cabo, se considera
así mismo como su mejor inversión.

Netamente urbano, siempre tiene prisa. Come cada día fuera
de casa, pero no puede permitirse largas sobremesas, ni
digestiones pesadas. Tiene poco tiempo y quiere cuidar su
línea y su salud. Por ello demanda tanto una
alimentación
de calidad basada en una dieta saludable como la rapidez
y funcionalidad del fast food.
Pero además exige un espacio cuidado en el que se
que puedan ver reflejados sus gustos y su forma de pensar.
Y todo ello a un precio razonable. Parece complicado, pero
lo cierto es que, como consecuencia de esta demanda, están
surgiendo establecimientos, que bajo fórmulas diferentes,
intentan satisfacer estas necesidades.
En España, donde se está gestando una verdadera
“revolución
de los fogones” este nuevo consumidor empieza a
adquirir protagonismo. A través de una nueva generación
de cocineros, están apareciendo algunos locales que intentan
redefinir el fast food a través de su fusión con la alta
cocina.
Uno de los pioneros, el
Fast Good creado
por
Ferrà Adriá para la cadena hostelera
NH, mencionado ya en el artículo anterior,
encarna a la perfección las características de este nuevo
tipo de restaurantes. Basado en la fusión del la funcionalidad
del fast food tradicional con una oferta gastronómica innovadora
y de calidad, se caracteriza por los ingredientes de calidad,
una elaboración artesanal y un cuidado de los detalles que
hasta ahora resultaba exclusivo de la
“cocina de
autor”.

También
fruto de la colaboración entre
NH y
Adriá,
NHUBE
es un espacio multifuncional, donde además de comer o tomar
un café se puede escuchar música, navegar por Internet,
leer un libro o ver la televisión.
Conscientes de que el consumidor exclusivo es por naturaleza
nómada y que en mayor o menor medida siempre añora (e incluso
idealiza) el
“aroma del hogar”, su carta
se basa en una selección de platos caseros, elaborados con
ingredientes de calidad. Se trata de conseguir que aquellos
que no paran en su casa se sientan como si estuvieran en
ella.
Delina’s es otra cadena de restaurantes que
participa de muchas de las señas de identidad del consumidor
exclusivo. Su oferta se basa en la frescura de sus productos,
siempre
hechos en el día, y que van desde
sándwiches y sopas caseras hasta sushi y zumos naturales.
Desde su desembarco en Madrid en 1997, la firma ha inaugurado
once locales.
También en Madrid, la cadena
Iboo,
de la mano de
Mario
Sandoval, entra de lleno en las necesidades de este
nuevo consumidor. Haciendo mucho hincapié en los aspectos
dietéticos,
Iboo ofrece diariamente
menús
por menos de 10 euros, basados en la dieta mediterránea
y en el empleo de productos de temporada. Actualmente cuentan
con cinco locales en Madrid aunque esperan abrir 20 establecimientos
a modo de franquicia en los próximos cinco años.

En Barcelona, Nico Fast Good Food, se
ha convertido en un referente de este tipo de establecimientos.
Según sus responsables “su éxito reside en ofrecer
comida rápida, sana y asequible”. Abierto hasta
las 24,00 horas, ofrece cocina rápida de calidad en un
ambiente desenfadado y con un diseño muy cuidado.
En Inglaterra, donde los hábitos alimenticios son muy
diferentes de los mediterráneos y la oferta de locales
de comida rápida es enorme, Maison Blanc está teniendo un gran éxito
a través de su oferta de comida rápida fresca
y de calidad. Su carta, de influencia francesa,
cuenta con sándwiches, baguettes y una selección de chocolates
y dulces muy acorde al gusto británico.
Pero además de esta tendencia, hay otras fórmulas que
encandilan al consumidor exclusivo. Una
de las más destacadas es la que fusiona el fast
food con la cocina oriental de calidad. En este
sentido existen en todo el mundo cada vez más restaurantes
de influencia asiática que combinan comida ligera y sana
con un entorno cool. Nada que ver con los típicos restaurantes
chinos plagados de dragones rampantes y rollos de primavera
aceitosos.
La cadena inglesa Yo!
Sushi es todo un clásico en esta dirección. Su oferta
se basa en una adaptación de las tradicionales barras
de sushi japonesas al gusto occidental. Todos los alimentos
son preparados delante de los clientes
y nunca permanecen en la barra por más de dos horas. Su
fundador Simon
Woodroffe, el hombre de moda en el sector, abrió su
primer local en el SOHO londinense hace ocho años. Actualmente
cuenta con más de 20 locales en UK y ocho más entre Dubai,
París y Grecia.
El éxito de esta iniciativa ha derivado en una
espectacular extensión de marca, de la que han
surgido Yotel
y Yo!Ja
pan,
que en los sectores hostelero y de la moda reflejan ell
espíritu radicalmente innovador de Woodroffe.
También
desde Inglaterra llega Wagamama,
con su slogan “Positive Eating + Positive Living”.
Su oferta se basa en noodles japoneses, elaborados ante
los propios ojos del cliente con productos frescos. El
resultado tiene poco que ver con los fideos deshidratados
que tan populares se están haciendo en todo el planeta.
Sabrosos noodles de todos los tipos y variedades imaginables.
Sano, rápido, divertido y además económico. No se puede
ser más “positive”.
En España el Grupo
Vips, uno de los líderes del sector hostelero, ya
se ha apuntado a esta tendencia, a través de la compra
de la cadena de restaurantes The
Wok. Se trata de unos locales que proponen una nueva
forma de entender la cocina oriental, basada en una elaboración
rápida, sana y natural. Además ofrecen un espacio, elegante,
transparente y nada recargado, muy del gusto de nuestro
consumidor exclusivo. Todos los restaurantes The
Wok se caracterizan por tener la cocina visible
al público con el objetivo de mostrar que lo que se cocina
es sano y está elaborado en el acto. El precio de un menú
básico es de 8.90 euros.
Pero más allá del éxito de este tipo de iniciativas, la
influencia de estos nuevos hábitos de consumo se está
extendiendo a todo el sector de la comida rápida, caracterizado
tradicionalmente por su capacidad adaptación a las nuevas
necesidades del mercado. Incluso está encontrando reflejo
en las oferta de las hasta ahora “intocables”
grandes compañías multinacionales de comida rápida.

Uno de los casos más llamativos es el de McDonalds, que presionado
por la durísima campaña de desprestigio que culminaría
con el éxito internacional de la película Super
Size Me, lleva tiempo intentando orientar su imagen
de marca hacia unos valores más acordes con los nuevos
estilos de vida. El lanzamiento en 2004 de la gama de
productos frescos Salads Plus la creación
de la unidad europea de desarrollo de nuevos productos,
European Food Studio,
en colaboración con un equipo de nutricionistas independientes,
son solo una muestra de cómo estas nuevas formas de consumo
están forzando la revisión de unos patrones de negocio
que hasta hace muy poco parecían inamovibles.