El consumidor exclusivo
Un nuevo tipo de lujo está surgiendo en la ciudad.
Estamos observando cómo nace, crece y se desarrolla
un nuevo tipo de consumidor que demanda exclusividad.
¿Chanel, Louis Vuitton, Versace...? No, de ese
lujo no.
No tiene edad,
no tiene sexo, no tiene nacionalidad, pero sí tiene
dinero (más o menos) e información. Están de vuelta de
la publicidad y se las saben todas. No quieren ser como
el del anuncio, quieren algo más. El lujo y la exclusividad
que demandan no vienen marcados por el precio, exigen
productos y servicios de prestigio y con exclusividad
a precios altos pero no prohibitivos, para la clase media.
La exclusividad para las masas, con nuevas
ideas en negocios que imprimen un toque exclusivo en el
producto; ya sea mejorando el diseño, los ingredientes
o la presentación. Dan al consumidor altos niveles de
calidad, buen gusto y una filosofía diferente a los convencionales.
A este perfil se adaptan perfectamente productos como
el iPod, Apple deja de ser
sólo para diseñadores. Con el iPod, Apple
nos ofrece un reproductor a precio alto pero razonable,
con un diseño exquisito con el que el comprador se siente
un privilegiado.
Hoteles como QBerlin, ropa, ocio, coches como el nuevo
Mini, restaurantes como
FoodBALL, visión del sexo como la que ofrece Tabooboo...
Son muchos los negocios que atraen a estos consumidores
en busca de exclusividad, ofreciéndoles productos con
estilo y auténticos. Pero tranquilos, que hay para todos.

Internet ha revolucionado el mundo del turismo y los viajes,
es el escaparate donde podemos ver y observar sitios que
visitar y hoteles donde alojarse, y el que busca siempre
encuentra. Son cada vez más las iniciativas particulares
que ofrecen alojamiento con atmósferas únicas, número
reducido de habitaciones, cuidan el detalle y unen diseño
y funcionalidad, captando el interés de este nuevo consumidor.
QBerlin en Alemania, Tree SisterHotel
en Tallin, No.
5 Maddox Street en Londres, Desbrull
en Mallorca,
SOHO House o The Standard
Hotel en Nueva York, el HH Campomanes en Madrid
o
Banys Orientals en Barcelona.
Y también hay iniciativas casi únicas como las que ofrece
Pipitrips, una agencia de
viajes que customiza totalmente los viajes: sólo hay que
elegir el destino y ellos buscan los parajes más insospechados
y menos convencionales. Claro que también es posible hacer
caso de las sugerencias que ofrecen los libros y hacer
el mismo viaje que hizo Julio Cortázar
en “Los
Autonautas de la Cosmopista”, o rememorar escenas
de películas alojándose en el hotel donde transcurre la
acción de "Lost in Translation".
Espacios
diferentes para sensaciones placenteras. A la hora de
comer, el nuevo consumidor busca algo moderno, urbano,
rápido, asequible y de calidad. Sobre todo de
calidad. Grandes firmas como NH
Hoteles o Camper
han abierto sus propias cadenas de comida. ¿Porqué?. Porque
hay gente que demanda lo que ellos ofrecen: locales ambientados
por importantes diseñadores, comida sana y fresca y servicio
rápido y cómodo. Fast
Good, de NH y FoodBALL
perteneciente a Camper. No paran de abrir sucursales y de expandirse fuera
de nuestras fronteras.
En Estados Unidos, el país de las modas alimenticias,
las grandes urbes se llenan de restaurantes internacionales
que ofrecen comida sana, por supuesto en ambientes de
diseño: Ixta, restaurante
mexicano, y Wallse, de ambiente artístico
y de diseño, ambos en Nueva York.
Y en Europa, por ejemplo en Gante y en Bruselas, encontramos
BelgaQueen,
restaurante de diseño que ofrece comida de calidad y un
espacio exclusivo, Le Cigar Lounge Bar.
Esta tendencia se extiende a la comida sin preparación,
en supermercados como los
MPreis, en Suiza, que ofrecen como ellos lo llaman
The Seriously Sexy Supermarket.
Ya
sabemos que no es pecado, pero lo parece. Algunas tiendas
de moda están introduciendo entre sus secciones exclusivos
sex-shops y juguetes para adultos, rodeados
de luz, color y lujo, buscando un consumidor que se niega
a aceptar el tradicional oscurantismo que envuelve a estos
productos.
Selfridges, centro comercial situado en la prestigiosa
Oxford Street, dedica la segunda planta a su línea de
juguetes para adultos Tabooboo; Printemps, grandes almacenes
franceses, tiene un exclusivo sex- shop entre sus secciones;
YOBA, proyecto de dos suecas que
han creado su propio espacio “sensual” y entre sus productos
se encuentran una línea de lencería, juguetes
eróticos, juegos, geles, novelas, etc.
Y
si el lujo no va al sexo, el sexo irá al lujo,
como demuestra que Coco
de MER, el más famoso sex-shop de Londres, haya abierto
una tienda en Monmouth Street. Y el señor Larry
Flynt, ya ha pedido la licencia para poner una
franquicia de
Hustler en una de las principales calles de Londres.
Y en Madrid La juguetería, en el barrio
de Chueca, en la que, sin llegar al lujo, encontramos
un sex-shop con nuevos formatos en decoración, nuevos
productos y un trato diferenciado para el cliente.
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