Pop up stores: tiendas de guerrilla
Tiendas que vienen y van, showrooms de guerrilla que,
tras el asedio de los voraces compradores, se desmontan
en pocos días como simples tiendas de campaña. Este es
el concepto de una nueva y revolucionaria forma de vender.
El reclamo: un stock de firmas exclusivas a precios de
saldo. El halo de elitismo que rodea a estos eventos constituye
por sí mismo un estímulo para quienes, previa invitación
personal e intransferible, acuden a estas citas.
Si
la moda está en constante evolución,
si el textil es un sector dinámico al 100% enfrentado a
su propia naturaleza perecedera, si nada permanece
tal cual por más tiempo de lo que dura una temporada, ¿por
qué las tiendas deberían hacerlo?. El carácter
efímero y exclusivo de estos fugaces espacios de venta
constituye un anzuelo irresistible para los ávidos consumidores
exclusivos. A partir de una lista de invitados muy afines
a su target y al infalible recurso del boca a boca,
esta tendencia ha ido recogiendo sus frutos en las grandes ciudades
del mundo.
La cadena de grandes almacenes Target
fue una de las pioneras en Estados Unidos. En septiembre
de 2003 hizo su primera apuesta en firme por el pop
up con dos reclamos de peso: el neoyorquino Rockefeller
Center y las últimas creaciones del modisto Isaac
Mizrahi. Un gran saldo con todo el merchandising navideño
a bordo de un peculiar
barco a las orillas del río Hudson y otra tienda
de guerrilla, en Times Square, confirmaron a Target
como el más fiel de los discípulos de esta
nueva fórmula de hacer negocio.
La
tendencia, sin embargo, ha ido derivando hacia fórmulas
más exclusivas donde la puesta en escena es un ingrediente
indispensable. Música, cultura y arte
a disposición de una iniciativa que busca la vanguardia
en cada rincón de su estrategia comercial. Resulta tan
importante el producto como la forma de venderlo y comunicarlo.
Así lo han entendido diseñadores como Comme
des Garçons y su Guerrilla
Store que recorre, cual circo itinerante, capitales
como Estocolmo,
Berlín, Singapur, Helsinki o Barcelona, como
informa el
New York Times. Si los productos que se venden en sus
tiendas están sujetos a una constante evolución
¿por qué las tiendas deben permanecer en estático?
El espacio elegido resulta un elemento esencial que exige
“una atmósfera especial, una conexión
histórica y un espacio geográfico alejado
de las típicas áreas comerciales”.
Una farmacia de los años 50 en Helsinki o una antigua
librería en el Mitte de Berlín en la que sólo
se invirtieron 2.500 dólares en tareas de acondicionamiento
bien podrían serlo.
Vacant
es otra de las firmas veteranas en el “universo”
pop up. Su sello: las zapatillas customizadas.
Combina algunas de las marcas deportivas más populares,
como Nike,
Puma o Adidas,
con arriesgados diseños y el encanto cosmopolita de las
grandes urbes como Nueva
York, Londres, Tokyo, París o Berlín en las
que como máximo se establecen por periodo de un mes. Lo
suficiente para preservar el factor sorpresa.
En esta misma línea la cadena musical MTV
organizó el pasado mes de octubre en Munich
una pop
up store donde Levis,
Adidas y
Sony Ericsson
fueron las “estrellas invitadas”.
Incluso el mercado de la venta on-line
se ha hecho eco de esta oportunidad de negocio. BlueFly.com,
portal dedicado a la comercialización on-line
de firmas como Prada,
Dolce&Gabbana,
Gucci
o Ralph Lauren,
organizó en Nueva
York, según publica el Usa
Today, una de estas fugaces tiendas para dar salida
a las prendas de otras temporadas. Style,
versión on-line de Vogue y W,
también ha querido recrear su particular versión
de las pop up stores en TheShop.
El mecanismo es sencillo: cada semana ofrece una selección
de los mejores ítems con firma que sólo se
pueden adquirir vía Internet.
En España el fenómeno resulta bastante difuso.
En ocasiones se ha utilizado como señuelo para liquidar
el stock de temporadas pasadas, como informa El
Mundo. Con estas liquidaciones conocidas como “lefties”,
marca creada por Inditex,
las grandes marcas comerciales ponen a la venta artículos
con algún tipo de imperfección a precios rebajados.
La modalidad rastrillo está también
bastante extendida. Homeless
realizó el suyo el pasado mes noviembre con descuentos
de entre el 30% y el 70% en todos sus artículos.
Destino
Clandestino practica, por así decirlo, un pop
up más a la americana, respetando el guiño
a la exclusividad y entendiendo estos eventos como algo
más que meras tiendas itinerantes. Esta plataforma,
que agrupa a más de 80 jóvenes diseñadores
españoles y extranjeros, escoge espacios
multifuncionales y diáfanos en Madrid y Barcelona.
La música en vivo, las exposiciones o el relax de
un chill out tienen su propio protagonismo en estos eventos
que cuentan con el patrocinio de la marca de cigarrillos
Nobel.
Pero no sólo el sector textil tiene su nicho de negocio
en esta nueva forma de vender. Song,
compañía aérea americana que opera
por Internet al estilo EasyJet,
ha optado también por “efímeros”
showrooms en el neoyorquino barrio del SoHo
y en la ciudad de Boston. La comida para gatos MeoxMixed
también ha puesto en marcha una iniciativa
de este calibre a fin de fidelizar a felinos domésticos
y sus dueños. El suculento menú del Meow
Mix Café, emplazado en la Quinta Avenida neoyorquina,
hizo las delicias de las mascotas y también de los
humanos “que se creen sus dueños”.
Bajo
el impactante slogan “gente contra la suciedad”
la marca de productos de limpieza Method
organizó una impoluta pop up store en
Union
Square con todos sus productos para el hogar y un novedoso
diseño. Incluso la falta de infraestructura resulta una
buena excusa para “movilizar” un
negocio. La firma brasileña de cosméticos Oceanic
constituye el paradigma de franquicia sobre ruedas gracias a una
amplia flota
de furgonetas de la marca Fiat
que hace las veces de tienda.
Resulta incontestable que la comunicación es un valor
en alza en este tipo de estrategias comerciales.
Ya podemos hablar sin ir más lejos de marketing
de guerrilla, no en vano existe literatura
que abunda en el fenómeno. Adoptándolo como
leiv motiv algunas empresas como Guerrilla
Group ya le están sacando rendimiento. La fórmula
del éxito para todos ellos: huir de los circuitos
convencionales y potenciar el factor sorpresa
para alimentar la curiosidad de los consumidores.
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