¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
En la carrera por crear un androide capaz de interactuar
con los humanos nadie quiere quedarse atrás. Grandes
corporaciones como Honda,
Sony
y Toyota
están invirtiendo mucho dinero y esfuerzo en su
desarrollo. ASIMO,
QRIO
y HUBO
son el resultado. Juguetes cuidadosamente diseñados
para entretener, sin cuestionar la frágil identidad
humana. Mientras, otros robots, mucho menos populares,
se encargan del trabajo sucio. No despiertan la imaginación
humana como lo hacen los androides pero viajan a Marte
y ejercitan su puntería en Irak.
En
la entrada a la expo de Aichi
una encantadora joven, Actroid,
da la bienvenida a los visitantes. Aunque a simple vista parece
una eficaz recepcionista japonesa, en realidad se trata de un
humanoide capaz de contestar más de 2.000 preguntas en
inglés, japonés, chino y coreano. Una vez recuperados
de la impresión, se puede asistir a un concierto de androides
en el Pabellón
de Toyota o pasear a bordo de un i-foot,
un robot bípedo que pasea visitantes cual dromedario en
el Teide. La visita perfecta debe finalizar con un paseo por la
Exposición
de Robots Prototipo, donde se muestran más de 60 proyectos
robóticos diferentes.
Sin embargo, a pesar de los evidentes avances técnicos,
lo cierto es que en los últimos 100 años apenas
hemos asistido a cambios relevantes en la concepción
que los humanos tienen de los robots. Desde sus inicios,
los robots han presentado dos funciones: la de esclavos
y la de mascotas. De hecho, la palabra
robot debe su origen a la palabra checa robata
(que significa trabajo) empleada por el
al escritor Karel
Capek, en 1922, en su obra R.U.R.
(Rossum's Universal Robot) para denominar
a uno de los personajes: una máquina con forma humana
que se empleaba para realizar todo tipo de trabajo físico.
Actualmente, Wikipedia
define robot
como un dispositivo generalmente mecánico que sustituye
al hombre en sus tareas.
Durante mucho tiempo estas máquinas han encarnado
las esperanzas de la humanidad en el futuro, sustentado
muchas de las fantasías en torno a la capacidad liberadora
del progreso industrial.
Sin duda, de entre los diferentes tipos de robots, los androides,
robots humanoides capaces de imitar la conducta del hombre, son
los que, en mayor medida, han estimulado la imaginación
humana.
Del mismo modo que los niños proyectan sus sentimientos
sobre un muñeco, parece que la humanidad precisa
de los androides para proyectar sus anhelos e ilusiones.
La Ciencia Ficción ha contribuido a este hecho. Escritores
como Asimov
o Philip
K. Dick intuyeron las posibilidades de los androides
y crearon en sus obras mundos y atmósferas, poblados
de estos seres, que muy pronto se hicieron hueco en la imaginación
de los humanos. Rápidamente, la realidad intentó
alcanzar la ficción.
ASIMO
(Advanced Step In Innovative Mobility)
es el androide en el que trabaja Honda
desde hace más de 18 años, su auténtico
niño mimado. Representa, junto con
QRIO
y HUBO,
a la generación de androides más avanzada
que nunca ha existido. Pero lo cierto es que todavía
se encuentran más cerca del Hombre de Hojalata
de “El
mago de Oz” que del ser humano. Los avances que
aporta corresponden más al campo de la ingeniería
mecánica que al de la inteligencia artificial. Se
trata de un robot con, obviamente, aspecto de robot, de
pequeña estatura y, sobre todo, con rasgos amigables,
minuciosamente diseñado para eliminar de su fisonomía
cualquier apariencia amenazadora.

ASIMO es capaz de andar, correr, desplazarse
lateralmente, subir y bajar escaleras, hablar en varios
idiomas, ejecutar hasta 50 órdenes y saludos diferentes
y bailar Saturday Night Fever. Sin embargo,
aún falta mucho para que pueda sorprendernos con
tareas realmente importantes.
Nunca será un rival, tan sólo es un juguete.
En el mejor de los casos pretende ser un criado
hi-tech. Nunca podrá sustituir al hombre,
especialmente si tenemos en cuenta que “su
coeficiente intelectual sería el equivalente al de
un insecto”. El autor de la frase, el profesor
de la City
University of New York, Michio
Kaku, añade que quizá en el plazo de diez
años se podrían conseguir máquinas
con el intelecto de un ratón, y probablemente en
unos cincuenta años, se pudieran lograr robots semejantes,
intelectualmente, a un ser humano. Sin embargo agrega que
esto resultará casi imposible debido a la escasez
de silicio que se prevé para entonces.
Por desgracia o por suerte, su presencia nunca resultará
tan turbadora como la de aquellos entrañables “replicantes”
de Blade
Runner. Porque, ¿qué ocurriría
si los robots Spirit
y Opportunity,
que pasean alegres por la superficie de Marte, tuvieran
aspecto humano? Probablemente, el júbilo que demostramos
hacía su labor no sería el mismo. ¿Y
los robots-soldado
que ha enviado Estados Unidos a Irak? Quizá su presencia
resultaría aún más inquietante si tuvieran
apariencia humana.

Hoy por hoy, en algunas tareas sencillas, los androides
pueden sustituir la acción del hombre, sin embargo,
salvo excepciones, aún parecen salidos de la peor
película de Ed
Wood. Sin duda, tras este hecho se esconden algunos
de los miedos que se asociaron a estas máquinas desde
el momento de su aparición. Influida por la ficción,
la humanidad siempre ha fantaseado con el momento en el
que las máquinas se revelen contra su papel de esclavos
y utilicen su fuerza para acabar con sus creadores.
Las Leyes
de la Robótica de Asimov surgen como un intento
de fijar unas garantías capaces de proteger al hombre.
Aparecidas en su novela "Yo,
robot", la industria robótica las adquirió
rápidamente como punto de partida a la hora de crear.
Son las siguientes:
1ª: Un robot no puede dañar
a un ser humano o, a través de su inacción,
permitir que se dañe a un ser humano.
2ª: Un robot debe obedecer las
órdenes dadas por los seres humanos excepto cuando
estén en contra de la Primera Ley.
3ª: Un robot debe proteger su
propia existencia, siempre y cuando no entre en conflicto
con las Primera y Segunda Leyes.
Los robots TALON,
fabricados por la empresa Foster-Miller,
que dentro del programa SWORD
el Pentágono acaba de enviar a Irak,
están diseñados especialmente para contravenir
estas leyes, aunque sean uno de los inventos más
cool del 2004 según la revista Time
tal como muestran con orgullo en la propia Foster-Miller.
Son capaces de disparar 750 balas por minuto y ya han probado
su eficacia en Bosnia, aunque es ahora
cuando se enfrentan a su verdadero bautismo de fuego.
No más tranquilizador resulta Future
Combat System, el programa militar más caro de
la historia que según los propios especialistas de
la US
Army supondrá una transformación total
de las actuales técnicas de combate.
Así, mientras el presidente de Sony,
Nobuyuki Idei, presenta a QRIO
con la sugerente invitación “Let’s
discover the future together”, en Foster-Miller
no parecen interesados en el futuro ni en la fantasía.
Prefieren la cruda realidad: “We
engineer ideas into reality”. También
en iRobot
apuestan por el presente. Su lema “Robots
for the real world” se vuelve inquietante
observando la naturaleza de sus productos. Su gama Consumer
Robotics produce aspiradores inteligentes con sensores
capaces de detectar la suciedad, mientras que su línea
G&I
Robotics (Government & Industrial) produce robots
militares.
En realidad, estos robots diseñados para contravenir
las Leyes de Asimov no suponen una gran novedad ya que,
antes que ellos, muchas máquinas, en mayor o menor
medida inteligentes, han sido diseñadas con la misma
función. Pero sin duda su presencia obliga a revisar
el papel que tomarán los robots en el futuro inmediato
de la humanidad.
¿Romperán también los androides con
las Leyes de Asimov? Parece evidente que, a día de
hoy, nos preocupa menos que una máquina inteligente
pueda hacernos daño que el hecho de que pueda cuestionar
nuestra identidad.
Actualmente las grandes compañías empeñadas
en el desarrollo de androides saben muy bien con qué
sueñan sus creaciones. En Sony son
muy claros: “QRIO's
dreams are limitless. But one is clear to make your life
fun and happy”. Pero, ¿con qué sueñan
los robots-soldado que combaten en Irak?
>Envía esta noticia a
tus amig@s