Telerealidad ¿dónde está el límite?
Inmigrantes ilegales que luchan por conseguir la tarjeta
de residencia, ejecutivos agresivos pugnando por escalar
un peldaño más en la conquista de una pequeña
parcela de poder y hasta una edición en ciernes
de Gran Hermano en Marte. La telerealidad pisa el acelerador
y apuesta por la reconstrucción de un género
en auge donde los formatos más especializados y
lo grotesco triunfan.
En pocos años
la cultura televisiva, la propia naturaleza del formato de entretenimiento
e incluso las expectativas de los espectadores, han sufrido un
giro sin precedentes. La fórmula Big Brother
parece imbatible hasta la fecha. Nació en Holanda de la
mano de la productora Endemol
y conquistó las parrillas del mundo entero derivando en
formatos diferenciados pero con un máximo común
denominador. La realidad, o al menos la que los “grandes
hermanos” representan, vende.
En España Gran
Hermano no solo ha conseguido alcanzar audiencias
de vértigo, sino desarrollar un nuevo concepto
televisivo en el que la práctica totalidad de la
programación de una cadena queda supeditada al desarrollo
del concurso. 12 personas, 100 días y sus dimes y
diretes como epicentro de la parrilla durante más
de tres meses.
Pero la telerealidad suma y sigue y se
enfrenta a una reconstrucción integral que va derivando
en formatos más especializados, donde las pruebas
toman el verdadero protagonismo y dotan al concurso de valores
añadidos, justificando de algún modo su seguimiento.
Eso sí, cada país de forma diferente, a imagen
y semejanza de la idiosincrasia propia de su cultura. Mientras
en Estados Unidos el éxito personal
y sobre todo el profesional son la máxima y en Europa
aún arrolla la fórmula de la convivencia,
en Japón lo grotesco triunfa.
“You are Fired” (estás despedido)
es la frase más temida por los 18 jóvenes ejecutivos
que compiten en The
Apprentice, de la cadena norteamericana NBC.
El premio final: un puesto de trabajo en una las empresas del
famoso magnate americano Donald
Trump, quien además se encarga de evaluar los méritos
de sus aventajados pupilos. Las pruebas van más allá
de lo que el departamento de recursos humanos más excéntrico
pudiera maquinar jamás: vender galletas cual boy scout,
organizar al milímetro la puesta en escena de una estrella
como Diana
Krall o llevar a cabo la organización de un gran evento
benéfico. En España puede seguirse El Aprendiz
a través de People+Arts
en Digital
+.
Estos ambiciosos ejecutivos comparten con The
Contender la fórmula y la propia parrilla de
la NBC. En este reality
18 jóvenes promesas del boxeo compiten entre si para
lograr una carrera profesional a las órdenes del
actor Sylvester
Stallone. Recientemente y después de haber participado
en el programa, Najai Turpin, uno de los
participantes en el show, se
suicidó. ¿El precio del éxito?
Pero la ambición profesional no es la única
que sucumbe al fenómeno. Extreme
Makeover, de la cadena americana ABC,
hace partícipes a sus espectadores de la trasformación
estética integral de los concursantes, operaciones
de cirugía estética incluidas. La metamorfosis
también puede afectar a la casa de los participantes
en la adaptación Extreme
Makeover Home Edition. En The
Biggest Loser, donde tampoco se escatima en cirugía,
el ganador es aquel que más kilos pierde en un tiempo
record.
Y si el reto reside en transformar aquella parcela de sus
vidas que les impide ser felices, habrá quien quiera
incluso cambiar de familia. En Wife
Swap dos mujeres intercambian las suyas durante tres
semanas. En España TVE
tiene su particular versión en el programa Préstame
tu vida, donde el intercambio sólo dura una semana
y el intríngulis reside en intercambiar a dos personas
que representen dos extremos enfrentados: un racista con
un inmigrante musulmán o una virginal beata con una
bailarina de strip tease.
Buscar
pareja en televisión es uno de esos clásicos que
nunca parecen pasar de moda. Una rosa roja sentencia el destino
de los participantes de The
Bachelor (el soltero) y The
Bachelorette (la soltera). Combinando realidad y ficción
a partes iguales, y con el altar como objetivo final, los "singles"
de ambas versiones se citan sucesivamente con varios pretendientes
con la esperanza de encontrar a su media naranja.
La supervivencia en condiciones adversas
es otro de los recursos habituales en este género.
En TheMole,
la isla en la que se desarrolla la aventura es el pretexto,
el verdadero aliciente es encontrar el topo introducido
por la propia organización del programa. Y para supervivencia
sin artificios, la de los concursantes del polémico
¡Gana
la verde!. La cadena local de Los Ángeles KRCA-TV
Channel 62, aprovecha la precaria situación de
los inmigrantes latinos en Estados Unidos para someterles
a pruebas de carácter vejatorio a cambio de ayuda
legal durante un año para conseguir la verde tarjeta
de residencia.
La lista
de programas que comparten la fórmula de la telerealidad
es largísima. En Estados Unidos el éxito
individual sobre el grupo subyace a todos los demás
valores. La competitividad en su más
pura esencia, mentalidad americana 100%.
En Asia la extravagancia manda y roza en
ocasiones los límites de lo sádico. Un habitáculo
de 2 por 2, miles de postales, un bolígrafo y un
teléfono son todo lo que acompaña a Nasubi,
el sufrido protagonista de “Gánate
cada grano de arroz” de la cadena nipona
NTV.
Abandonado a su suerte, desnudo, sin comida y con un único
medio de supervivencia: escribir miles de postales a los
cientos de concursos existentes en Japón hasta alcanzar
una suma en premios de 1 millón de yenes. Durante
el año que duró el encierro, Nasubi
adelgazó hasta el extremo de que los médicos
tuvieron que intervenir para vigilar su estado de salud
en varias ocasiones. Sadismo en vivo y en directo.
Surrealismo en estado puro es el show de Hitozuma
Onsen producida por la cadena TV
Osaka. Un hombre con problemas emocionales acude a la casa
de una mujer casada quien, tras servirle la cena y mostrarle su
ropa interior, le da un baño desnudo. Argumento rico en
matices. Mientras, en el receso del show, varias mujeres desnudas
se enjabonan mientras hablan de sus relaciones maritales. Lo dicho,
surrealismo aderezado con unas leves gotas de erotismo.
Y es que al parecer la infidelidad es un valor en alza para
las productoras niponas. La cadena de televisión
Asahi pone
a prueba a novias supuestamente infieles con atractivos
jóvenes para saciar la curiosidad de sus inseguras
parejas. Otra modalidad interesante: padres que recorren
desesperadamente las calles de Tokio para dar caza y captura
a una novia para sus solteros retoños.
En el viejo continente todavía sobrevive y triunfa
el formato clásico, la convivencia de un grupo humano
heterogéneo convertido en espectáculo amen
de sus enfrentamientos, amoríos y la misma esencia
de las relaciones personales. La clave del éxito:
la empatía e identificación que los espectadores
generan hacia los concursantes.
En España, Tele
5 sigue fiel al originario, aunque a estas alturas poco original,
Gran
Hermano. Seis ediciones a sus espaldas y una buena salud avalada
por la audiencia. Los sucedáneos también triunfan.
Gran
Hermano Vip ya va por su segunda entrega y La
Casa de tu vida, en la que los propios concursantes construyen
la casa que constituye el premio final de concurso, prepara para
primavera el desembarco de su segunda edición en la parrilla
de Telecinco.
Antena
3, siempre a la zaga de la cadena rival en este género,
tiene su propia política: rostros famosos como señuelo.
Es el caso de Aventura
en África, la última entrega de la fórmula
maestra: famosos + condiciones extremas. Desiertos, islas,
junglas y selvas se han ido sucediendo en las diferentes
ediciones de este programa.
La RAI1
italiana también ha echado mano de sus famosos encomendándoles
la gestión integral de un restaurante real en el que los
propios espectadores pueden reservar mesa. En un país en
el que la gastronomía es toda una doctrina y casi dogma
de fe, el ganador de Il
ristorante será quien demuestre “un mayor
sentido de la responsabilidad, del talento, que sea más
emprendedor y que mantenga los criterios de cortesía italianos”.
En el Reino Unido uno de los platos fuertes de la temporada
ha sido la versión británica de La
Selva de los Famosos que ha alcanzado cotas de
audiencia de más de 13
millones de espectadores. En I'm
a Celebrity, Get Me Out of Here! (¡Soy una celebridad,
sacadme de aquí!) los robinsones tienen que enfrentarse
a cocodrilos y serpientes en algunas de las pruebas o comer
algunos de los viscosos manjares que esconde la jungla.
El
mito sobre la excentricidad británica tiene su traducción
también en el género reality. Shattered
producida por Endemol,
exhibe el calvario de doce participantes que compiten por
permanecer despiertos durante siete días. La suculenta
recompensa al insomnio forzoso: 100.000 libras esterlinas.
Aunque la gran mayoría de productos que derivan de
este formato pecan de banales y adolecen de objetivos concretos,
la fórmula podría reconducirse hacia fines
más constructivos. El canal mejicano de televisión
TNT
abandera esta vía con el show Proyecto
48. El argumento: la grabación de un
corto en 48 horas y todos los problemas que envuelven
el rodaje. El premio para el equipo ganador consiste en
la exhibición del corto en la última emisión
del programa.
Este es el presente de un género que, después de
haber consolidado la fórmula del éxito, avanza hacia
formatos diferenciados. Una vez superada una primera etapa en
la que los valores
de estos concursos se han puesto continuamente en tela de juicio
nos encontramos en otra fase, la exploración de
un mercado abierto. ¿El futuro? De momento y antes
de 2015, la falta de liquidez de la estación espacial rusa
podría hacer posible un Gran
Hermano en Marte. Seis astronautas profesionales y tres años
de emisión maratoniana que financiarían la costosísima
primera misión tripulada al planeta rojo.
Y para emisiones de largo alcance, la que prepara Endemol
en un pueblo alemán. A imagen y semejanza del cinematográfico
Show de Truman, Gran
Hermano - El Pueblo representa una novedad esencial
dentro del formato reality, en principio la emisión
será de carácter indefinido.
Los participantes, escogidos de entre un casting
de 26.000 personas, vivirán en un pueblo
de 15.000 metros cuadrados en el que se espera
que desarrollen una vida plena vigilados durante las 24
horas.
Sin embargo persiste el riesgo de perder la perspectiva de lo
que en definitiva debería ser un formato de entretenimiento.
El británico Channel
4 emitirá próximamente Guantanamo
Guidebook, un reality basado en
las torturas y aberraciones practicadas en la base americana en
Cuba. La cadena, de carácter público, acondicionará
con jaulas un almacén londinense en donde se reproducirán
las humillantes prácticas de Guantánamo:
torturas reiteradas, privación de sueño, vejaciones
sexuales y religiosas etc. Esta cadena, abonada a la controversia,
ya ha llevado a cabo experimentos televisivos que rayan los límites
del respeto por la dignidad humana, como la emisión
en directo de una autopsia a un cadáver humano.
Previsiblemente será la audiencia soberana, la tiranía
de los shares y las cuotas de pantalla,
quien establezcan las fronteras de lo lícito en un
género, que por su propia naturaleza, no parece tener
límites ni restricciones.
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