El negocio del miedo
El siglo XXI ha nacido marcado por el miedo. Miedo a
todo y de todos. Guerras, atentados terroristas, catástrofes
naturales… Los más pesimistas están
de enhorabuena viendo cómo se cumplen sus peores
predicciones. Esta sensación de miedo y desprotección
para muchos puede resultar extremadamente rentable.
Vivimos un nuevo milenarismo. La idea no es nueva. En 1972,
Umberto Eco en su libro
La estrategia
de la ilusión anunciaba cómo nos
dirigimos hacia una
“Nueva Edad Media”,
un tiempo oscuro marcado por miedos apocalípticos.
Han pasado más de treinta años y a pesar de
haber asistido al fin de la amenaza nuclear, seguimos conviviendo
con el miedo. El reforzamiento de los
integrismos
religiosos y los
nacionalismos
o la amenaza de
hambrunas,
cambios
climáticos y
pandemias
son sólo algunos de los elementos que avalan la hipótesis
de Eco.
La aparición de las Nuevas Tecnologías de
la Información, no han contribuido a tranquilizarnos.
Su capacidad para transmitir información en tiempo
real nos ha convertido en testigos privilegiados del horror.
Asistimos a los atentados del
11-S y a
las inundaciones de
New Orleans en riguroso
directo, con la misma actitud de quien asiste al estreno
de una superproducción plagada de efectos especiales.
Vivimos en un presente continuo. Las imágenes de
los
atentados en el metro de Londres estaban
disponibles en la red tan sólo unos
minutos
después de las explosiones. Los ciudadanos con
las cámaras de sus móviles se convirtieron
en improvisados corresponsales de guerra. Cualquiera puede,
en cualquier momento, ser testigo del horror.
Animadas por este fenómeno han surgido empresas como
Celljournalist
o
SpyMedia,
que han creado los primeros bancos de imágenes de
fotógrafos amateurs, donde cualquiera puede colgar
sus imágenes y recibir dinero por ellas si son publicadas.
El miedo convive entre nosotros. Lo hemos interiorizado
y es un negocio rentable. Vende. Y vende tanto, que las
empresas están utilizando el miedo para mejorar sus
ventas. En el imprescindible artículo
Cómo
rentabilizar el miedo, de la
Gazetta
de Manffata, se habla de cómo el miedo es un
factor determinante en la toma de decisiones y de cómo
puede ser rentabilizado.
SAFE: Desing Takes on Risk
A tan sólo unas manzanas de la Zona Cero, el
MOMA
ha inaugurado la exposición
Safe:
Design takes on risk. La exposición estaba programada
para 2001, pero el 11-S obligó a posponerla.
La muestra presenta más de
300 objetos
diseñados para protegernos, para responder a las
emergencias y sobre todo para proporcionarnos seguridad.
Se trata de objetos de apariencia deslumbrante que exploran
el cruce de caminos entre el arte y el miedo.
Aunque en la mayoría de los casos se trata de objetos
destinados a socorrernos, lo cierto es que tras su diseño
retratan un mundo aterrador. Muchos de los objetos expuestos
presentan una curiosa inadecuación entre forma y
función y bajo una apariencia
“soft”,
su finalidad es fatalmente
“hard”.
En la exposición encontramos objetos como la
paraSITE
Homeless Shelter, tienda de campaña para
indigentes que aprovecha la energía de su entorno
a través de un sencillo sistema de ventilación;
los
Therapeuthic Collection, de
Mathieu
Lehanneur, que humanizan los fármacos con
los que muchas personas conviven o la
Tsunami Hazard
Zone, creada para señalizar zonas con riesgo
de tsunamis.
Cada ciudadano israelí es provisto por su gobierno
de un
kit de supervivencia que incluye
una máscara antigás. Quizás debido
a ello, los objetos diseñados por los estudiantes
de la
Academy
of Art and Design Bezalel de Israel, son algunos de
los más interesantes de la exposición. Destaca
su colección de máscaras antigás para
todas las edades y condición.
Entre los objetos más llamativos, se encuentran la
Heart
to Heart from the Sweet Dreams Segurity Series, resistente
cadena de hierro cuyos eslabones tiene forma de corazón;
la
Mr
Smish and Madame Buttly, alambrada de espino con cuchillas
en forma de inocente mariposa o la verja
Meter
Pin, R. Bunnit and Didoo cuyos barrotes están
rematados con puntiagudas siluetas de pingüinos y conejitos.
Objetos impecables, bonitos e insólitos que subliman
nuestro miedo y nos permiten convivir con él.
Pandemias
La tendencia a estetizar el miedo alcanzó uno de
sus momentos álgidos con la aparición del
SARS.
Las
mascarillas de diseño que lucían
entonces las ejecutivas japonesas constituyen una auténtico
emblema de nuestro tiempo. Pocas veces se había puesto
tan de manifiesto la capacidad de las marcas no sólo
para reforzar nuestra identidad, sino para convertirse en
auténticos talismanes capaces de ahuyentar nuestros
miedos.
¡Nada hay que temer si Louis
Vuitton nos protege!.
Y es que sin duda, el miedo al dolor y a la enfermedad ocupa
un lugar preferente entre los grandes miedos contemporáneos.
En una sociedad hedonista y marcada por la inmediatez nuestra
capacidad para soportar el dolor es cada vez menor.
La salud es entendida como un estado de plenitud total con
frecuencia asociado a la
juventud y la
belleza. De este modo, los procesos vitales
básicos tienden a presentarse como patologías,
lo que sin duda repercute en mayores beneficios de las empresas
relacionadas con la salud.
El periodista
Jörg
Blech en su libro
Los
inventores de enfermedades denuncia las prácticas
abusivas de los consorcios que medicalizan la vida y patrocinan
la invención de enfermedades con un único
fin: abrir nuevos mercados para sus productos. Según
Blech los inventores de enfermedades obtienen
su dinero gracias a personas sanas a las que convencen de
que están enfermas. Contratan a profesionales de
la comunicación y de la medicina que nos hablan del
peligro de estas enfermedades y después nos ofrecen
la solución milagrosa que por lo general no es barata.
En este contexto, la anunciada
Pandemia
de Gripe Aviaria, se ha convertido en una magnífica
oportunidad de
negocio.
Mientras, los países desarrollados agotan las existencias
de antivirales aun a costa de dejar a los países
de riesgo sin
capacidad
de protección.
Terror Global
El terrorismo se ha convertido en el gran protagonista de
este comienzo de siglo. Su carácter indeterminado
y viral nos sitúa ante una amenaza abstracta que
puede materializarse en cualquier lugar y en cualquier momento.
Todos somos sospechosos. Cualquiera cargado con una mochila
puede ser un terrorista.
Como consecuencia, vivimos en un mundo cada vez más
obsesionado con la seguridad, la vigilancia y el control
de la información.
Como no podía ser de otra forma, Estados Unidos lidera
este movimiento.
Echelon
es la mayor red de espionaje y análisis de comunicaciones
del mundo, capaz de interceptar más de tres mil millones
de comunicaciones cada día.
El sistema analiza más del
90 %
del tráfico de Internet mediante diversos filtros
que buscan palabras clave. Sin ninguna duda, esta noticia
ha sido analizada por
Echelon.
Con menor alcance, otros muchos sistemas de vigilancia
y control están apareciendo amparados en nuestro
miedo. Por ejemplo, el Departamento de Policía
de Richmond ha desarrollado un software
para prevenir futuros crímenes a partir de patrones
de conducta preestablecidos, similar al que aparece en
la película Minority
Report.
Los pasaportes estadounidenses llevarán a partir
de 2006 un chip
RFID similar al que actualmente se instala en perros
y gatos. En España, el
DNI electrónico llegará también
en 2006. Actualmente ya es posible implantarse un chip
intradérmico que nos permita por ejemplo, estar
permanentemente localizados o acceder a nuestro ordenador
sin más que acercarnos a él.
Los controles de seguridad en aeropuertos y otros espacios
públicos se han visto reforzados mediante todo
tipo de detectores.
El GK-1,
desarrollado por científicos israelíes,
es un detector de mentiras capaz de saber tan sólo
con una respuesta si una persona está mintiendo.
Rápido y fiable.
Toshiba
lanzará próximamente un sistema de
reconocimiento
de rostros, mucho más rápido y fiable
que los actuales, capaz de reconocer a cualquier persona
a una distancia de tres metros, incluso bajo condiciones
de poca luminosidad.
Nexidia
ha creado
Language
ID, una herramienta capaz de traducir conversaciones
de forma automática y que identifica, no sólo
los idiomas, sino también dialectos.
En la lucha contra el terrorismo, no se escatiman recursos.
Muy pronto, los míticos
Humvees
contarán con un nuevo compañero de correrías:
el automóvil de combate
Smartruck
III, capaz de neutralizar ataques biológicos
y químicos. Entre sus cualidades se encuentra la
capacidad para destruir misiles dirigidos contra él.
Sin duda, el incremento en las ventas de
grandes
todoterrenos (SUV), auténticos tanques domésticos,
puede interpretarse en relacion a esta tendencia. Sin embargo,
el aumento del precio del carburante ha provocado el repentino
final de esta moda.
Pero sin duda, una de las características más
llamativas del nuevo terrorismo global es su carácter
mediático. En un contexto teatralizado, marcado por
el sentido de la
puesta en escena y la
fotogenia, la violencia terrorista es tanto
más eficaz cuando supone un buen espectáculo
televisivo.
El terrorismo es muy consciente de esto y también
de la fascinación que nos produce el horror. Las
decapitaciones filmadas y distribuidas por la red, auténticas
snuff-movies, poseen un efecto multiplicador
del miedo evidentemente calculado. Sin duda, junto a las
imágenes de las torturas en
Abu
Graib, constituyen unos de los documentos más
escalofriantes de nuestro tiempo.
Apocalypse Now
En muy poco tiempo se han sucedido una serie de desastres
naturales que han contribuido a crear una gran sensación
de inseguridad.
Huracanes, terremotos, tsunami... es difícil hacer
un análisis global de fenómenos tan diferentes,
aunque no falta quien interpreta estas catástrofes
como las primeras consecuencias del anunciado cambio
climático. Por supuesto, también
hay quien asegura que no se trata más que de una
desafortunada mala racha.
Sin duda, en nuestra percepción de estos acontecimientos
ha contribuido el hecho de que al igual que en los últimos
atentados terroristas, las imágenes se nos han
servido crudas y en toda su magnitud.
En el caso del huracán Katrina,
precisamente las imágenes han adquirido un valor
muy especial, ya que además de poner de manifiesto
las dimensiones reales de la tragedia, las imágenes
ofrecidas por el popular Google
Maps permitieron a los ciudadanos de New Orleans
conocer la situación real de la ciudad y valorar
el estado de sus viviendas tras el desastre.
Como consecuencia de este aluvión de desastres
ha aumentado el interés por los kits de
supervivencia y los equipamientos para
emergencias. El Lifestraw
es un pequeño depurador de agua en forma de tubo
que la purifica cuando succionamos a través de
él. Dura 1 año y tiene un coste de fabricación
de sólo 2 euros. Aqualoop
es un contenedor ergonómico de agua que con una
válvula especial reduce el riesgo de contaminación.
La Water-Purifying
Tent es una tienda de campaña que además
purifica el agua de la lluvia para hacerla potable. A
través de La
Coctelera, nos llega la información del kit
de emergencias para terremotos, de Muji,
que puede convertir a su propietario en el más
cool del campo de refugiados.
Japón, debido a su situación geográfica,
ha sido víctima de muchos desastres naturales.
El terremoto de Kobe en 1995 sensibilizó
a la población japonesa sobre los desastres naturales
y agudizó el ingenio para dar soluciones a la falta
de vivienda. Las casas
de tubos de cartón creadas por Shigeru
Ban permitieron dar techo a algunas de las 300.000
personas que se quedaron sin hogar. Empleadas además
en los terremotos de 1999 en Turquía
y en 2001 en India, incluso se construyeron
iglesias con este material. Su bajo precio, su sencillo
montaje y su resistencia han convertido estás viviendas
en un clásico de la arquitectura contemporánea.
Un mundo transparente
Una de las consecuencias de nuestro miedo es la obsesión
por los sistemas de vigilancia. Cualquiera que
haya visto en Google
Earth el tejado de su casa ha tenido la sensación
de vivir en un mundo muy, muy pequeño, en el que
cada detalle de nuestra vida puede ser observado.
Para el control del hogar, el mercado dispone de una amplia
oferta de cámaras
de vigilancia remota con las que cada parte de la casa
podrá ser visualizada a través de la red.
Todo puede ser grabado con la Tony
Hawk HelmetCam, que se ata al cuerpo o con la Ronin's
Espionage Jacket, chaqueta que lleva integrada una
cámara digital personalizada.
Pero un paso más allá de estos sistemas
de vigilancia, muy pronto nuestras cámaras fotográficas
contarán con capacidad suficiente como para captar
los detalles más indiscretos. El Gigapxl
Project pretende retratar nuestro entorno con un nivel
de precisión nunca antes alcanzado. Mediante su
cámara de 4
gigapixels es posible fotografiar con toda nitidez
lo que ocurre en una habitación a tres kilómetros
de distancia. La información llega vía Elástico.
El ID
Sniper es un rifle de largo alcance equipado con una
cámara de alta resolución que no dispara
balas sino un dispositivo GPS, que sin
producir el menor daño en el blanco, permite el
seguimiento de sus movimientos durante 24 horas. Algo
más contundente es la pistola Taser
X26c , una auténtica pistola de rayos
paralizantes, capaz de bloquear durante 10 segundos
el sistema nervioso de aquel a quien se dispara.
Ion-kids
es un dispositivo que permite saber en todo momento dónde
están nuestros hijos. Se coloca en la muñeca
de los pequeños y nos permite saber dónde
se encuentran sin más que apretar un botón.

Para niñas un poco más creciditas, Forget
me not panties es una braguita con un dispositivo
que emite una señal que se envía vía
satélite a una PDA, móvil o PC permitiéndonos
conocer el paradero de su propietaria (o al menos el de
sus bragas) así como su temperatura corporal e
incluso sus pulsaciones.
Pero, no te fíes de las apariencias. Las braguitas
tienen truco... Al intentar comprarlas en la web aparece
un mensaje del pantyraiders.org,
un grupo de activistas que a través de la falsa
web intentan poner de manifiesto nuestra capacidad para
asumir las propuestas más absurdas. Las bragas
GPS fueron demandadas por más
de 600.000 personas en 3 semanas.
También parece de broma Juju
, un dispositivo de vigilancia que permite poner en contacto
al Ministry of Homeland con los más
jóvenes. Se trata de una cámara digital
que permite fotografiar cualquier actividad sospechosa
y enviar la imagen directamente a la central del Ministerio.
Si la información es de utilidad, el colaborador
recibe un mensaje de felicitación. Para explicar
su funcionamiento, el fabricante nos ofrece un cómic
en el que un chico rubio capta las actividades de un “moreno”
de lo más sospechoso. Digno de ver. La información
llega también a través de Elástico.
Paranoia
El miedo crónico pronto puede convertirse en
psicosis y derivar en comportamientos extravagantes.
Actualmente en la red es posible encontrar refugios
nucleares de todo tipo. Empresas como Alpine
Survival , lo transportan hasta tu casa en un camión
y lo instalan en el jardín como si fuera una barbacoa.
Design
for Fragile personalities in Anxious Time construye
objetos que intentan ayudar a los que se encuentran al
borde del pánico. Si estamos tan asustados que
deseamos que literalmente nos trague la tierra, el Hide
Away Furniture puede ayudarnos. Se trata de un miniespacio
camuflado en el suelo con la capacidad suficiente para
ocultar a una persona. De la misma serie, el Huggable
Mushroom, un peluche con forma de hongo nuclear aliviará
a aquellos que necesitan abrazar su fobia.
Menos sofisticada, pero también efectiva es la
mesilla de noche Safe
Bedside Table cuyo pie es un contundente bate de béisbol
y el tablero, un escudo que puede ser usado para repeler
ataques nocturnos.
Pero si esto no resulta, siempre se puede recurrir a verjas
y alambradas. La diseñada por Demakersvan
además de ser muy resistente tiene un diseño
muy cuidado. Casi una obra de arte.
Si tu particular obsesión es que alguien pueda
añadir sustancias psicotrópicas a tu bebida,
puedes recurrir al DR1
Drink Safe Personal Test Kit. Del tamaño de
una tarjeta de crédito, tan sólo hay que
verter sobre él un poco de bebida y observar si
cambia de color. Tan sencillo como un Predictor.
Pero si ni teniendo un detector de armas, un refugio nuclear,
un kit de supervivencia, cámaras de seguridad por
todas partes, la braguita con ondas, el rayo paralizador,
el potabilizador de agua y toda la tecnología a
nuestro alcance, logramos sentirnos a salvo, siempre queda
rezar a la USB
Saint que seguro que no falla.