Posporno
En Flylosophy
pensamos que nuestros lectores tenéis mucho que
contar. Por eso, queremos abrir este proyecto a vuestra
participación, a vuestra colaboración.
En esta ocasión, Raquel Traba de Los
Placeres de Lola, nos habla acerca del Posporno, porno
hecho por y para mujeres. Una tendencia que cuestiona
muchos de los roles tradicionales en torno al uso y disfrute
del sexo y que estamos seguros que va a dar mucho que
hablar.
La pornografía es un género con muy mala
fama que mueve miles de millones y que ha visto aumentar
sus límites a través de Internet de una
manera próspera y brutal. En este vilipendiado
arte, las mujeres han ocupado históricamente un
lugar de escaso privilegio como cuerpos expuestos a la
acción delante de las cámaras, sabiéndose
producto provocador de erecciones. Para este sencillo
cometido no tenían más que dar los buenos
días y a la toma siguiente ya estaban aplastadas
encima de una mesa siendo penetradas con ahínco
por el actor de turno.
No hay ni que mencionar que los productores y los consumidores
de esta mercancía son hombres heterosexuales, el
porno gay es harina de otro costal, con
lo que las mujeres no encuentran ninguna representación
aceptable de su deseo. Por otro lado, el porno como escuela
privada del “buen follar”
ha hecho destrozos importantísimos en el imaginario
colectivo de cómo debe gozar una mujer y cuál
es su papel al lado (o mejor debajo) de su amante masculino.

Una de las primeras artistas en acuñar públicamente
el término
Posporno fue
Annie
Sprinkle. Como ella misma se define, de prostituta y
porno estrella pasó a artista performativa y sexóloga.
Annie deslumbra con su porno vital, positivo y divertido.
A lo largo de su carrera como porno star ella hace política
directa que se confronta con el porno tradicional, habla
de la eyaculación femenina, del poder del placer,
de la autonomía de la vagina (y de su fisonomía
ver:
“Public Cervix Announcement”),
de la necesidad de un porno libre de ETS’s.
Por la misma época nace en Estados Unidos la productora
Femme Productions que entre otras, tenía
como fundadora a la bella
Candida
Royalle. C. Royalle es hoy en día una próspera
empresaria que dirige cine porno y fabrica vibradores adaptados
al contorno femenino:
natural
contours (disponibles en
Los
Placeres de Lola). Complementa a
Annie Sprinkle
abarcando otro campo a reflejar con sus películas,
filma porno que ella misma denomina
“porno
para parejas”, heterosexuales, creando nuevos
modelos de comportamiento sexual desde la satisfacción
del placer femenino. Con unas portadas horrendas al estilo
Corín Tellado crea atmósferas
de erotismo y seducción un tanto cursis que enseñan
a los hombres a hacer bien el amor con una mujer.
No obstante, el porno siempre ha tenido una beligerancia
dura de lidiar en la corriente feminista antiporno. Con
Andrea
Dworkin a la cabeza. La pornografía era acusada,
no sin razón claro, de ser una muestra de la radicalidad
de la violencia contra las mujeres, puesto todo esto de
manifiesto en 1981 en su obra
Pornografía:
los hombres poseen a las mujeres. Las mujeres
aparecen subyugadas y humilladas, explotadas y retratando
una esperpéntica para-realidad de lo que el sexo
debe representar para ellas. Hasta este punto todas estamos
de acuerdo, la ruptura irrumpe más adelante cuando
aparecen figuras como la mencionada
Annie Sprinkle
o tantas otras que han declarado su oposición a
esta pornografía decadente y mentirosa para reivindicar
desde la acción otra forma de hacer porno.
En este punto la postura feminista al respecto se divide
en dos: feministas anti-pornografía como las
Women
Against Pornography (WAP) y las
sex-possitive
feminist, y de esto hasta nuestros días.
En España al no haber una producción de
pornografía elaborada por mujeres la caja de Pandora
no se ha abierto aún, no olvidemos que todas estas
posturas encontradas se contextúan en un país
en el que la elaboración de material pornográfico
de todo tipo está a la cabeza del mundo
En España no existe una cultura del porno, género
que fue interrumpido casi al mismo tiempo de nacer con la
Ley Miró y aunque a principios de los 90 comienzan
a surgir nuevas productoras y títulos, el porno de
mujeres se puede decir que no ha existido. A esto hay algunas
excepciones que apuntar, como la directora
Maria
Bianco que filma en 1997
“Maria Bianco,
directora de porno” o
Sandra Uve
con su última cinta
"616 DF: El diablo
español vs las Luchadoras del Este".
En este film,
Sandra Uve nos presenta
una trama de una absurdez buscada, en la que el secuestro
de unas
riot girls punkis desencadena
una oleada de polvos chico-chica que no innova mucho en
lo que se refiere a la acción sexual pero sí
lo hace en la estética y en la presentación
de unas figuras masculinas bobas y viriles, y desde luego
en que el producto sea creación de una mujer española,
de treinta y pocos y distribuido por
IFG.
Aún así dentro de los movimientos feministas
españoles se escuchan opiniones muy encontradas
en torno a este tema, si bien la cuestión debería
recaer en si una vez suprimidos todos los códigos
de representación machista la pornografía
debe seguir considerándose un bastión de
humillación hacia las mujeres.
La pornografía hecha por lesbianas y para lesbianas
no introduce de ningún modo la figura masculina
de sometimiento.
En este subgénero del porno, la
pornografía
bollo o la
pornografía queer,
se sustrae al tradicional de lo que esencialmente lo ha
caracterizado para convertirlo en una reproducción
de un deseo hasta el momento inexistente en la pantalla.
Otra forma de mirar, de ser vista, de calentar y de inspirar.
Aparece la desgenitalización del producto, puedes
ver una película como
“Dominatrix
Waitrix” durante la cual no verás
un coño en 40 de los 44 minutos del metraje. Los
roles, obviamente, están subvertidos entrando en
la subcultura bollo de lleno, se hacen títulos para
el gusto
butch/femme,
butch/butch,
femme/femme.
Se introducen juguetes de clara preferencia lésbica,
arneses y dildos con toda la lectura política que
estos tienen, y la polémica también.
Se publicitan con los reclamos
“sexo lésbico
real” en contraposición a los numeritos
lésbicos de dos rubias siliconadas al gusto masculino-heterosexual
que prácticamente reducen un buen y estimulante sexo
oral a unos ligerísimos besitos sobre la vulva.
En fin, crean una nueva idiosincrasia que desvirtúa
absolutamente la pornografía hegemónica,
redibujan el uso de los cuerpos y resignifican las diferencias
sexuales .
En este género hay una diversidad de producción
por lo menos esperanzadora aunque no numerosa.
Fatale
Media es una de las empresas que mejor y mayor producción
lleva teniendo desde 1985.
Nan Kinney,
presidenta de
Fatale Media y productora
de
Fatale Videos, es cofundadora de la
revista porno-lésbica
On
our backs que se publica desde entonces en Estados Unidos.
Fatale ofrece una perspectiva histórica
de la evolución del género desde sus primeros
títulos como
“Hungry Hearts”
a sus últimas producciones
“Take her
down!” o
“Dominatrix Waitrix”.
“Dominatrix
Waitrix” se incorpora como un nuevo género
dentro del subgénero denominándose a sí
mismo
porno queer de ciencia ficción,
y para Nan Kinney:
“is great indie porn: campy,
queer, kinky and hot!”. Entre sus títulos
encontramos un género que en España no es
nada usual, quitando alguna excepción nada reseñable
de ego-tantra o alguna guía de
“cómo
rodar un video porno” o
“cómo
dar el mejor masaje a tu pareja”. Me refiero
a las guías didácticas de temas tan interesantes
como la eyaculación femenina o el sexo anal para
hombres heterosexuales.
Como porno elegantísimo y de interesante producción
encontramos a
Maria
Beatty. Películas bellas que nos enseñan
el arte del spanking y del bondage. Altamente recomendable.
Maria Beatty te seduce sin palabras en
“Ecstasy
in Berlin. 1926”, lo cual puede resultar
de bastante ayuda a las observadoras que no hablan inglés,
por que eso sí es un requisito para disfrutar de
todo el porno lésbico que por el momento se comercializa.
Desde luego no perdemos la esperanza de que alguien incursione
desde dentro en el mercado español, y aunque suene
inverosímil, en este país los cambios siempre
suceden “de repente” así que no descartamos
que chicas como las de
girls
who like porno , cualquier día de estos se decidan
a sacar algún trabajo.
Una novedad que hemos traído a
Los
placeres de Lola es la peli
“Joanna’s
Angels” de
Jojo de
Burning
Angels. Es una de esas pequeñas joyitas que encuentras
después de mucho buscar.
Neo porno
donde ella se lo guisa y ella se lo come, que viene a ser
la tónica dentro de este maravilloso mundo del posporno.
Lo que más sorprende de esta cinta es la juventud
de la directora y las actrices y actores, la estética
moderna que lo acerca a un público más joven
que se identifica fácilmente con los personajes que
está viendo y la actitud incuestionablemente valiente
que luce
Jojo. Desde Nueva York con amor.
En Estados Unidos podría enumerar una decena de proyectos
más humildes que el de
Joanna’s Angels
pero igualmente muy interesantes, filmados y distribuidos
en video posibilitan así que sean conocidos por más
gente, a la espera de presupuesto para mejores producciones
en lo que a calidad técnica se refiere.
A este lado del charco encontramos alguna cosa interesante
de producción británica, como la película
de
Angie Dowling “Madame
and Eve”, en la que se recrea una atmósfera
futurista de porno-ficción. Es una película
perfecta para las amantes de los dildos, el látex
y los juguetes eróticos donde se da una lectura maravillosa
y desnaturalizada de los conceptos de penetración
y estimulación.
Como se ha visto hasta este momento, el posporno es un género
íntimamente ligado a la producción queer,
entre otras muchas cosas porque resulta más pleno
crear un nuevo lenguaje pornográfico cuando se desvincula
la acción de los personajes masculinos, reitero,
entre otras muchas cosas. A esto desde luego, caben excepciones
como algunas de las nombradas, o,
“Fóllame”
de
Virginia Despentes o el aclamado
Bruce Labruce.
Otra sorprendente característica del posporno más
o menos experimental es la ruptura de los prototipos estéticos
imperantes en el cine porno tradicional o en otros pornos
lésbicos más asimilados al sistema estético
como
Erocktavision.
Las mujeres tienen el pelo rapado o largo, miden 1,60 o
1,85, pesan 100 kg. o 45, llevan tatuajes o no, piercings
o no, tienen más pecho o menos, depiladas o con vello…
en fin, se paladean bellezas diferentes que encienden los
morbos más variopintos pero desde luego visibilizan
a un colectivo que ama estas y otras estéticas
El posporno está en crecimiento, eso es indudable.
Las mujeres consumimos pornografía y exigimos que
nos represente como sujetos creadores y no como objetos
pasivos. Así que vayan dejando hueco en los festivales
y certámenes que nuestro porno toma lugar.
Raquel Traba
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