El bar como terapía
¿Bares para beber alcohol, bailar y escuchar
música?, ¿para charlar con los amigos después
del trabajo o desayunar?… Qué poco original.
Actividades como inhalar oxígeno, tomar un té
recién traído de China, relajarse haciendo
punto, llorar rodeado de otros llorones, dormir la siesta
o leer un libro son opciones a tener en cuenta a la hora
de elegir el bar donde pasar el rato y además,
hacer terapia.
Hasta hace muy poco, en cualquier revista de ocio, las
clasificaciones de los bares tenían poca variedad.
Se encontraban pubs, cafeterías, cervecerías,
tabernas, bares de noche, con espectáculo, de striptease
y en algunos casos había un apartado para gays
y lesbianas.
Ahora la variedad ha aumentado mucho. Sin duda, tras esta
tendencia reside un cambio profundo en nuestros comportamientos
sociales. Un ejemplo de esto sería nuestra relación
con el tabaco. De hecho, en España,
la influencia de la nueva ley antitabaco,
que limita la posibilidad de fumar en bares y locales
públicos, ha provocado una revisión del
sector.
Si en principio se pensó que su aplicación
sería catastrófica y muchas asociaciones de
fumadores hablaron de más de un 20% de perdidas,
datos
oficiales muestran que el negocio en los bares se ha
mantenido e incluso mejorado.
Esto puede deberse a que la gente, lejos de dejar de visitar
los bares, ha encontrado en ellos espacio para otras actividades
lúdicas, saludables y terapéuticas. Se ha
dicho adiós a los bares únicamente para beber
y fumar; ahora en el bar los
“parroquianos”
se cuidan, se cultivan, se relajan, practican hobbies, toman
productos beneficiosos para la salud y se relacionan entre
ellos de forma natural.
La especialización ha aumentado y hay bares dedicados
casi exclusivamente a un tipo de productos. Claro que eso
ya existía, coctelerías, cafeterías,
bares de vinos, pero ahora la oferta de algunos locales
de moda es casi monotemática y mucho más exquisita.
Los
bares
de agua son una tendencia que se está empezando
a ver en grandes ciudades. Relacionado con todo lo natural,
ecológico y saludable,
Water
Bar Chez Colette de
París ofrece
más de 80 tipos de agua de todo el mundo. En
Australia,
Japón
y
Estados
Unidos se imponen cada vez con más fuerza y bajo
su tutela aparecen los primeros
cursos de cata de
aguas.
En una línea similar, los
bares
de oxígeno han aprovechado también la
moda de lo natural y espiritual. En ellos lo que se consume
es la inhalación de un compuesto de oxígeno
puro con un
aroma
a elegir. Hay una gran variedad: aromas cítricos,
de violeta, naranja, rosa, cilantro o clavo. Se trata de
consumir la
ilusión
de energía, vitalidad y salud. Están muy extendidos
en
Estados
Unidos y
Japón,
pero los hay por todo el mundo. El
2202 Oxygen Bar
de
San Francisco ofrece además un
tratamiento facial de oxígeno para combatir los efectos
de la contaminación en las grandes ciudades.
Aunque ya tuvieron su momento, vuelven con fuerzas renovadas
los
bares
de té. En ellos se pueden disfrutar especialidades
traídas de remotos lugares del mundo, indicados para
distintos estados de ánimo.
Franchia
es buen ejemplo de estos locales.
Ten
Ren Tea está especializado en tés chinos
como el
Pearl, el
Tapioca
o el
Bubble Tea. Su local, ubicado en
Chinatown,
junto al
Soho de
Nueva York,
es frecuentado por
famosos
enganchados a su consumo.
Algo similar está pasando con el
chocolate.
Cada vez hay más bares especializados en su consumo,
como el
Chocolate Bar de
New York
o el
Lindt
Concept Store & Café donde se pueden degustar
todas las especialidades de la marca
Lindt.
Consumir aire, pero esta vez de un puro o cigarro, también
puede tener un efecto beneficioso, al menos para el espíritu,
sobre todo si se sabe apreciar la calidad de lo que se está
fumando y si se hace en un ambiente relajado, con buena
música, disfrutando de una copa de brandy con un
libro o periódico en la mano.
Los
cigar
bar están resurgiendo por todo el mundo. Son
sofisticados y acogedores y lo envuelven todo en una nube
de humo que invita a la meditación y el sosiego.
Más que bares se podría hablar de clubes.
Muchos se encuentran en hoteles de lujo, como el
New
York Palace de
Budapest. Uno de los
más representativos es el
Grand
Havana Room que cuenta con sucursales en
New
York y
Beverly Hills. Si contamos
con que
fumar
puros se está
poniendo
de moda entre los jóvenes, pronto habrá
un auge espectacular de los
cigar bars
con una estética más juvenil y moderna.
Hay otras maneras de cuidar el cuerpo en los bares: a través
del relax. Con la excusa de tomar una bebida o degustar
una cena, se puede acudir a espacios donde las mesas y sillas
han sido sustituidas por camas. Son tan acogedores y con
una música tan relajante que no es de extrañar
que los visitantes sucumban a la posición horizontal.
En el
Bed
Supperclub de
Bangkok se desconecta
de la atmósfera estresante de la ciudad reclinado
en unos mullidos cojines, con música relajante y
películas mudas. El mismo concepto, próximo
al de
chill out, se da en el
Bed
New York. En su terraza hay grandes divanes donde degustar
comida sana en una atmósfera relajante con maravillosas
vistas de
Manhattan. También podemos
encontrarlos en
Londres.
Si hay alguien que para dormir necesita no tener nada de
luz, el
Bar in de Dark, de la exposición
Dialogue
In The Dark, nos ofrece la posibilidad de saber lo que
se siente al ser ciego. Han quitado absolutamente toda la
luz y se bebe y se habla con los demás en completa
oscuridad.
Para los que sufren añoranza de su más tierna
infancia, en el
Babyland
de
Londres tratan a todos los clientes
como a niños pequeños mientras se cena o se
toma una copa. Lo único que no está permitido
es la entrada de niños de verdad.
Para hipocondríacos lo mejor es ir al
Barmacy
de
New York. La decoración te transporta
a una farmacia kitsch. Las paredes están llenas de
medicamentos y pócimas y las bebidas son suministradas,
como si de medicinas se tratasen, por camareras uniformadas
de enfermeras.
Si lo que se tiene son ganas de exteriorizar la tristeza
llorando a moco tendido, hay que ir al
Cry
Bar de
Xian, donde por 50 yuanes la
hora se pueden desahogar sin ninguna vergüenza. Aunque
el sitio no tiene nada de especial, el cliente encontrará
música triste y una serie de ingredientes para facilitar
el lloro: cebollas, pañuelos de papel, pimienta,
mentol, etc. Bien sabe el dueño que no hay nada como
beber unas cervezas y echar unas lágrimas para quitarse
el estrés diario .
Otra terapia contra el estrés es la que nos ofrece
el
Isdaan
de
Manila, un local donde comer y, además,
combatir las frustraciones tirando platos a un muro. Esta
terapia puede ser un sustituto del psicólogo o, por
lo menos, una buena manera de relajarse. Aquí venden
los platos y sólo hay que pensar en el jefe, los
niños, los vecinos o la pareja y lanzarlos con todas
las fuerzas contra el
“muro de la furia”.
A los
knitting
cafes acuden legiones de aficionados para tomar un café
o un relajante té y tejer en compañía.
No son locales sólo para mujeres; muchos hombres
e incluso niños son asiduos. Además se imparten
cursos para los no iniciados y se puede comprar el material
necesario para su práctica.
The
Point NYC o
Knit
son muy populares en
New York. Desde
Estados
Unidos se están extendiendo al resto del mundo.
A veces, un mal día sólo lo salva un buen
tratamiento de belleza. Para eso, nada como ir a uno de
los
Beauty
Bar, donde en un ambiente que recuerda a un salón
de belleza de los años 50 se puede disfrutar, por
10 dólares, de un cóctel mientras te hacen
la manicura.
En
Barcelona, el
Talls
i Tallats permite tomar una copa mientras se lee o se
navega por Internet y después optar por un buen corte
de pelo o un masaje terapéutico. Si además
del masaje te apetece practicar un poquito de yoga y tomar
un té relajante, el
Yoga
Café es una buena opción.
Si se siente necesidad de airear los trapos sucios y, además,
que queden limpios, en el
Laundry
Bar de
Miami o el
Sit
'n' Spin de
Seattle se puede hacer
la colada mientras se saborea una bebida.
Cultivar el espíritu es lo que se hace en los
Cafes
Scientifiques. Fuera del ambiente académico,
tomando un café o un vino, se habla de
temas
científicos o tecnológicos. Normalmente
la sesión empieza con una pequeña
charla
de un invitado ponente y después de pedir las consumiciones,
empieza el turno de preguntas y charla. Los hay por todo
el mundo.
Si se desea hablar de blogs, hay bares donde se organizan
Blogs & Beer, convocatorias donde acuden
los bloggers de la ciudad para conocerse y tomar unas cervezas.
En
Bogotá, el
Café+Blog
adapta estas reuniones a las costumbres de
Colombia.
También se puede salir de bares a leer, pero no el
periódico, sino un buen libro con una copa o una
comida ligera. Aquí no hay prisas y los cómodos
sillones invitan a pasar tiempo disfrutando de la lectura.
En
Chicago,
The
Book Cellar es un buen ejemplo. En
Madrid
están
El
Bandido Doblemente Armado, propiedad de la escritora
Soledad Puértolas, y el
J&J
Books and Cofee, que posee más de 10.000 libros
en inglés y organiza reuniones de conversación
para practicar este idioma.
Si lo que se busca es intercambiar fluidos más que
conocimientos, combatir la soledad o conocer a una posible
pareja, los bares ofrecen muchas posibilidades. Y aunque
hay bares especializados en estos temas, desde que el mundo
es mundo, la tecnología y los cambios de hábitos
sexuales han hecho que emerjan locales mucho más
sofisticados y sin el regusto cutre que los caracterizaba.
Ya hemos tratado en
Flylosophy acerca de
bares especializados en
speed
dating, en singers o en
intercambio
de parejas. Todos ellos proliferan como hongos. Lo que
ya no es tan común, es ligar con ayuda de la tecnología,
como en el
Remote
Lounge de
New York, donde más
de 60 cámaras y pantallas hacen que se pueda espiar
cada gesto o detalle de la persona objeto de tu atención:
un
Big Brother en formato bar.
El mito del
toothing, se ha convertido
en realidad en el bar
L'Elephant
de
Milán. En él, mediante
bluetooth, se puede conectar con otros interesados en mantener
una relación sexual.
Los bares (que no prostíbulos) donde practicar sexo
se han extendido sobre todo en la comunidad homosexual.
Los
dark rooms
de algunos clubes, donde se practica sexo en el anonimato
de la oscuridad o los bares donde hay que entrar
sin
ropa o sólo con la
prenda
elegida para el día, son una opción cada
vez más utilizada
Las chicas que sueñan con lanzar el sujetador al
aire y bailar como una strepper profesional, pueden hacerlo
sobre la barra del
Hogs & Heffers de
New York. Y si lo que se quiere es tener
una relación sexual con un prostituto, hay locales
especializados como el
Charming
Barbara.
Si lo que de verdad te apetece es tomar una copa sin hablar
con nadie, ni siquiera con el barman, también es
posible.
Brainbar,
una máquina a la que hay que conectarse con electrodos,
recoge datos de la corteza cerebral y según lo que
lee, prepara la bebida que mejor conviene. También
por 2 euros, sentándose y conectándose al
sillón
Automeet,
con la información que recibe a través del
pulso, la temperatura corporal y el nivel de alcohol en
sangre, este artilugio prescribe la bebida que más
le conviene al cliente en ese momento. Por supuesto, sin
mediar palabra.
Y para rizar el rizo, si no se quiere compartir bar con
nadie o sólo con amigos selectos, el
Pub
Hinchable permite sentirse propietario de un bar, aunque
sea de plástico.
Así pues el dicho popular,
“estoy mal
llevadme al bar”, mantiene su vigencia. Y
si lo que nos encontramos en ese bar es gente metiéndose
oxígeno, leyendo, mirando embobado la ropa que da
vueltas en la lavadora o tejiendo jerséis a lo
Evo
Morales, lo mejor es hacer la vista gorda, relajarse,
pedir un masaje e intentar dormir y si eso no funciona…pagar
50 yenes y llorar a moco tendido sobre el hombro de un ejecutivo.
bar.