La Arquitectura como regalo


Uchronia.Imagen por **AlmostJaded** / CC=by nc nd/2.0

[Bv]Bitácora Virtual es un inspirado blog chileno, cuya lectura recomendamos a todos los amantes de la arquitectura, el urbanismo y... ¿la vida?. Desde él nos llega este post, que nos invita a pensar acerca de una forma de entender la arquitectura más libre y generosa. La arquitectura como regalo...

Tiempo atrás estuvo muy presente en los medios y blogs referidos a la arquitectura y el arte, el pleito entre el afamado arquitecto Santiago Calatrava y el Municipio de Bilbao, por los cambios realizados a la pasarela del puente “Zubi zuri” (obra de Calatrava), para empalmar con otra obra del arquitecto japonés Arata Isokazi.

El caso se extendió desde el ámbito contractual entre privados, al ámbito público propio de la Arquitectura como obra de arte. Pero incluso fue más allá, posicionándose como una arista más en la discusión que se sostiene actualmente en referencia al campo de dominio que están alcanzando los derechos de autor, sobre obras en general.

Finalmente el caso concluyó en que la oficina de Calatrava perdió el pleito con el Municipio, además de cargar con la opinión general que lo criticó por lo que parecía ser un reflejo de soberbia y egocentrismo personal. Pero el caso, documentado en los medios, polarizó los ejemplos y simplificó los antecedentes en discusión, lo que puede terminar por restringir la percepción que el público se hizo sobre algunos temas relacionados a la autoría de una obra de Arquitectura o cualquier obra de arte. Cosa que a mi juicio es un entendido superficial, ya que lo que se supondría que intentaba discutir, es la "permanencia e integridad" de la obra en el tiempo. Evitar que esta sufra algún grado de degradación que pueda atentar en su durabilidad y existencia.

En este artículo pretendo resaltar algunas otras obras del ámbito de la Arquitectura, que como antecedentes creo que permiten abrir el espectro de los ejemplos que se estuvieron discutiendo en ese caso; ya que pienso que el lector puede caer en el error de creer que los arquitectos citados y las leyes españolas en juego, engloban todo el universo de la Arquitectura. Cosa que no es efectiva.


Uchronia.Imagen por msr / CC=by nc nd/2.0

En efecto, los ejemplos de Arquitectura que estuvieron en discusión en el pleito Calatrava vs Bilbao, son públicamente reconocidos como obras de arte (y también de marca, como dicen algunos), y ciertamente están envueltas en un ámbito muy comercial. Son obras hechas por encargo directo y muy caras. Que logran estar consideradas como bienes de alto valor artístico, a pesar de las muchas regulaciones y normativas, que limitan su creatividad. Pero también son obras que se postulan como "no efímeras". Es decir, ser fuertes, trascendentes e inamovibles.

Pero esta Arquitectura, no es la única Arquitectura. Hay muchas, muchas otras. Algunas tan meritorias y originales, como para merecer estar sujeta a una férrea legislación protectora. Y sin embargo, están planteadas en un sentido contrario. Simbolizando conceptos como la gratuidad, el donar, el desprendimiento y lo temporal.

El año pasado, en varios sitios y blogs, la obra de la imagen superior fue muy comentada bajo el título de “Arquitectura efímera” o “arquitectura de lo precario”. Se trató de una estructura conformada por listones de madera, diseñada por Arne Quinze, para un evento llamado “Burning Man Festival“, realizado en Death Valley (EE.UU).

Dicha obra (versión a gran escala de otras que ha realizado) destacaba por el protagonismo de su material único y en su especialidad y volumetría, contrapuesta con el desértico paisaje. Pero el clímax de su concepción lo marca el que una vez finalizado el evento que le dio lugar, la obra fue quemada en un apoteósico acto de cierre.

Quinze explora con su obra, un campo que parece que se encuentra entre lo escultórico y lo arquitectónico. Donde la simpleza de los materiales y las formas es reflejo de una gran libertad creativa y una etérea belleza. Si bien su obra tiene una dimensión arquitectónica, que incluso se inscribe en zonas urbanas, no se limita ni regula en las leyes y ordenanzas municipales. Lo que es un plus otorgado desde el ámbito y libertad del arte escultórico.

Cuando vi las imágenes de esta obra, encontré que era curiosamente muy similar a esta otra obra, que conocía y que fue realizada por los talleres de la Escuela de Arquitectura de la PUCV, durante un viaje de estudio a una localidad rural llamada Trehuaco, en Chile, en 1986.


Obra de travesía. Trehuaco, en Chile, en 1986. Archivo personal de Claudio Girola.

Esta imagen que vemos, también de estructuras de listones de madera apilados, corresponde a una construcción laberíntica levantada en terrenos próximos a una empresa maderera (de ahí el material). Se trata de una obra espacial abstracta, como una suerte de "instalación" o ejercicio espacial, realizada por alumnos y profesores de esta escuela. Frente a ella, vemos una estructura lineal de color blanco, y que corresponde a una obra escultórica del profesor y artista argentino Claudio Girola, llamada “Dispersa I”.

Después de varios días de labor, y una vez que los alumnos y profesores concluyeran los trabajos, se realizaron actos de inauguración y celebración en ella. Pero a diferencia de la obra de Quinze, esta no fue quemada ni desmontada, sino tan sólo dejada en el lugar.

Lo efímero

Trehuaco, en Chile, en 1986. Archivo personal de Claudio Girola.

Ambas obras, en su momento, fueron identificadas como efímeras. Se habla de efímeras, estableciendo una clasificación que ni siquiera es clara en su sentido. ¿Es por algo relativo al tiempo de duración? ¿Es por el tipo de material utilizado? ¿O a caso es una combinación de ambos, apuntando a obras que parecen ser muy frágiles.

Creo que el apellido "efímera" confunde y no permite analizar las verdaderas características que poseen estas obras, así como su dimensión de obras del campo de la Arquitectura. Condición, que en el caso de la Obra de la Escuela de la UCV, es oficialmente establecido, asumiendo incluso su breve temporalidad.

Y es que el ser efímeras no es un excluyente o un defecto de una anti-arquitectura. Es más, para estas obras, ni siquiera se considera parte de la ecuación. Por ejemplo, en el primer caso de Quinze, el término se le asigna casi exclusivamente por el tipo de material utilizado y el hecho de haber sido destruida al final de Festival. El periodo relativamente breve de existencia, y su destrucción pública hace que alguna gente la marque con el mote de "efímera". En el caso de la obra de Trehuaco, en Chile, la obra no se destruyó y seguramente duró algo más de tiempo. Pero podemos suponer que no permaneció inalterable tampoco, por un periodo de tiempo muy prolongado.

Pero, el tema principal en ambas obras no es lo efímero de ellas, ni la similitud del material usado, sino el especial sentido que el concepto de “Acto”, tiene en sus respectivas concepciones (un “Acto” que en el caso de la obra de Trehuaco tiene nombre: “la dispersión”).

Entenderemos aquí como "Acto" al sentido mismo que las obras cumplen mientras permanecen. Es esta dimensión de Acto la que les concede la profundidad y complejidad de Obras de Arquitectura. Se trata de Actos, que conllevan símbolos, significados y mensajes. Desde la concepción misma (el proceso de la construcción de la obra de Quinze, fue fotográfiada y publicada en muchos sitios), luego en el esplendor de la presencia de ambas obras frente al paisaje (que se goza en su espacialidad, habitabilidad, contemplación y recorrido en estado puro, sin utilitarismos), para terminar en su cierre final (conclusión, celebración, abandono y destrucción).


Otra obra (sin nombre) construida en las proximidades del Palacio sumergido, provincia de Cochicó. Argentina, 1990.

Realmente, ambas obras son un acontecimiento con mucho de lúdico (juego) y de disfrute. En ambas la “Fiesta” es su marco-momento. Y ambas tienen su clímax (aunque en la obra de Quinze es más visible por la cobertura mediática: el cuerpo erigido en el desierto, iluminado de noche, y finalmente sacrificado en el fuego).

Ambas obras son abstractas en su sentido de lo práctico y funcional, pero en cambio, son muy directas y concretas en su sentido de ser todo “Acto”, todo “Fiesta”, todo “Juego”, todo "Celebración". Los escribo con mayúscula, puesto que más que conceptos, son importantes actos arquitectónicos, cívicos y urbanos.

Pero lo más importante de ambas obras, es el acto referido a la condición de "regalo". Tanto en la de Trehuaco como la de Quinze.

En el caso de las obras de la Escuela de Arquitectura de la PUCV, todas son regalos de la Escuela al lugar y los habitantes que están allí. Sus actos de conclusión suelen comprender una ceremonia de entrega, de donación de la obra a la autoridad más cercana, sea esta un alcalde, gobernador, o un vecino.

Así, igualmente es con la obra de Quinze. De hecho, es un error suponer “efímera” a la estructura de Quinze por haber sido quemada. Ese no es el sentido. No tiene nada que ver la temporalidad con el fuego. En el caso de la obra de Quinze, el sentido del sacrificio del fuego es el de “ofrendar”. Como la vestal que “ofrenda” a los dioses en el altar de un templo. Ofrenda=regalo. Es el acto de “regalar” la obra, al modo pagano, para con el acto de cierre del festival.

Ambas tienen como similitud fundamental una suerte de acto público de entrega, De regalo. Y donde lo temporal, no es que sea una condicionante de los efímero de ellas, sino que es una característica propia, asumida y no temida.

Arquitectura de travesía


Palacio sumergido, provincia de Cochicó. Argentina, 1990.

Podemos encontrar muchos otros ejemplos de obras de Arquitectura con esta dimensión de actos significantes. El caso de la propia Escuela de Arquitectura de la PUCV es un ejemplo de multitud de obras de este tipo, ya que lleva más de 20 años construyéndolas por todo el continente americano. Este tipo de Arquitectura que ha desarrollado con los años, se llama Arquitectura de travesía.

Todo lo que gira en torno a las obras de la Escuela de Arquitectura de la PUCV está dado por la gratuidad y el desprendimiento. No se encargan. No se venden. No hay clientes. Los arquitectos y alumnos que las diseñan, son los que las construyen (y los que las financian). Su emplazamiento en lugares remotos conlleva a que tampoco hay muchas leyes o regulaciones urbanísticas a seguir en su diseño y construcción. Es decir involucran un alto grado de libertad.

Se trata de obras, que se construyen como acto concluyente de un viaje de estudio de profesores y alumnos (travesía). Suelen estar asentadas en lugares muy remotos, y definidas en el momento y lugar mismo del viaje.

Son ligeras y frágiles. Construidas con materiales sencillos y en periodos muy breves de tiempo. Y por lo general son bastante "efímeras". Algunos las llamarían “Instalaciones”, pero son obras de Arquitectura íntegras. Definidas y claras en su planteamiento. Que no se condicionan por su desgaste o entropía.

Son obras de una libertad poco común. Inspiradas casi únicamente en las observaciones recogidas del territorio, al recorrerlo.

Pero lo que más llama la atención, es que es una Arquitectura que está planteada, en el entendido de un total abandono. Se dejan en la soledad de la pampa o en la arisca ladera de un cerro, expuestas al tiempo y la intemperie. Su duración o cuidado no es tema que preocupe, pues se trata de reconocer que su destino está dado a existir y cumplir su sentido, más que a trascender eternamente. Son pura entrega y más que nada un REGALO.


Palacio sumergido, provincia de Cochicó. Argentina, 1990. Planta.

Un regalo, puesto que se entiende que su lugar de instalación y su inspiración son posibles gracias a la extensión del territorio que las acoge y da lugar. En ese sentido, todas las condiciones son aceptadas como dones y agradecidas. Y de la misma forma, una vez concluida su construcción, son donadas a quién más corresponda. Ya sea un gobernador de la región o un simple arriero que vive en las proximidades.

No se pidió nada y por tanto nada se compromete. Todo se funda en el mero respeto que todo regalo inspira. Y así suelen entenderlo todos aquellos a quienes se les entrega. Y que siempre agradecen.

Por que un regalo, más que obsequiar, en este caso… celebra esta condición de creación en libertad.


Plaza Esquina, Obra de travesía realizada por la Escuela de la PUCV. Villa el Totoral, Argentina. 1994.
Planta de escalera de juegos


Como ex alumno de esta escuela, me tocó participar de estos viajes. Aquí pongo un texto que en una ocasión escribí sobre esa experiencia:

"La primera obra de Arquitectura en la que participé fue en mi primer año de carrera. En 1990. Y fue una travesía...

Se escogió un lugar especial para llevarla adelante. Un lugar que nos despertara, que nos conmoviera. Pues era a partir del lugar, que la obra sería concebida. Y ese lugar fue la Pampa húmeda en Argentina. A media longitud entre el océano Atlántico y el Pacífico.

Jamás imaginé un lugar más radical... más absoluto. La “máxima abstracción de la extensión”, la llamábamos.

Con un entorno que se resumía a un horizonte rectilíneo y la mirada que se perdía absorbida por una profundidad infinita. Setenta personas caminaban en una suerte de peregrinar sin rumbo, atravesando un limbo sin tiempos, ni distancias.

Y fue gracias a esa brutal simplicidad (donde la “extensión americana” literalmente “giraba” en torno nuestro desorientándonos), que todos nuestros sentidos, en lugar de anularse por completo, se volvieron particularmente sensibles.


Escultura de Claudio Girola, llevada a la Travesía Cochico 1990. Colocada en el interior del Palacio sumergido.

Y comprendimos cual era el “Acto” que debíamos construir con la Arquitectura.

El acto de una “desorientación que diera lugar”.

Así, por primera vez cobró valor el concepto del “aquí”.

Pero ¿cómo trazar y referenciar los límites en medio de la desorientación? ¿Cómo establecer las cordenadas arquitectónicas en el mundo infinito?


Y caminamos sigilosos mirando una noche las estrellas. Única fuente de orientación. Las reconocimos y las llamamos. Las atrapamos en una relación cósmica.

Luego, las proyectamos hasta nuestros pies... y trazamos un "lugar" con bordes y límites. Con centros y esquinas. Un dibujo escala 1:1 que definió nuestro "aquí".

Así, lo construimos y lo llamamos “palacio sumergido”.


En donde se pasaba desde la desorientación del campo de la pampa, a la orientación que da el lugar constituido arquitectónicamente. Y de allí a una suerte de nueva desorientación en el interior mismo de la obra.

Y tenía entradas.


Y tenía miradores.

Y tenía pasillos.

Y tenía salones.

Y tenía emplazada al final de su corredor más largo, en lo más profundo de su salón más interior, una “monstruosa escultura”, que acechaba como el Minotauro, al fondo de su laberinto".



Obra de travesía "ATHENEA". Santiago de Chile. 1987. Fotografia y planta del conjunto

Ciertamente hoy, mucho de la arquitectura más reconocida, y elaborada por arquitectos destacados, proyecta una imagen de tendencia internacional y fuertemente ligada a lo comercial. Una arquitectura mercantil. De producto de marca, que la hace ser costosa para la ciudad que la acoge. Se vuelve adorno y por tanto se cree que deben ser trascendentes e intocables. Arquitectura de lujo, tan exclusiva que las vuelve también poco sociales.

Pero existe también la arquitectura que es obra como la de Quinze y la propia Escuela de la PUCV. Una arquitectura casi antagónica a la tendencia de la mercantilización de hoy. Es una arquitectura, que apela a los actos espirituales, que rescatan o vuelve a aflorar ese vínculo social con los actos urbanos de encuentro y ocupación. Una arquitectura que da lugar a la celebración de fiestas y juegos. Y que contempla en su sentido mismo actos de entrega y compartir desde una gratuidad, como es el donar o el regalar. No son efímeras en el sentido de una anti arquitectura que desaparece y no trasciende. Puesto que su objetivo principal es constituir actos llenos de sentido. Son arquitecturas llenas de actos de libertad de toda atadura. Tanto materiales como temporales.

Bibliografía recomendada:
La Escuela de Valparaíso”, Rodrigo Pérez de Arce y Fernando Pérez. Tanais ediciones S.A. Madrid, España. 2003

"La Ciudad Abierta”, Massimo Alfieri. Editrice Librerie Dedalo, Roma, Abril 2000.

Rafael Moya Castro [Bv]Bitácora Virtual

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La ciudad y los signos

Nuestras ciudades se han convertido en enormes contenedores de signos, en el escenario en el que millones de imágenes se superponen y entrelazan en un abigarrado conglomerado visual.

Con la aparición de las pantallas urbanas, especialmente las enormes instalaciones de LEDs, este proceso se ha acentuado. En este contexto, la Arquitectura Interactiva ofrece una alternativa a la saturación, basada en la participación.

La ciudad siempre ha sido el lugar en el que nacen y se desarrollan las imágenes. De hecho, el proceso de densificación icónica en el que estamos embarcados desde hace mucho, mucho tiempo, arranca con el nacimiento de las ciudades y crece en paralelo a ellas.

Es en la ciudad donde los mensajes que nos rodean experimentan su, cada vez más fugaz, ciclo vital. En ella, crecen, se desarrollan y finalmente desaparecen de la memoria social. Pero sobre todo, la ciudad es el espacio en el que las imágenes luchan por hacerse un hueco en la competitiva “economía de la atención”.

Rótulos luminosos, señales, escaparates, carteles, grafittis, pintadas, stencils, stickers… incluso nuestra propia apariencia física y la iconicidad de nuestros gestos cotidianos, contribuyen a la construcción de la iconosfera urbana. Una superposición de signos y señales en continua transformación, tan densa que, con frecuencia, resulta impracticable.

Pantalla Total


Pero, justo cuando el espacio urbano parecía definitivamente saturado, la tecnología ofreció un nuevo y formidable soporte para la información visual. Las pantallas comenzaron a desplegar su inmenso potencial icónico.

Enormes o diminutas, CRT, LCD, TFT, OLED, SED, de LEDs, de plasma, planas, ultra planas, flexibles… las pantallas proliferan a nuestro alrededor hasta convertirse en una suerte de prótesis que nos mantiene permanentemente conectados al flujo de información que nos rodea.

Donde quiera que vayamos, las pantallas nos acompañan. De hecho, todas nuestras máquina, no son sino pantallas.

Como no podía ser de otro modo, las pantallas encontraron en la ciudad el medio ideal para crecer. Desde los primeros experimentos en ciudades como Tokio y Nueva York, la integración de pantallas en el paisaje urbano se ha convertido en una de las tendencias más visibles del urbanismo contemporáneo. Si anteriormente los rótulos luminosos y los neones habían transformado nuestras ciudades en parpadeantes muestrarios de imágenes, ahora el sueño de convertir la ciudad en una enorme pantalla, se hace realidad.

Así, del mismo modo que los televisores centralizan a su alrededor el espacio doméstico, las nuevas pantallas urbanas, se convierten en elementos “arquitectónicos” que jerarquizan el espacio público.

Los ejemplos son tantos que es difícil destacar alguno. Para no hablar de los inevitables Herzog & de Meuron, Foster y Nouvel; podemos destacar las imponentes torres de LEDs de Los Ángeles Airport (LAX), visibles desde 3000 pies de altura; el proyecto de rediseño de la fachada de la Torre Bayer en Leverkusen, con una pantalla formada por 3,5 millones de LEDs; cualquiera de los impresionantes proyectos de ag4 Mediatecture Company, como la sede de Merck Serono en Genf o la de T-Mobile en Bonn; o desde un enfoque diferente, The Million Dollar Building, un proyecto desarrollado por el Sandberg Institute, que traslada al espacio físico de la sede de esta escuela, el popular Million Dollar Homepage, participando del concepto de pantalla, pero renunciando a la iluminación.

Pero sin duda, uno de los referentes en este campo fue SPOTS, una instalación de Realities:united que convirtió la fachada del un edificio de 11 plantas de Postdammer Banhof (Berlín), en una enorme pantalla usada como soporte para proyectos artísticos y publicidad. Su brillo y su movimiento contrastaban con la rotunda desnudez de la vecina Neue Nationalgalerie de Mies Van de Rohe.

Elástico explica como “SPOTS es el ejemplo más reciente y más avanzado técnicamente de "media facade", un sueño arquitectónico heredado del ciberpunk y de Blade Runner que imagina a la ciudad del siglo XXI no como una ciudad de luces, sino como una ciudad de imágenes en movimiento.

A medida que la tecnología baje de coste, parece inevitable que las media-fachadas se introduzcan paulatinamente en nuestras plazas y calles, convertidas en los nuevos neones. Es difícil prever cómo vamos a sentirnos en unas ciudades en las que a la vuelta de cada esquina nos espere un bombardeo de imágenes permanente.”


Arquitectura Interactiva


Poco antes de SPOTS, durante el invierno de 2001, se desarrolló en Berlín Blinkenlights, un proyecto de Chaos Computer.

Blinkenlights utilizaba las ventanas de un edificio de ocho plantas como si se tratase de los píxeles de un monitor. Un ordenador controlaba la iluminación de cada ventana creando una matriz de 18 x 8 “píxeles”. A diferencia de SPOTS y de otros proyectos similares, Blikenlights era una propuesta completamente interactiva. Tanto en la versión de 2001, como en su posterior reedición en 2003, Blinkenlights Reloaded; el proyecto estaba abierto a la participación de los espectadores, que a través del teléfono móvil, podían jugar descomunales partidas de Pong, crear animaciones de baja resolución o hacer enormes declaraciones de amor.

El rudimentario Blikenlights planteaba, ya entonces, una concepción de la arquitectura como una realidad cambiante, que se modifica en función del diálogo que los usuarios establecemos con ella. Era uno de los antecedentes de lo que hoy conocemos como Arquitectura Interactiva o Media Architecture.

Desde entonces, la tecnología ha permitido desarrollos mucho más ricos y complejos. Proyectos como la Dexia Tower en Bruselas, un edificio de 38 plantas que incorpora un sistema de iluminación interactivo, convierten los edificios en plataformas para la creación. Así, Dexia Tower es el soporte de proyectos como Touch, desarrollado por LAb[au] (Laboratory for architecture & urbanism) y que permite a los espectadores modificar la iluminación de las inmensas fachadas con sólo deslizar su dedo por una pantalla.

O la maravillosa Crown Fountain del Chicago Millenium Park , diseñada por Jaume Plensa. Dos torres de ladrillos de vidrio con LEDs en su interior, que proyectan los rostros de miles de habitantes de la ciudad, que literalmente se convierten en enormes y divertidas fuentes (con chorro de agua incluido).



Pero no sólo arquitectos y publicistas están interesados en este tipo de proyectos. También otros colectivos emplean los sistemas interactivos para lanzar mensajes de distinto tipo.

Este es el caso de Graffiti Research Lab, un grupo de activistas, que ha desarrollo un interesante sistema de graffiti basado en luz. Una vez más, nos valemos del imprescindible Elástico para explicar su trabajo:

"Armados con electrónica barata, pintura ferromagnética y mucho ingenio hacker, Graffiti Research Lab está investigando el futuro del arte urbano, cuando nos hayamos aburrido del stencil y el spray de pintura.

Desde su taller en el
Eyebeam de Nueva York, los miembros de este colectivo desarrollan fórmulas asequibles y completamente 'open source' para introducir en el espacio de las calles herramientas y lenguajes que proceden de la cultura digital.”

Vale la pena echar un vistazo a su web, y especialmente a los vídeos que muestran al grupo en acción (la performance desarrollada en Barcelona, con intervención policial incluida, no tiene desperdicio).

También Urban Proyection utiliza las fachadas para proyectar en ellas películas callejeras o dibujos. O, TXTual Healing, cuyos proyectos permiten a cualquier persona interactuar sobre un edificio con sólo enviar un mensaje SMS.

Otros muchos artistas y colectivos como Easyweb, Telenoika, Daniel Sauter o Rafael Lozano-Hemmer, están desarrollando propuestas similares y perfeccionando dispositivos capaces de fusionar arquitectura e imagen.

Y ahora, ¿qué?


Es casi un lugar común, señalar como en la sociedad de la información la proliferación de mensajes visuales trivializa el sentido de las imágenes. Nunca hemos estado rodeados de tantas imágenes y, sin embargo, nunca han significado tan poco.

Pero además, de lo que esto supone para nuestra sufrida comunicación, convertir nuestras ciudades en enormes acumulaciones de signos, de representaciones, nos reduce a la condición de espectadores, de sujetos pasivos que asisten al espectáculo de la información.

En su libro, “La Sociedad del espectáculo” Guy Debord decía: “La vida entera de las sociedades en las que imperan las condiciones de producción modernas se anuncia como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo directamente experimentado se ha convertido en una representación.”

Es evidente que el bombardeo masivo de imágenes tiende a reemplazar nuestra experiencia directa de la realidad por una experiencia simbólica. Pero este aspecto se acentúa cuando entran en juego las pantallas. Su enorme capacidad “hipnótica” tiende a paralizar el sentido crítico y a hacer que nuestra mirada, y nuestras ideas, se deslicen dócilmente por su superficie.

En este contexto, la interactividad adquiere un enorme valor. Cuando la pantalla se transforma en interfaz, cuando se convierte en el canal a través del cual el usuario intercambia información con otros usuarios, la comunicación se activa.


El pasado mes de septiembre se celebró en Londres el interesantísimo Media Architecture Conference, un evento que analiza las implicaciones de las nuevas tecnologías audiovisuales en la arquitectura y el urbanismo. En él, Mirjam Struppek, organizadora del panel Urban Media y creadora de Urban Screens, un sitio orientado a la transformación de las pantallas empleadas como soportes publicitarios en dispositivos culturales , dijo: “Queremos sensibilizar a todas las partes sobre las posibilidades que ofrecen las actuales infraestructuras digitales para favorecer una sociedad urbana más viva, en la que las pantallas se relacionen más con el espacio común y que, por tanto, refuercen la identidad y el sentido de comunidad.”

Sin duda ésta puede ser la principal aportación de la Arquitectura Interactiva. Las grandes pantallas, cada día más presentes en nuestras calles, constituyen un espacio privilegiado, dotado de una fascinante dimensión pública, que sólo adquiere sentido desde la participación.

¿Seremos capaces de reconvertir nuestras ciudades/pantalla en ciudades/interfaz? ¿Favorecerá la tecnología, cada vez más accesible, una concepción de espacio público más participativa? ¿Podrá imponer la Arquitectura Interactiva un punto de vista independiente de los intereses mediáticos y publicitarios? ¿Qué impacto tendrá la evolución de la Arquitectura Interactiva en nuestro modo de relacionarnos con los medios de comunicación?

Muchos interrogantes, que de continuar el ritmo de evolución actual, comenzarán a resolverse muy pronto.

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Arquitectura para crisis humanitarias


Es fácil sucumbir ante los encantos de la arquitectura de grandes proyectos. Todos recordamos nombres de famosos arquitectos y tenemos en la cabeza imágenes impactantes de edificios imposibles, pero hay otra arquitectura que pasa de puntillas sin llamar la atención. Es el trabajo de unos pocos profesionales que, con poco presupuesto, gran conocimiento de la técnica y de los materiales, sensibilidad por el medio ambiente y mucho ingenio, intentan aportar soluciones habitacionales para momentos de crisis extrema.

Su trabajo lo encontramos sobre todo en concursos o exposiciones y en la mayoría de los casos, no llega a materializarse.

Frente a la arquitectura que corta la respiración y nos deja con la boca abierta, la realidad está dejando ver que otro tipo de construcción es necesaria: aquella que de verdad se preocupe por mejorar las condiciones de vida en situaciones extremas.

El cambio climático, las catástrofes naturales, las guerras y hambrunas hacen que cada vez sea más común toparnos con imágenes de campos de refugiados improvisados, sin las mínimas condiciones de salubridad; asentamientos que se pensaron para situaciones provisionales, pero que hace tiempo se convirtieron en definitivos.

Además, en las grandes ciudades, donde conviven sin mezclarse el primer mundo y un cuarto mundo en precarias condiciones, también es necesario un planteamiento serio para diseñar estrategias de construcción sostenibles en los suburbios empobrecidos.

Y no es fácil para los arquitectos, ingenieros, diseñadores y por supuesto, gobiernos coger el toro por los cuernos de la crisis habitacional. Según Josse van der Rest, Director de SELAVIP, las políticas de vivienda miran el problema habitacional desde el punto de vista del que las construye, en vez de ponerse del lado de los que sufren la falta de un techo.


Se suele pensar más en las casas en sí que en sus habitantes. Éstos, mientras tanto, tienen sus miras puestas en tener un techo urgentemente, no en hacer una casa que se vea bonita. Primero habitan y con el tiempo hacen mejoras.

Según Josse, el principal desafío para una política de viviendas para sectores empobrecidos es controlar los intereses creados. Los políticos quieren conseguir votos, los bancos prestar la mayor cantidad de dinero y muchos arquitectos prefieren construir proyectos vistosos en vez de atender con mayor urgencia las necesidades acumuladas de los que viven provisionalmente en campamentos.


No hace falta profundizar mucho en la realidad mundial para detectar que, en los últimos años, ha crecido exponencialmente el número de desplazados y refugiados que necesitan este tipo de construcciones.

Guerra en Kosovo, Irak y Palestina, hambrunas en África, terremotos en Irán y Pakistán, tsunamis en Asia, imparables movimientos migratorios de los habitantes del Tercer Mundo en busca de mejores condiciones de vida, ya hacían urgente trabajos en este campo.

Pero han tenido que producirse los dramáticos huracanes en Estados Unidos para que gobiernos, instituciones y profesionales se hayan dado de bruces con este tipo de realidad, más propia de países en estado de emergencia que de sólidas economías que presumen de altos estándares de calidad de vida. De repente, parece que todo el mundo se está poniendo manos a la obra con el objetivo de mejorar las condiciones de habitabilidad en situaciones de emergencia.

Los que llevaban mucho tiempo trabajando sobre el tema ven cómo su trabajo se reconoce, se les escucha, se les premia e incluso sus proyectos comienzan a salir a la luz.


Además, jóvenes profesionales con poca fama y buenas ideas encuentran su hueco en un panorama arquitectónico donde interesa sobre todo ser ingenioso, conocer los materiales, y tener gran conocimiento de la realidad social para la que se construye.

Una de las instituciones que más tiempo lleva trabajando en este sentido es Architecture for Humanity. Fundada en 1999, ha creado un canal mediante competiciones, talleres, foros educativos e Internet, para que arquitectos de todo el mundo puedan ayudar a las comunidades necesitadas. Ha colaborado en Kosovo, África Subsahariana, Siyathemba, Tanzania, Sumatra y, por supuesto, en las zonas afectadas por el Huracán Katrina.

Ha publicado el libro Design Like You Give A Damn, donde se hace una selección de proyectos innovadores para situaciones de crisis. Además, con su proyecto Silver Lining y bajo una licencia de Creative Commons, plantea compartir, con todos los profesionales que lo necesiten, herramientas libres de derechos para ser utilizadas en construcción humanitaria.

También Shelter for Life, Habitat for Humanity International, y Arquitectos sin fronteras participan en procesos de reconstrucción integrales. No sólo se ocupan de la vivienda, sino también de infraestructuras, teniendo en cuenta la sostenibilidad, el urbanismo y el medio ambiente.

La asociación The Americam Institute of Architects educa a sus asociados sobre la enorme responsabilidad que tienen los arquitectos en casos de desastres y cómo deben asumir sus nuevas responsabilidades.


Y organizaciones como The Housing and Urban Development Corporation (India), el Hogar de Cristo (Ecuador) y la Unión Nacional de Mujeres Saharauis (Campos de refugiados del Sáhara), trabajan en problemas habitacionales específicos de sus países.

También arquitectos de prestigio, muestran interés por estos planteamientos. One Smal Projects, una iniciativa del arquitecto Wes Janz, da a conocer soluciones ingeniosas que personas anónimas han ideado para solucionar su problema habitacional. En la exposición Building Solutions, se muestran soluciones constructivas humanitarias para las zonas afectadas por el Katrina.

El consagrado arquitecto Shigeru Ban ha sido el creador de los pabellones iglesias y casas de tubos de cartón que fueron utilizados en el terremoto japonés de Kobe en 1995. También ideó las casas de papel para los campos de refugiados de Ruanda.

Desde 1992 hasta su muerte, Samuel Mockbee (Sambo) construyó casas en su taller Rural Studio utilizando materiales reciclados donados o muy baratos, llevando al límite la arquitectura en términos estéticos, técnicos y medioambientales.

A la convocatoria Reinventing the Crescent para rehabilitar espacios públicos de Nueva Orleans, han acudido nombres tan relevantes en el panorama arquitectónico actual como Frank Gehry, Zaha Hadid Reiser + Umemoto o Daniel Libeskind.

Pautas para la construcción humanitaria



Según el artículo There's No Place Like Home, de la revista Slate, para construir en estados de crisis hay que tener en cuenta varios puntos:

- que se va a producir una movilización y evacuación de grandes poblaciones hasta que la situación de peligro cese.

- que a esta población hay que reubicarla en edificios comunitarios no diseñados para esos fines.

- que hay que construir pensando en la provisionalidad para evitar una incorrecta utilización definitiva y que además, estas edificaciones provisionales deben ser reutilizables, desmontables y fáciles de transportar y adaptar a otros terrenos.

Parece que estas premisas no se tuvieron en cuenta en el caso del huracán Katrina. El FEMA adquirió 100.000 unidades de caravanas como viviendas provisionales a las cuales no se pudieron dar uso porque se olvidaron de una estricta prohibición federal contra la utilización de viviendas móviles en zonas con riesgo de inundación.

Una vez superada la situación de emergencia, hay que pensar en la reconstrucción o la edificación de nuevos hogares. En este caso, hay que plantear una edificación barata, aunque duradera, sostenible, respetuosa con la naturaleza y, si se puede, que contenga algún rasgo identificable con la arquitectura autóctona.

Otra situación de conflicto humanitario donde la arquitectura tiene mucho que aportar es en el alojamiento de los centenares de millones de habitante rurales que se mueven a las grandes urbes en busca de un futuro mejor.


Estos inmigrantes no viven exactamente en el centro urbano, sino en inmensos suburbios sin la infraestructura necesaria para ser habitables y en la que muchas veces se recurre a la ocupación ilegal de la vivienda.

Ejemplos de esta tipología de ciudad son las grandes urbes de Asia, masificadas y estandarizadas, sin calidad, basadas en la rápida construcción de rascacielos que destruyen a su paso tejido histórico y campos de cultivo; o los extrarradios franceses, que crecieron sin conexión de transporte ni espacios públicos para aislar y controlar a los que no se quería tener cerca.

Algunas soluciones habitacionales pasan por mejorar la calidad de la edificación de estas zonas deprimidas de la ciudad, monumentalizar las zonas comunes, facilitar la accesibilidad al centro, realizar eventos que fomenten la integración y, además, dar color a la arquitectura huyendo del triste gris.

Casos prácticos


Gran parte de las propuestas arquitectónicas humanitarias han surgido tras el huracán Katrina y, en la mayoría de los casos, no han visto ni verán la luz.

Inagotables ideas surgen de los arquitectos que participaron en el Open Architecture Network. Ejemplos como las casas IADDIC Shelters, la Low Tech Balloon System, la Hexayurt Shelter o la Portable Transient Shelter Pods ilustran a la perfección lo que puede ser una operativa casa provisional. El proyecto de vivienda Maku, la Biloxi Model Home, la Desporte Residence, la Robinson Residence, la Casita Segura, la Odom Residence o la Extreme Housing son más adecuadas para periodos habitacionales definitivos.

La Pallet-House fue construida para la guerra de Kosovo con palés de mercancía, lo que la hace ser barata, fácil de instalar y ecológica.

La Architectural Record y la Tulane University’s School of Architecture han organizado un concurso para soluciones habitacionales en Nueva Orleans. Destacan el Eight Inc, un edificio proyectado para zonas donde se necesita gran concentración de casas, y la Michelle Jellison, una casa de dos plantas a partir de elementos prefabricados que respeta el tipo de construcción autóctona. Similar es el planteamiento de la casa prefabricada HELP, del arquitecto Carib Daniel Martin, consigue, gracias a su porche de madera, un aspecto de lo más acogedor.

El senado americano ha comprado 20.000 unidades del Katrina Cottage, un modelo de casa de construcción barata, fácil de montar y que se parece a las construcciones tradicionales de la zona.

Las construcciones del Monolithic Dome Institute ya han probado su eficacia en situaciones extremas. Su forma de casquete y sus resistentes materiales han hecho posible su supervivencia en varios huracanes del pasado. Destacan las Dome Churches y las Monolithic Dome Homes, además de escuelas, superficies comerciales e instalaciones deportivas.

La exposición de 2004, House of the Future, sorprendió por la innovación de sus propuestas de casas prefabricadas. Casas fáciles de transportar, comprometidas con el medio ambiente, con sistema de agua reciclada, uso de la energía solar y una moderna apariencia. Los 6 prototipos presentados fueron: Steel House, Concrete House, Timber House, Glass House, Clay House y Cardboard House.


Un año más tarde, en 2005, la Federation of American Scientists (FAS) construyó un modelo de casa para trasladar a África. Con dos habitaciones estaba fabricada en ThermaSAVE, un material resistente a los terremotos y huracanes y que conserva la energía.

Una de las casas con más repercusión mediática ha sido la Future Shack, de Sean Godsell. Es un contenedor reciclado al que se le ha añadido un tejado exento a dos aguas. Se adapta a situaciones de desastres naturales y por su fácil montaje es muy apto para campos de refugiados.

Cuatro ejemplos de casas provisionales que tienen en común la rapidez de su montaje son la construida con el sistema BiniShelter, de instalación inmediata y que tiene aspecto de casa tradicional con tejado a dos aguas; la japonesa, con apariencia más tecnológica y redondeada, que se construye en un día; la africana, de materiales reciclados y de deshecho, se monta exactamente en 5 minutos, y por último, la casa de papel, utilizada cuando el terremoto de Pakistán y el huracán de la Isla de Granada, que se monta en 15 ó 20 minutos y dura unos 18 meses.


Los arquitectos españoles Cubo Arquitectos han diseñado la ingeniosa House Made Of Doors, cuyo principal elemento de construcción es la puerta básica, comprada en un almacén de construcción.

En las grandes ciudades se pueden encontrar algunas propuestas para suburbios deprimidos que están funcionando con éxito, aunque la mayoría no pasarán del proyecto.

En los Docklands de Londres se han materializando las Containers Cities, edificios construidos con módulos de contenedores reciclados que han sido ensamblados para formar una pequeña comunidad en la que se habita o trabaja dentro de los espacios diáfanos de estos coloridos módulos prefabricados.

La iniciativa Global Peace Containers da sentido al uso de los contenedores con una misión: reciclarlos y utilizarlos como escuelas, clínicas, centros para la comunidad y, por supuesto, casas.

Hasta la compañía de bolsas Freitag se ha sumado a la idea de reciclar contenedores, esta vez para construir con ellos su tienda en Zurich.

En algunas ciudades de Holanda se están instalando las Spacebox un tipo de casa semipermanente, parecida a un contenedor, con muy buenos acabados, y que se puede transportar con relativa facilidad. Se está pensando utilizarlas para dar alojamiento a los vagabundos de Ámsterdam.

También Ikea está ampliando su negocio a la construcción de casa prefabricadas. Sus BoKlok están diseñadas con una filosofía similar a la de sus muebles: tecnología avanzada y estética a un precio barato, ideales para suburbios con espacio.

Otras propuestas como la casa O2 Sustainability Treehouse, colgada de un árbol; la cuidad Waltropolis, contenida dentro de una construcción tipo WalMart; o el proyecto Habidite, que plantea construir en fábricas pisos en serie, son proyectos que, bajo una apariencia más bien artística, esconden soluciones de edificación muy interesantes.

Planteamientos desde el arte


En el artículo “Arquitectura: Los artistas proponen soluciones más innovadoras que los arquitectos” se mencionan algunas soluciones interesantes,planteadas por artistas plásticos, y que no tienen nada que envidiar a las de los arquitectos:

La Instant-Home, de Valeska Peschke, es una casa hinchable de 12 m2. La Cartonhouse, de Oskar Leo Kaufmann, es una estructura de cartón con forma de casa tradicional. Mobile linear House, de Acconci Studio, propone un conjunto habitacional de 6 viviendas ensambladas unas a otras contenidas en un camión de gran tonelaje. El Módulo de emergencia, de C. Ugarte y J. G Brugnol, parte de 5 estructuras modulares que se recubren de lonas, telas y productos baratos y fáciles de encontrar en cualquier país.

Ante necesidades habitacionales extremas, el ingenio es parte de la solución, ya venga de arquitectos, artistas o particulares. Lo que de verdad importa es que el resultado sea una vivienda digna, donde personas que están pasando la peor experiencia de sus vidas, puedan desarrollarse con cierta dignidad.


Remedios Vincent de 4Reasons, publica Flores en el Ático, blog dedicado a la arquitectura y la decoración.

Fotografías de Carma Casulá, fotógrafa.

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La arquitectura de moda

Allianz Arena.Herzog & de Meuron

La relación entre la arquitectura más reciente y la moda, y la influencia de los arquitectos "superstar" en la evolución de nuestras ciudades, son algunas de las ideas que el arquitecto Jaime Sarmiento analiza para Flylosophy

En marzo de 2006, la revista EPS (suplemento dominical del diario El País), publicó el artículo "Los edificios son maniquíes" en el que se relacionaba la moda con la arquitectura. En este artículo se mencionaba a un grupo de jóvenes arquitectos que intentan “trasladar el mundo de seis diseñadores de moda españoles a la arquitectura y el interiorismo”. Este concepto fue llamado Arkimoda.

Al mes siguiente, en las páginas de opinión de la misma revista, un indignado arquitecto criticaba el reportaje: “Para presentar este engendro, bautizado como arkimoda, es imprescindible una apariencia de modernidad y estética vanguardista”. La crítica al artículo no sólo se debía a la frivolidad con que se entretejían ambas disciplinas, sino también a la repercusión que podría tener en el público general y al detrimento de la profesión del arquitecto.

Al margen de esta polémica, el atrevido empeño de estos jóvenes de transferir la moda a la arquitectura no hace más que confirmar algo que, desde hace algunos años, viene sucediendo: la arquitectura más reciente es una cuestión de modas.

La moda es, por naturaleza, un asunto pasajero; cambia cada temporada. La arquitectura reciente, al igual que ella, se diluye con el tiempo. Es evanescente. ¿Quién se acuerda ahora de los edificios de las últimas olimpiadas? ¿O de los pabellones de la última exposición universal?La arquitectura ha dejado ser un bien y se ha convertido en una mercancía. Está generada para el consumo.

Beijing Airport. Norman Foster.

En principio, la arquitectura no tendría nada que ver con la moda, aunque si está muy relacionada con el vestido. De hecho, la primera forma de arquitectura consiste en vestirse.

La primera y principal finalidad de la arquitectura ha sido la protección y el cobijo, y así lo entendieron incluso los hombres de las cavernas. Con el paso de los tiempos, esa cubrición básica se ha venido cualificando, adaptándose a las épocas, hasta el punto en que no sólo se espera de ella la protección, sino que también produzca placer estético.

Algunos arquitectos de finales del siglo XIX y principios del XX, (Gottfried Semper o Adolf Loos, por ejemplo) habían establecido analogías entre el vestido y la arquitectura. En ese entonces, el revestimiento de los edificios se convirtió en uno de los elementos más expresivos de la arquitectura.

Hasta finales del siglo XX, la cubrición estaba estrechamente relacionada con la oquedad que generaba. La materia y el espacio se iban entrelazando, modelándose mutuamente. Lo lleno y lo vacío constituían el ente, en el cual estaba involucrado el hombre.

Actualmente, el hombre ha dejado de ser el protagonista de este diálogo para convertirse en un mero observador. De estar inmerso en el espacio, ha sido desplazado fuera de él. Ha dejado de ser un habitante y ha pasado a ser un espectador. La arquitectura vive un período contemplativo en el que hemos perdido nuestra capacidad de participación. “Lo único que se comparte es el espectáculo, ese juego en el que nadie juega y todos miran”- escribe John Berger.

Los edificios maniquíes

La arquitectura actual se ha concentrado en la fachada, en el vestido. El contenido, poco importa. Bien decía aquel primer artículo, aunque de manera inconsciente, que los "Los edificios son maniquíes". Es decir, los edificios se han convertido en objetos inertes, anodinos, indeterminados, arropados con vestimentas llamativas, en los que lo importante es la envoltura, y no lo que contienen en su interior. Se puede hablar ahora de edificios percha: tinglados dispuestos para aguantar la fachada. Los interiores sólo sirven de soporte a la piel.

Bodegas Marques de Riscal. Frank Gehry.

En este afán contemporáneo de fragmentar y clasificar el conocimiento, podríamos estar ad portas de una nueva especialización, el exteriorismo, que compensaría la ya existente del interiorismo.

Una prueba de que muchos de estos nuevos edificios son maniquíes, es que la mayoría de sus fotografías enseñan la fachada –bien sea desde afuera o desde adentro-, y escasamente el interior. El interior resulta poco interesante.

Últimamente, el concepto del espacio se ha venido transformando, desapareciendo del lenguaje de los arquitectos. En su lugar, emerge con gran fuerza el de la superficie. De lo tridimensional se está pasando a lo bidimensional. Si lo que importaba antes era nuestra relación con el espacio y con los objetos que nos rodeaban -en una situación multidireccional -, lo que se busca ahora es una disposición que fije nuestros ojos en una superficie -en un único sentido.

La tendencia a envolver los edificios (cual si fuesen regalos) ya se puso de manifiesto en los 80, con el postmodernismo. En aquel entonces se decidió arropar la arquitectura utilizando las vestimentas del pasado; y fue así como se disfrazó de antigua. Las estructuras de hierro u hormigón se forraban con el estilo de cualquier época: bien fuese de la Grecia clásica, del Renacimiento, del Barroco... Era la época menos afortunada de los Stern, Graves, Moore, Bofill... que saciaban los gustos de la sociedad de consumo mediante imágenes extraídas del pasado.

Actualmente no es extraño escuchar a los arquitectos hablando de "patrones" para diseñar las fachadas. En los despachos de arquitectura, como en las sastrerías, se utilizan plantillas que sirven para definir los modelos. Suelen ser dibujos o recortes que se enganchan sobre la fachada. Son, en sí mismos, la fachada.

Eberswalde Bibliothek. Herzog & de Meuron.

Hoy día se hacen fachadas de casi cualquier cosa: celosías de cristal que, con los rayos del sol, simulan el borboteo de un chorro de agua; muros de gaviones que causan inusuales efectos de sombras en el interior de una bodega de vinos; paredes de hormigón con grabados de pinturas o fotografías; cerramientos de cristal esgrafiados con hojas de un árbol; planchas de titanio que hacen refulgir las formas contorsionadas; pantallas de plasma que pueden anunciar cualquier publicidad.

Los arquitectos de moda demuestran un denodado esfuerzo por descubrir un nuevo efecto, una nueva impresión; se valen de cualquier cosa que pueda llamar la atención. Por ello, los materiales de las fachadas se tiñen, se colorean, se repujan, imitan ser otros materiales o se decoran de manera análoga a como se hacen los tatuajes en la piel. La fachada ha vuelto a ser, como lo fue en otros tiempos, una impostura, un elemento de decoración. Ya no se utilizan, como entonces, motivos alusivos a la naturaleza o a la historia, sino que ahora se la recarga en su expresividad.

No hace falta gritar o alardear para ser visto o escuchado. Tampoco a la arquitectura le hace falta atiborrarse de arabescos o de efectos especiales para expresarse.

Cuestión de imagen

Los nuevos monumentos tienen el terrible atractivo de ser fotogénicos, pero resultan vacuos en su contenido. Su mérito –y también su peligro- radica en su seductora imagen, capaz de eclipsar todo lo demás. Nos encontramos en un período en el que se reverencia la imagen, en el que se fabrican iconos, símbolos del poder y del progreso que pretenden ser representativos de un entorno, de un territorio o de una ciudad.

Serpentine Gallery Pavillion. Toyo Ito.

La publicidad de estos iconos ha generado un mundo imaginario, en paralelo al mundo real. Las imágenes abundan, nos asedian, se retocan, se trucan para hacer parecer que los edificios o las ciudades son más bellos de lo que son en la realidad.

Hoy día se publican las revistas de arquitectura como se publican las de moda: “la imagen es todo”. Incluso algunos libros recientes de arquitectura, que pudiesen ser considerados como "teóricos", ya no se leen, se ojean , como se ojean las revistas de decoración o de farándula. No sería de extrañar que pronto los encontremos en las salas de espera de las consultas médicas.

Muchos de los nuevos edificios se proyectan a partir de la imagen; son concebidos para ser fotografiados, y no tanto para ser habitados. En cambio, la buena arquitectura no es necesariamente fotogénica. La arquitectura y la fotografía, aunque en ocasiones se entrelazan, van por caminos diferentes. Lo más obvio sería destacar que una trabaja con un material plano y la otra no, una tiene un marco y la otra no, una es estática y la otra no, una está en relación con los ojos y la otra con todo el cuerpo. El observador está fuera de la fotografía, mientras que en la arquitectura está en su interior. La imagen no debe confundirse con la arquitectura.

La marca

Ahora los edificios tienen marca, una especie de impronta que los identifica. Hablamos de un edificio proyectado por Nouvel, Foster o Calatrava, como si se tratase de un BMW o de un Ferrari. No importa si se trata de un hospital, un aeropuerto o una casita; lo verdaderamente importante es la firma que refrenda la obra.

Joan Clos y Frank Gehry.

Para muestra, un botón: hace poco Joan Clos, alcalde de Barcelona, viajó a Nueva York para promocionar el proyecto de una torre en La Sagrera y de paso para reunirse con Frank Gehry, el arquitecto encargado del proyecto. En la fotografía que publicó el diario La Vanguardia, se veía a un eufórico Clos palmotear por la espalda a un animado Gehry –micrófono en mano frente a la maqueta de la torre-, mientras éste narraba a los asistentes las ventajas del megaproyecto. La cuestión es que aún no se sabe a ciencia cierta qué usos contendrá el edificio, pero se sabe el "estilo" y la firma encargada de proyectarlo.

La presentación, tenía como función buscar clientes que estén interesados en invertir. “Clos buscaba clientes para más de un millón de metros cuadrados de suelo en tres promociones, y el vendedor principal era Gehry ”– escribió el corresponsal de La Vanguardia.

Craig Webb, arquitecto colaborador de Gehry, asegura que el proyecto puede modificarse cuando aparezcan los clientes. “El diseño inicial– efectuado por Gehry en sólo un mes, (...)- es en realidad una especie de farol. Se trata de generar suficiente expectación para que el proyecto siga adelante, pero sin cerrarlo tanto como para no poder cambiarlo”.

Está claro que lo importante del proyecto no es lo que contiene, ni a quién va dirigido, ni cuánto cuesta, o si es o no necesario para la ciudad. Lo importante es que está firmado por Frank Gehry.

Los nombres de los arquitectos se han convertido en marcas comerciales. La prueba más flagrante ocurre con los ya desaparecidos, y en cuyo nombre se sigue construyendo. Se puede establecer un paralelismo entre las ciudades y los lugares propios para el coleccionismo, es decir, los museos: “Muchos coleccionistas –y también museos- compran nombres, marcas, en lugar de obras”- escribe John Berger. A lo cual se podría responder que muchos alcaldes– y también ciudades- coleccionan nombres, marcas, en lugar de obras de arquitectura.

El aparador


Tod's  Building. Toyo Ito.

Las ciudades viven una especie de carrera publicitaria, han de figurar en la órbita mundial para no desaparecer del mapa. Como en una competición, se vigilan unas a otras, para ver en qué pueden destacar. Basta observar las ‘olimpiadas publicitarias’ que se realizaron en 2005 para elegir la sede de los Juegos Olímpicos del 2012.

Al parecer, es prioritario ser sede de alguna olimpiada, de alguna exposición universal, de algún forum de las culturas (aunque de cultura pueda tener poco), de algún mundial... en fin, de cualquier cosa que nos haga ser protagonistas en el mundo. Cualquier excusa es buena para transformar una ciudad. Lo importante es figurar.

Para ello los alcaldes, en una estrategia comercial, se esfuerzan en contratar a los arquitectos más mediáticos. No importa el contenido ni la función de los edificios asignados, lo importante es que en la ciudad haya alguna obra de uno de estos afamados arquitectos.

Es posible imaginar una conversación entre alcaldes españoles (aunque también se podría escuchar en otros países), repasando la lista de los arquitectos del "star system" y preguntándose si ya tienen en su ciudad a tal o a cual:

- ¿En vuestra ciudad tenéis algún edificio de los arquitectos suizos Herzog & de Meuron? Acaban de hacernos un edificio precioso, forrado con un material rugoso y de color azul.

- Estamos en ello. Dentro de poco inauguramos un museo, que es una monada, ya lo verás.

- Y de Toyo Ito, ¿Tenéis alguno?

- De momento no tenemos nada, pero ya encontraremos algo para que venga.

- ¿Y de este otro arquitecto australiano? Que no es tan conocido pero me han dicho que ganó el Premio Pritzker, ¿Cómo se llama?

- Ah, el Glenn Murccutt.

- Sí, ése, ése.

- Pues ese no te lo recomiendo, no es muy comercial y se dedica a hacer casitas a nivel regional.- Si contratas a un Gehry, aunque te salga caro al principio, a la larga te resultará rentable y sino mira el cambio que ha tenido Bilbao.

- Sí, tienes razón, una manera de aparecer en el mapa es trayendo a uno de esos arquitectos "estrella". Mira lo que está pasando con Hospitalet de Llobregat: están construyendo un Foster, un Ito, ya tienen un Siza y pronto tendrán un Nouvel.

Y otro alcalde, más prudente, podría decir:

- ¡Tened cuidado colegas! No os vaya a pasar como al Real Madrid, que por dedicarse a fichar galácticos se olvidó de formar un equipo, y mirad los resultados.

Walt Disney Concert Hall. Frank Gehry

Las asociaciones entre la moda, el fútbol y la arquitectura no son del todo descabelladas. Ahora, todas ellas forman parte del negocio y del espectáculo.

En lugar de vivir de un desaforado protagonismo, insuflado por la especulación y por la imagen, ¿No sería más conveniente, acaso disfrutar de un sano anonimato? Los políticos y los mercaderes nos quieren hacer creer que las ciudades que habitamos son fantásticas, cuando en realidad en ellas, el estado de bienestar es aparente. El problema fundamental de las ciudades actuales no radica en erigir nuevos símbolos promocionales (de ello ya se tiene bastante), sino en la especulación de la vivienda. Las administraciones hacen poco por resolver este problema (están más dedicadas a la publicidad que a otra cosa). Se han rendido al mercado salvaje, que llena las arcas de promotores, constructores y bancos (que en definitiva son los mismos) y que mantiene, con el agua al cuello, las economías familiares.

La labor de un alcalde no debería ser la de intentar "vender" su ciudad, sino la de proporcionar un mejor hábitat a sus conciudadanos.

Las ciudades se han convertido en aparadores donde se exhiben los edificios maniquíes, en pasarelas por donde desfilan los disfraces. Ciudades aparentes, sin contenido. Ciudades espectrales.

Modelo

Torre Agbar. Jean Nouvel.

Acabado el Fórum, y olvidadas ya las olimpiadas, el Ayuntamiento de Barcelona y la empresa Aguas de Barcelona han aprovechado el momento para presentar el nuevo icono de la ciudad: la Torre Agbar, diseñada por Jean Nouvel.

La torre es un claro ejemplo de este fenómeno cultural basado en el culto a la imagen. Sus patrocinadores se han encargado de realizar un ingente despliegue publicitario para hacer de la torre el nuevo símbolo de Barcelona.

Pese a ello, la respuesta de la ciudadanía no ha sido del todo satisfactoria. El obelisco se ha calificado de poco sensible con su entorno. Algunos, de manera despectiva, lo denominan misil, cohete, pintalabios, supositorio o, incluso, consolador –las asociaciones formales resultan inevitables.

Por su parte, Nouvel justifica la obra relacionándola con las torres de la Sagrada Familia de Antonio Gaudí, con los pináculos de piedra de la Montaña de Montserrat y con un borbotón de agua, un geiser, en alusión a la empresa que patrocina la torre.

Se ha de remarcar el esfuerzo que demostró Nouvel durante el proyecto, intentando prever los efectos que el sol produciría en la fachada del edificio. Además de las simulaciones realizadas mediante ordenador, se hicieron varias pruebas construyendo trozos de la fachada en tamaño original. El efecto alcanzado en la obra culminada no ha resultado el que se preveía, pues el smog y el polvo acumulado sobre los cristales atenúan el brillo de la superficie.

Torre Agbar

Valiéndonos de un lenguaje propio de las pasarelas, podríamos decir que la Torre Agbar es un modelo ajustado, entallado mediante un corsé metálico, cubierto de arriba a abajo por un velo traslúcido que, por debajo, deja entrever un croché multicolor y que, con el juego de luces, produce brillos similares a los destellos que provocan las lentejuelas. Para la noche, el traje tiene la propiedad de transformarse, enciende sus llamativas luces de colores, causando un verdadero EEESSSPECTÁCULO MULTICOLOR.

Parece que el presupuesto inicial de la torre se ha visto rebasado con creces. Ver construida la ensoñación del arquitecto ha costado a la empresa, a la municipalidad y principalmente a los contribuyentes, quienes son los que pagan el agua, más del doble de lo inicialmente presupuestado. Los gastos se han incrementado, sobre todo, en el mantenimiento del edificio. Se ha encargado a una empresa la limpieza permanente de la fachada –tan pronto terminan abajo, han de volver a comenzar por arriba.

Pero independientemente de los aspectos concretos que rodean la costrucción de la Torre Agbar, es evidente que el control de los presupuestos en España parece ser de imprecisa aplicación. Hace poco, en una conferencia, Toyo Ito explicaba que el Parque de Relajación que realiza en Torrevieja, está paralizado porque el presupuesto se había acabado, y que ésta misma situación en Japón sería causa del inminente despido del arquitecto. Sin embargo, el alcalde de Torrevieja dijo al arquitecto que no se preocupara, y que de un modo u otro se conseguirían los recursos para terminar la obra. Lo dicho: no importa a qué coste, lo importante es tener un arquitecto de renombre que esté por delante de la obra.

La élite

L'Hemisferic. Santiago Calatrava.

¿Cuántos de nosotros podemos lucir un traje de Alta Costura? Resulta obvio que muy pocos. Los grandes diseñadores de moda producen prendas que sólo unos cuantos se pueden permitir. Sus diseños van dirigidos a un reducido sector del público, a una élite; el resto se aviene con lo convencional. Igual le está pasando a la arquitectura. Se piensa que ésta consiste en los grandes y publicitados proyectos, pero esto, en realidad, es una falacia.

La arquitectura se ha convertido en un servicio dirigido a una éite política, económica o institucional y en el que se ha perdido su principal ocupación: el interés social. Los arquitectos hemos desviado el rumbo de nuestro verdadero oficio. Nos "vendemos" a las inmobiliarias, a los ayuntamientos y a los promotores de turno que compran nuestros diseños.

Una muestra del extravío de nuestra labor es que la mayoría de los edificios que se publican –o sea, los que marcan los derroteros del oficio- son museos, aeropuertos, estadios, torres de oficinas de multinacionales, en fin, los grandes proyectos, pero escasamente son los relacionados con las necesidades más básicas y perentorias de la humanidad. Me refiero en particular al tema de la vivienda.

El sector de la vivienda es sin duda el de mayor demanda y construcción, pero paradójicamente es uno de los temas menos difundido y en el que menos se avanza e investiga. La vivienda se ha dejado en manos de los especuladores, que reproducen las tipologías convencionales que ya les son rentables.

La arquitectura se ha banalizado de tal manera que ya forma parte de la cultura Light, de lo ligero y aparente. Confiemos en que, como las modas, se trate de un planteamiento pasajero y que, en su lugar, emerja una nueva arquitectura acorde con las verdaderas necesidades de nuestro tiempo.

Jaime Sarmiento

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La Arquitectura como regalo


Uchronia.Imagen por **AlmostJaded** / CC=by nc nd/2.0

[Bv]Bitácora Virtual es un inspirado blog chileno, cuya lectura recomendamos a todos los amantes de la arquitectura, el urbanismo y... ¿la vida?. Desde él nos llega este post, que nos invita a pensar acerca de una forma de entender la arquitectura más libre y generosa. La arquitectura como regalo...

Tiempo atrás estuvo muy presente en los medios y blogs referidos a la arquitectura y el arte, el pleito entre el afamado arquitecto Santiago Calatrava y el Municipio de Bilbao, por los cambios realizados a la pasarela del puente “Zubi zuri” (obra de Calatrava), para empalmar con otra obra del arquitecto japonés Arata Isokazi.

El caso se extendió desde el ámbito contractual entre privados, al ámbito público propio de la Arquitectura como obra de arte. Pero incluso fue más allá, posicionándose como una arista más en la discusión que se sostiene actualmente en referencia al campo de dominio que están alcanzando los derechos de autor, sobre obras en general.

Finalmente el caso concluyó en que la oficina de Calatrava perdió el pleito con el Municipio, además de cargar con la opinión general que lo criticó por lo que parecía ser un reflejo de soberbia y egocentrismo personal. Pero el caso, documentado en los medios, polarizó los ejemplos y simplificó los antecedentes en discusión, lo que puede terminar por restringir la percepción que el público se hizo sobre algunos temas relacionados a la autoría de una obra de Arquitectura o cualquier obra de arte. Cosa que a mi juicio es un entendido superficial, ya que lo que se supondría que intentaba discutir, es la "permanencia e integridad" de la obra en el tiempo. Evitar que esta sufra algún grado de degradación que pueda atentar en su durabilidad y existencia.

En este artículo pretendo resaltar algunas otras obras del ámbito de la Arquitectura, que como antecedentes creo que permiten abrir el espectro de los ejemplos que se estuvieron discutiendo en ese caso; ya que pienso que el lector puede caer en el error de creer que los arquitectos citados y las leyes españolas en juego, engloban todo el universo de la Arquitectura. Cosa que no es efectiva.


Uchronia.Imagen por msr / CC=by nc nd/2.0

En efecto, los ejemplos de Arquitectura que estuvieron en discusión en el pleito Calatrava vs Bilbao, son públicamente reconocidos como obras de arte (y también de marca, como dicen algunos), y ciertamente están envueltas en un ámbito muy comercial. Son obras hechas por encargo directo y muy caras. Que logran estar consideradas como bienes de alto valor artístico, a pesar de las muchas regulaciones y normativas, que limitan su creatividad. Pero también son obras que se postulan como "no efímeras". Es decir, ser fuertes, trascendentes e inamovibles.

Pero esta Arquitectura, no es la única Arquitectura. Hay muchas, muchas otras. Algunas tan meritorias y originales, como para merecer estar sujeta a una férrea legislación protectora. Y sin embargo, están planteadas en un sentido contrario. Simbolizando conceptos como la gratuidad, el donar, el desprendimiento y lo temporal.

El año pasado, en varios sitios y blogs, la obra de la imagen superior fue muy comentada bajo el título de “Arquitectura efímera” o “arquitectura de lo precario”. Se trató de una estructura conformada por listones de madera, diseñada por Arne Quinze, para un evento llamado “Burning Man Festival“, realizado en Death Valley (EE.UU).

Dicha obra (versión a gran escala de otras que ha realizado) destacaba por el protagonismo de su material único y en su especialidad y volumetría, contrapuesta con el desértico paisaje. Pero el clímax de su concepción lo marca el que una vez finalizado el evento que le dio lugar, la obra fue quemada en un apoteósico acto de cierre.

Quinze explora con su obra, un campo que parece que se encuentra entre lo escultórico y lo arquitectónico. Donde la simpleza de los materiales y las formas es reflejo de una gran libertad creativa y una etérea belleza. Si bien su obra tiene una dimensión arquitectónica, que incluso se inscribe en zonas urbanas, no se limita ni regula en las leyes y ordenanzas municipales. Lo que es un plus otorgado desde el ámbito y libertad del arte escultórico.

Cuando vi las imágenes de esta obra, encontré que era curiosamente muy similar a esta otra obra, que conocía y que fue realizada por los talleres de la Escuela de Arquitectura de la PUCV, durante un viaje de estudio a una localidad rural llamada Trehuaco, en Chile, en 1986.


Obra de travesía. Trehuaco, en Chile, en 1986. Archivo personal de Claudio Girola.

Esta imagen que vemos, también de estructuras de listones de madera apilados, corresponde a una construcción laberíntica levantada en terrenos próximos a una empresa maderera (de ahí el material). Se trata de una obra espacial abstracta, como una suerte de "instalación" o ejercicio espacial, realizada por alumnos y profesores de esta escuela. Frente a ella, vemos una estructura lineal de color blanco, y que corresponde a una obra escultórica del profesor y artista argentino Claudio Girola, llamada “Dispersa I”.

Después de varios días de labor, y una vez que los alumnos y profesores concluyeran los trabajos, se realizaron actos de inauguración y celebración en ella. Pero a diferencia de la obra de Quinze, esta no fue quemada ni desmontada, sino tan sólo dejada en el lugar.

Lo efímero

Trehuaco, en Chile, en 1986. Archivo personal de Claudio Girola.

Ambas obras, en su momento, fueron identificadas como efímeras. Se habla de efímeras, estableciendo una clasificación que ni siquiera es clara en su sentido. ¿Es por algo relativo al tiempo de duración? ¿Es por el tipo de material utilizado? ¿O a caso es una combinación de ambos, apuntando a obras que parecen ser muy frágiles.

Creo que el apellido "efímera" confunde y no permite analizar las verdaderas características que poseen estas obras, así como su dimensión de obras del campo de la Arquitectura. Condición, que en el caso de la Obra de la Escuela de la UCV, es oficialmente establecido, asumiendo incluso su breve temporalidad.

Y es que el ser efímeras no es un excluyente o un defecto de una anti-arquitectura. Es más, para estas obras, ni siquiera se considera parte de la ecuación. Por ejemplo, en el primer caso de Quinze, el término se le asigna casi exclusivamente por el tipo de material utilizado y el hecho de haber sido destruida al final de Festival. El periodo relativamente breve de existencia, y su destrucción pública hace que alguna gente la marque con el mote de "efímera". En el caso de la obra de Trehuaco, en Chile, la obra no se destruyó y seguramente duró algo más de tiempo. Pero podemos suponer que no permaneció inalterable tampoco, por un periodo de tiempo muy prolongado.

Pero, el tema principal en ambas obras no es lo efímero de ellas, ni la similitud del material usado, sino el especial sentido que el concepto de “Acto”, tiene en sus respectivas concepciones (un “Acto” que en el caso de la obra de Trehuaco tiene nombre: “la dispersión”).

Entenderemos aquí como "Acto" al sentido mismo que las obras cumplen mientras permanecen. Es esta dimensión de Acto la que les concede la profundidad y complejidad de Obras de Arquitectura. Se trata de Actos, que conllevan símbolos, significados y mensajes. Desde la concepción misma (el proceso de la construcción de la obra de Quinze, fue fotográfiada y publicada en muchos sitios), luego en el esplendor de la presencia de ambas obras frente al paisaje (que se goza en su espacialidad, habitabilidad, contemplación y recorrido en estado puro, sin utilitarismos), para terminar en su cierre final (conclusión, celebración, abandono y destrucción).


Otra obra (sin nombre) construida en las proximidades del Palacio sumergido, provincia de Cochicó. Argentina, 1990.

Realmente, ambas obras son un acontecimiento con mucho de lúdico (juego) y de disfrute. En ambas la “Fiesta” es su marco-momento. Y ambas tienen su clímax (aunque en la obra de Quinze es más visible por la cobertura mediática: el cuerpo erigido en el desierto, iluminado de noche, y finalmente sacrificado en el fuego).

Ambas obras son abstractas en su sentido de lo práctico y funcional, pero en cambio, son muy directas y concretas en su sentido de ser todo “Acto”, todo “Fiesta”, todo “Juego”, todo "Celebración". Los escribo con mayúscula, puesto que más que conceptos, son importantes actos arquitectónicos, cívicos y urbanos.

Pero lo más importante de ambas obras, es el acto referido a la condición de "regalo". Tanto en la de Trehuaco como la de Quinze.

En el caso de las obras de la Escuela de Arquitectura de la PUCV, todas son regalos de la Escuela al lugar y los habitantes que están allí. Sus actos de conclusión suelen comprender una ceremonia de entrega, de donación de la obra a la autoridad más cercana, sea esta un alcalde, gobernador, o un vecino.

Así, igualmente es con la obra de Quinze. De hecho, es un error suponer “efímera” a la estructura de Quinze por haber sido quemada. Ese no es el sentido. No tiene nada que ver la temporalidad con el fuego. En el caso de la obra de Quinze, el sentido del sacrificio del fuego es el de “ofrendar”. Como la vestal que “ofrenda” a los dioses en el altar de un templo. Ofrenda=regalo. Es el acto de “regalar” la obra, al modo pagano, para con el acto de cierre del festival.

Ambas tienen como similitud fundamental una suerte de acto público de entrega, De regalo. Y donde lo temporal, no es que sea una condicionante de los efímero de ellas, sino que es una característica propia, asumida y no temida.

Arquitectura de travesía


Palacio sumergido, provincia de Cochicó. Argentina, 1990.

Podemos encontrar muchos otros ejemplos de obras de Arquitectura con esta dimensión de actos significantes. El caso de la propia Escuela de Arquitectura de la PUCV es un ejemplo de multitud de obras de este tipo, ya que lleva más de 20 años construyéndolas por todo el continente americano. Este tipo de Arquitectura que ha desarrollado con los años, se llama Arquitectura de travesía.

Todo lo que gira en torno a las obras de la Escuela de Arquitectura de la PUCV está dado por la gratuidad y el desprendimiento. No se encargan. No se venden. No hay clientes. Los arquitectos y alumnos que las diseñan, son los que las construyen (y los que las financian). Su emplazamiento en lugares remotos conlleva a que tampoco hay muchas leyes o regulaciones urbanísticas a seguir en su diseño y construcción. Es decir involucran un alto grado de libertad.

Se trata de obras, que se construyen como acto concluyente de un viaje de estudio de profesores y alumnos (travesía). Suelen estar asentadas en lugares muy remotos, y definidas en el momento y lugar mismo del viaje.

Son ligeras y frágiles. Construidas con materiales sencillos y en periodos muy breves de tiempo. Y por lo general son bastante "efímeras". Algunos las llamarían “Instalaciones”, pero son obras de Arquitectura íntegras. Definidas y claras en su planteamiento. Que no se condicionan por su desgaste o entropía.

Son obras de una libertad poco común. Inspiradas casi únicamente en las observaciones recogidas del territorio, al recorrerlo.

Pero lo que más llama la atención, es que es una Arquitectura que está planteada, en el entendido de un total abandono. Se dejan en la soledad de la pampa o en la arisca ladera de un cerro, expuestas al tiempo y la intemperie. Su duración o cuidado no es tema que preocupe, pues se trata de reconocer que su destino está dado a existir y cumplir su sentido, más que a trascender eternamente. Son pura entrega y más que nada un REGALO.


Palacio sumergido, provincia de Cochicó. Argentina, 1990. Planta.

Un regalo, puesto que se entiende que su lugar de instalación y su inspiración son posibles gracias a la extensión del territorio que las acoge y da lugar. En ese sentido, todas las condiciones son aceptadas como dones y agradecidas. Y de la misma forma, una vez concluida su construcción, son donadas a quién más corresponda. Ya sea un gobernador de la región o un simple arriero que vive en las proximidades.

No se pidió nada y por tanto nada se compromete. Todo se funda en el mero respeto que todo regalo inspira. Y así suelen entenderlo todos aquellos a quienes se les entrega. Y que siempre agradecen.

Por que un regalo, más que obsequiar, en este caso… celebra esta condición de creación en libertad.


Plaza Esquina, Obra de travesía realizada por la Escuela de la PUCV. Villa el Totoral, Argentina. 1994.
Planta de escalera de juegos


Como ex alumno de esta escuela, me tocó participar de estos viajes. Aquí pongo un texto que en una ocasión escribí sobre esa experiencia:

"La primera obra de Arquitectura en la que participé fue en mi primer año de carrera. En 1990. Y fue una travesía...

Se escogió un lugar especial para llevarla adelante. Un lugar que nos despertara, que nos conmoviera. Pues era a partir del lugar, que la obra sería concebida. Y ese lugar fue la Pampa húmeda en Argentina. A media longitud entre el océano Atlántico y el Pacífico.

Jamás imaginé un lugar más radical... más absoluto. La “máxima abstracción de la extensión”, la llamábamos.

Con un entorno que se resumía a un horizonte rectilíneo y la mirada que se perdía absorbida por una profundidad infinita. Setenta personas caminaban en una suerte de peregrinar sin rumbo, atravesando un limbo sin tiempos, ni distancias.

Y fue gracias a esa brutal simplicidad (donde la “extensión americana” literalmente “giraba” en torno nuestro desorientándonos), que todos nuestros sentidos, en lugar de anularse por completo, se volvieron particularmente sensibles.


Escultura de Claudio Girola, llevada a la Travesía Cochico 1990. Colocada en el interior del Palacio sumergido.

Y comprendimos cual era el “Acto” que debíamos construir con la Arquitectura.

El acto de una “desorientación que diera lugar”.

Así, por primera vez cobró valor el concepto del “aquí”.

Pero ¿cómo trazar y referenciar los límites en medio de la desorientación? ¿Cómo establecer las cordenadas arquitectónicas en el mundo infinito?


Y caminamos sigilosos mirando una noche las estrellas. Única fuente de orientación. Las reconocimos y las llamamos. Las atrapamos en una relación cósmica.

Luego, las proyectamos hasta nuestros pies... y trazamos un "lugar" con bordes y límites. Con centros y esquinas. Un dibujo escala 1:1 que definió nuestro "aquí".

Así, lo construimos y lo llamamos “palacio sumergido”.


En donde se pasaba desde la desorientación del campo de la pampa, a la orientación que da el lugar constituido arquitectónicamente. Y de allí a una suerte de nueva desorientación en el interior mismo de la obra.

Y tenía entradas.


Y tenía miradores.

Y tenía pasillos.

Y tenía salones.

Y tenía emplazada al final de su corredor más largo, en lo más profundo de su salón más interior, una “monstruosa escultura”, que acechaba como el Minotauro, al fondo de su laberinto".



Obra de travesía "ATHENEA". Santiago de Chile. 1987. Fotografia y planta del conjunto

Ciertamente hoy, mucho de la arquitectura más reconocida, y elaborada por arquitectos destacados, proyecta una imagen de tendencia internacional y fuertemente ligada a lo comercial. Una arquitectura mercantil. De producto de marca, que la hace ser costosa para la ciudad que la acoge. Se vuelve adorno y por tanto se cree que deben ser trascendentes e intocables. Arquitectura de lujo, tan exclusiva que las vuelve también poco sociales.

Pero existe también la arquitectura que es obra como la de Quinze y la propia Escuela de la PUCV. Una arquitectura casi antagónica a la tendencia de la mercantilización de hoy. Es una arquitectura, que apela a los actos espirituales, que rescatan o vuelve a aflorar ese vínculo social con los actos urbanos de encuentro y ocupación. Una arquitectura que da lugar a la celebración de fiestas y juegos. Y que contempla en su sentido mismo actos de entrega y compartir desde una gratuidad, como es el donar o el regalar. No son efímeras en el sentido de una anti arquitectura que desaparece y no trasciende. Puesto que su objetivo principal es constituir actos llenos de sentido. Son arquitecturas llenas de actos de libertad de toda atadura. Tanto materiales como temporales.

Bibliografía recomendada:
La Escuela de Valparaíso”, Rodrigo Pérez de Arce y Fernando Pérez. Tanais ediciones S.A. Madrid, España. 2003

"La Ciudad Abierta”, Massimo Alfieri. Editrice Librerie Dedalo, Roma, Abril 2000.

Rafael Moya Castro [Bv]Bitácora Virtual

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