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ISSN 1989-6387


Huevos de Oro


El mismo día que Lehman Brothers se declaraba en quiebra, Damien Hirst batía en Sotheby's todos los records de cotización del mercado de arte contemporáneo. Desde Muack nos hablan de esta y otras situaciones que retratan la frágil línea que separa arte y especulación.

Junto a Bowling Green Park, a pocos metros de Wall Street, se erige orgullosa la figura de un enorme toro dorado. Es The Charging Bull, una escultura de bronce de 3200 kg. de peso, que el artista Arturo Di Modica depositó en este lugar en 1989, justo cuando la crisis bursátil del 87 empezaba a parecer definitivamente superada.

The Charging Bull simbolizaba entonces los orgullosos valores del mercado. Determinación, energía, liderazgo, fuerza y… virilidad. De hecho, el toro de Wall Street presenta tal empuje hacia adelante, que sólo el contrapeso del enorme saco escrotal que cuelga entre sus patas, evita que estampe su hocico contra el suelo. A finales de los 80, los enormes testículos dorados de The Charging Bull se convirtieron en el centro de gravedad del capitalismo mundial.


The Charging Bull se erigió apenas un mes después de la caída del Muro de Berlín. Corrían días de optimismo y entusiasmo para las economías occidentales, en los que Gorbachev se reunía con los líderes neocon con la mancha de la vergüenza escrita en la calva y Fukuyama anunciaba al mundo el Fin de la Historia. La Guerra Fría se había ganado y solo restaba sentarse a administrar el botín.

Cada mañana, cientos de brokers camino del trabajo, echaban una mirada al becerro de oro y, orgullosos, sentían un tibio calor en la entrepierna. Los más afortunados, desde sus limousinas negras, percibían su fugaz reflejo dorado a través de los cristales tintados. La furia de The Charging Bull era su propia furia. Su determinación era la que les llevaba a conquistar un mundo definitivamente rendido a sus pies.



Hoy no queda nada de todo aquello. The Charging Bull continúa embistiendo al mundo, pero ya nadie le toma en serio. Turistas de todo el mundo se fotografían tocándole las pelotas, confiados en que les dará buena suerte. Su mirada furiosa, ya sólo refleja brutalidad. Una estéril exhibición de fuerza descontrolada e inútil… Tras su apariencia terrible, el becerro de testículos dorados resultó ser tan solo la gallina de los huevos de oro.

La maldición de Damien


El mismo día que Lehman Brothers se declaraba en quiebra, Damien Hirst batía en Sotheby´s el récord de ventas del mercado de arte contemporáneo. En los informativos de televisión de aquel día de septiembre, las imágenes de los empleados de Lehman Brothers marchándose a casa con sus trastos metidos en una caja de cartón, compartían espacio con los tanques de formol llenos de despojos de Hirst.

La subasta de Damien Hirst en Sotheby’s marcó un hito en la comercialización del arte contemporáneo. Por primera vez, se subastaba la obra reciente de un artista, 223 piezas, sin la mediación de ningún intermediario ni galerista. "Si alguien hace dinero, que sea el artista" declaró Hirst al presentar su iniciativa. Poco importa que más tarde se descubriera que su galerista había inflado la subasta. A pesar de la crisis, o quizás gracias a ella, su resultado superó todos los pronósticos. Damien Hirst se embolsó aquel día 140 millones de euros.

La obra más importante de la subasta era The Golden Calf, un ternero charolés de 18 meses sumergido en una urna de formol colocada sobre un pedestal de mármol de Carrara. La testuz del animal está coronada por un disco de oro macizo de 18 kilates. Las pezuñas, los cuernos y la propia urna también son de oro. Los medios mostraron la pieza desde todos los ángulos posibles, pero hoy, en la web de Sotheby’s, la imagen del becerro no está disponible para preservar los derechos de autor de Hirst.


Quizás deslumbrados por el brillo del oro o simplemente distraídos por la puesta en escena de Hirst, los medios de comunicación apenas prestaron atención a la propia pieza. Se habló mucho acerca de la subasta, del desorbitado precio de los lotes e incluso de si un animal disecado podía considerarse como objeto artístico, pero muy pocos repararon en su significado.

Es comprensible. Sin embargo, más allá del dinero y de sus cualidades artísticas (... o de la ausencia de ellas), vale la pena detenerse en la historia del Becerro de Oro. De hecho, se trata de una narración fundamental para entender nuestro modo de relacionarnos con las imágenes.

Según el Éxodo, , los judíos, en su travesía por el desierto, decidieron construir una deidad que les guiara y sirviera de consuelo. Aaron fue el encargado de fundir en oro la figura de un becerro al que el pueblo comenzó a rendir culto y ofrecer sacrificios.

Cuando Jehová reparó en ello, decidió castigar la idolatría de su pueblo. Sólo la intervención de Moisés, que previamente había destruido la figura, logró aplacar la ira divina. Desde entonces, el Becerro de Oro simboliza la idolatría, el materialismo y la avaricia. De hecho, se le considera como una de las representaciones del diablo. Su influencia, a través de las continuas querellas sobre la conveniencia o no de venerar las imágenes, ha sembrado la Historia de cadáveres, tiñendo de sangre nuestro modo de entender la representación.


El Becerro de Oro nos permite entender mejor el papel que desempeñan las imágenes en nuestra cultura. Convertidas con frecuencia en símbolos de poder, perseguidas y adoradas con vehemencia durante siglos, las imágenes que nos rodean son herederas de aquel becerro fundido en el desierto.

Cuando hace unos años los talibanes hicieron saltar por los aires las figuras de los Budas de Bamiyan por considerarlos una muestra de idolatría, cuando los marines norteamericanos derribaron con sogas la estatua de Sadam en Bagdad, cuando se queman públicamente retratos de la Familia Real e incluso cuando se persigue y juzga a quienes lo hacen, estamos asistiendo a manifestaciones de ira iconoclasta muy similares a la que llevó a Moisés a destruir el Becerro de Oro.

Ahora, como entonces, las imágenes son el soporte simbólico sobre el que proyectamos nuestros deseos y nuestros temores. Hirst, consciente de ello, recupera la figura del Becerro maldito y nosotros, como aquellos judíos que en mitad del desierto se sentían abandonados por su dios, veneramos su figura, legitimada por el mercado y por unos cuantos millones de euros.

El retorno de Damien


Ya se sabe, las segundas partes nunca fueron buenas. Por lo general, sólo tratan de explotar económicamente lo que quizás un día fue una buena historia. Algo así parece ocurrirle a Damien. Después de forrarse en plena crisis y llenar las pantallas del mundo entero con sus vísceras, sus calaveras y su particular retrato del diablo (o lo que quiera que sea), Damien Hirst sigue reclamando protagonismo mediático y sobre todo… dinero.

Desde la famosa subasta, Hirst ha participado en la exposición Statuephilia, llenando varias estanterías del British Museum con calaveras de colores. Sin embargo, en esta ocasión, el protagonismo mediático ha recaído en Siren, el retrato que Marc Quinn ha realizado de Kate Moss con 50 kg. de oro macizo. Hirst también ha estampado con calaveras y drippings una edición limitada de pantalones y camisetas Levi's 501. Pero ni siquiera viendo sus cráneos plantados en las posaderas de la muchachada mundial se da por satisfecho..

Su última aparición en los medios ha sido con motivo del despido de 20 trabajadores de Science LTD, la empresa de su propiedad que se encarga de la fabricación de sus piezas. Se trata de la mitad de la plantilla de sus talleres londinenses. Cada uno de ellos tenía un salario de unos 22.000 euros al año.

Como cualquier otro fabricante de productos de lujo a gran escala, Hirst ha considerado necesario recortar su producción, quién sabe si para evitar la saturación del mercado en estos momentos de crisis. Pueda que un próximo paso sea trasladar la fabricación de sus piezas a China, como hicieron en su momento Von Hagens y otros amantes del arte visceral… Corren malos tiempos para la lírica, además de para las finanzas. Consolémonos recordando las palabras de la Bruja Avería: “Viva el mal, viva el capital”.

Ángel Fernández Fernández.

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Ideas 2.0


Todos hemos sido testigos de como el Chiki Chiki ha subido a los “altares” de la popularidad musical por la vía rápida;
myspace.

Rodolfo Chikilicuatre ha conseguido en un tiempo récord, lo que muchos músicos no lograrán jamás. Empleando un mínimo de talento musical, pero toda una estrategia de comunicación 2.0, los medios se han rendido a sus pies. Bastó encender la chispa adecuada para que corriera la pólvora Friki planteando un dilema; ¿Es esto la democracia digital?.

Los usuarios de Internet, que han sido los artífices de este fenómeno son clientes activos, y eso lo saben las marcas. La interactividad que proporciona la red da la oportunidad de hacer encuestas, sondeos o un insistente “califica este contenido” a la vuelta de cada ventana que abrimos.

No es casualidad que en la actualidad, las campañas televisivas y los soportes exteriores se combinen con Internet, que se ha convertido en la piedra angular que es capaz de dar una dimensión global al mensaje publicitario. Según un estudio de IAB (Internet Advertising Bureau), Pricewaterhousecoopers y World Advertising Research Centre, la publicidad on line superará a la de televisión en 2009 en el Reino Unido. El zapping, cada vez más, se hace con el ratón.

El posicionamiento de las empresas en Internet se ha convertido en un punto estratégico de toda acción de comunicación. La editora jefa de la prestigiosa revista londinense Contagious, Jess Greenwood, afirma que Google no es buscador, sino un lugar en el que ver la reputación de tu marca. Los buscadores, en alianza con las redes sociales, están revolucionando la metodología del marketing y de la publicidad.

Según Greenwood, la publicidad convencional pierde influencia, al tiempo que la gana la opinión de amigos y conocidos. Aquí entra en juego el protagonismo, cada vez mayor, de los bloggers, algunos de ellos convertidos en auténticos gurús.

Las empresas están uniéndose a esta tendencia de formas dispares. Para todas ellas es esencial rastrear con motores de búsqueda especializados en blogs las referencias que puedan aparecer sobre su marca. Por un lado, para estar al tanto de lo que se dice de ella, pero también para evaluar los comentarios que su bien más preciado, los consumidores, realizan sobre sus productos de forma “no condicionada”. Se aspira a saber de qué habla la gente y lo más parecido a esa voz, se encuentra en los blogs.



Jordi Farga, Rosa Jímenez Pereda y Luis. Premio del público al mejor anuncio Notodopublifest

Los responsables de marketing, publicidad y/o comunicación de las empresas se han convertido en voyeurs de la red y han visto multiplicarse exponencialmente la complejidad de su trabajo. Ya no basta con controlar la prensa escrita, radio y televisión. Internet se ha convertido en la información instantánea y viva donde cualquier ciudadano puede ensalzar una marca o hundirla, si sabe combinar su opinión con un formato adecuado que impacte en la red. Las empresas rastrean no solamente en los portales de noticias y diarios digitales, sino que también escrutan la blogosfera buscando su marca, tentando en ocasiones la independencia de los bloggers para ponerlos de su lado. Todo tiene un precio.

La forma menos honesta de marketing a través de los blogs, viene derivada de la creación de bitácoras ficticias por parte de las marcas para ensalzar sus productos de forma interesada. Crean páginas en las que intentan hacerse pasar por consumidores independientes que opinan de forma espontánea sobre un producto o marca; algo parecido a lo que antaño hacían las agencias de comunicación remitiendo Cartas al Director para apoyar una marca o idea.

La convergencia entre publicidad y comunicación es cada vez mayor y ha sido Internet el artífice de este fenómeno, en el que las posibilidades de llegar al consumidor se multiplican. Hay más armas para seducirle sin que lo note.


Se pueden marcar tres tendencias en relación a esto.

La intensidad relacional o art-vertising. Ahora se dispone de una explosión de creatividad que incluye ilustraciones, música, imagen. Las ideas se pueden llegar a transmitir con una mayor intensidad gracias a la multiplicación de los recursos. Hace falta toda la artillería creativa para llamar la atención y conseguir destacar en este mundo repleto de “diseñadores” y talentos al peso.

La transparencia relacional o el alter-tising. En 2007 hubo una fuerte moralización de la comunicación y de la ética de las empresas, englobado en el concepto de Responsabilidad Social Corporativa (RSC). Las marcas deben ser éticas y solidarias y, además, parecerlo.

La convivencia relacional o agree-tising. Resalta la comunicación interactiva que consiste en escuchar más al consumidor. Esto obliga a exponer a la marca a una interacción que exige, al mismo tiempo, una transparencia total para el consumidor, que pasa a convertirse en cliente.

En algunos casos, el cliente puede llegar a ser reclutado como co-creador, que participa en la elaboración de un producto o de los mensajes que lanzan las marcas. Es una forma de conocer sus gustos, captar sus ideas y trasladarlas a un producto que le resulte más cercano.


Hoy, Pepsi pone fotos de sus consumidores en las latas, Coca Cola te invita a hacer una versión de su jingle Lola y Muchachada Nui te ofrece convertirte en Muchacho de la semana. Todo por tu instante de gloria. Las marcas han descubierto el ego de sus consumidores y lo están explotando.

La televisión e Internet están tendiendo puentes de ida y vuelta en los que el usuario encuentra en la red un plus de sus programas favoritos. Cuando se apaga la televisión, se enciende el ordenador para seguir disfrutando de los contenidos que más nos gustan. Ejemplos claros los tenemos en Operación Triunfo, que mantiene enganchados a sus fans durante toda la semana, gracias a Internet o en FDF y Telecinco que dejan en manos de la audiencia, el contenido de su parrilla de programación.

Sin embargo, las noticias no son tan buenas en la convergencia a tres bandas entre Internet, la televisión y el teléfono móvil. Según The Cocktail Analisis en su estudio Televidente 2.0, se confirma que la mala calidad, el precio y el tamaño de la pantalla de los móviles están impidiendo esa simbiosis. Un 45% de los encuestados estaría interesado en ver la televisión en el móvil, sin embargo, solamente un 9% estaría dispuesto a pagar por ello.


La ciencia también aporta su grano de arena en este intento de seducir al consumidor, a través del neuromárketing. El psicólogo Christian Scheier, especializado en esta disciplina, indaga acerca de la dificultad que supone, que no exista un botón de compra en el cerebro del consumidor que los publicitarios puedan simplemente presionar. Se conoce del cerebro, cómo reacciona, cómo aprende, cómo recuerda y qué estímulos le llegan, sin embargo, todavía estamos lejos de aplicar todo este conocimiento al marketing. Scheier considera que la publicidad es seducción y que es una herramienta de información para el consumidor, que si no se tendría que pasar dos horas delante de la estantería de sopas pensando en lo que quiere comprar.

Sus claves principales pasan por afirmar que una mala campaña publicitaria para los expertos, puede sin embargo funcionar en el mercado. Destierra la idea de gusto y aboga por una publicidad que no se plantea si va a gustar o no. Para ello, se debe prescindir del grito, del escándalo o del erotismo, por ser reclamos caducos. Es difícil que el consumidor final nos aporte información sobre lo bueno o lo malo de una campaña; la publicidad funciona de forma implícita. “Nuestros clientes deben entender cómo se cimienta implícitamente un mensaje, cómo se comunica y qué se dice de forma explícita”, concluye.

Por último, queda cuestionarse sobre la explotación que las marcas hacen del talento de sus consumidores a través de concursos como notodopublifest, en el que las marcas se apropian de centenares de ideas de los participantes a un coste cero; obras de teatro que preguntan a la gente por “su primera vez” para construir un argumento “entre todos” y, de paso, allanar la ardua tarea de dar forma al guión; o el afamado Ken Follet, poniendo en manos de sus lectores la semilla argumental de su nueva novela.

¿Se trata de una forma de participar en la creación de las marcas o simplemente es el súmmum de la explotación de los consumidores, a los que no solamente se les venden productos sino que se les compran (gratis) sus ideas?



Oscar Alonso Casquero y Esteban Franco. Premio del jurado Notodopublifest

Pero no solamente las ideas publicitarias que las marcas toman de sus consumidores están siendo explotadas de forma abusiva, sino que también los contenidos que los internautas crean en Internet, están muchas veces en un limbo legal en el que difícilmente se podría reclamar la autoría legal de los mismos.

Como consecuencia de todo esto han surgido sistemas de licencias como Creative Commons o My Free Copyright, que son una alternativa para los creadores de contenidos digitales, para que puedan regular voluntariamente las condiciones que ofrecen en su obra. Porque son los autores los que eligen el tipo de licencias y permisos de usos que ellos imponen al resto de usuarios. Se desmarcan del tradicional Copyright o de las engorrosas (y caras) gestiones que supone el registro en los organismos de protección intelectual tradicionales.

Una de las voces más beligerantes en relación a la defensa de los derechos de los autores 2.0 es la del cineasta Bigas Luna, que llega incluso a denunciar que las operadoras de telefonía son las que deberían remunerar a los creadores de contenidos de Internet, que son los que además están pagando por tener acceso a la red. Según sus propias palabras, estamos en la edad media de la era digital. Considera que las operadoras son señores feudales que nos permiten cultivar patatas en sus terrenos que, además, permiten que otros entren en nuestro huerto de patatas y las roben sin remunerarnos por ello.

No obstante, parece todo un desafío y un atrevimiento el ofrecer contenidos originales dentro de la red sin el temor a que sean aprovechados de forma ilícita por otros usuarios, ya sean particulares o empresas.

Ignacio Caballero. www.espacioblog.com/manhattan

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Culture Jamming: Ruido en la transmisión

Especulador por Sam3

La realidad se ha evaporado por obra y gracia de la publicidad. En su lugar, se abre paso una hiperrealidad mucho más espectacular.

Contra este “nuevo orden” actúan activistas y artistas urbanos, que mediante acciones de guerrilla tratan de frenar estos procesos.

El Culture Jamming surgió en los años 80 como un movimiento de resistencia cultural frente a la comercialización de la sociedad, mediante acciones de guerrilla.

El artículo Culture Jamming: Hacking, Slashing and Sniping in the Empire of Signs, que Mark Dery publicó en 1999, es considerado su manifiesto fundacional.

El Culture Jamming trata de instalarse en los medios de masas de manera clandestina, produciendo mensajes críticos basados en los mismos sistemas de signos y códigos que emplean los propios medios.

De este modo, si la publicidad es el lenguaje con el que se expresa la cultura popular, el Culture Jamming se apropia de sus recursos para reformularlos y devolverlos a la sociedad en forma de mensajes subversivos.

En este proceso, la unidad básica de comunicación es el meme, un condensado de imagen, palabra o música fácilmente reconocible y transmisible de manera viral.

Así, el sabotaje cultural utiliza memes comerciales que nos son tan familiares como el logo de Nike o el “happy meal” de McDonald’s, para conseguir que los consumidores se replanteen sus hábitos de consumo.

Según Kalle Lasn, el mejor sabotaje cultural es el que introduce el meta-meme, un mensaje a dos niveles que se dirige a una imagen comercial específica, pero de una forma que pone en cuestión y desafía la cultura de dominación empresarial.

Algunos teóricos del Culture Jamming plantean que esta interferencia mediática es una manera democrática de ejercer los derechos de los ciudadanos, recuperando así el espacio que usurpan las marcas.


Cualquier acto que distorsione la onda expansiva de la cultura popular puede considerarse Culture Jamming: la intrusión mediática (media hacking), el terrorismo artístico (terror-art), las acciones de guerrilla cultural, las parodias publicitarias, el happening….

A pesar de que nada de esto es nuevo, ya que bebe de fuentes como el dadaísmo o el détournement de los situacionistas, hoy está en pleno auge gracias a Internet. La Web es el medio natural de este tipo de acciones, que la emplean como un nuevo espacio social desde el que transmitir sus acciones.

Unos de los representantes más influyentes de este tipo de movimientos son los canadienses Adbusters. Se definen como una red de activistas, escritores, parodiadores, estudiantes y empresarios que quieren impulsar un nuevo movimiento social contra los medios de comunicación.

Adbusters invitan a los usuarios a publicar sus trabajos, carteles políticos o acciones subversivas. Además, practican las billboard modifications, el Google bombing, los flash mobs, hoax

Por ejemplo, en 2004 vendieron, con una cuidada campaña de marketing, 25.000 pares de zapatillas con la imagen de Nike, pero hechas de cáñamo y neumáticos reutilizados.

The Yes Men es otro grupo de activistas que practican la "corrección de identidad". Suplantan la personalidad de poderosos para aparecer en los medios de comunicación y lanzar comentarios denigrantes sobre trabajadores y consumidores. Con ello, tratan de mostrar cómo, en vez de causar sorpresa o enojo, sus provocaciones son recibidas positivamente por la audiencia. Han pretendido ser portavoces de organizaciones tales como la OMC, McDonald's y Dow Chemical Company, entre otras.

Intervención de Sam3 en Budapest

Church of the Subgenius se describe a sí misma como una organización para gente que se considera fuera de la corriente dominante y que en realidad se burla de la religión y su descarado afán recaudatorio. También, Church of Stop Shopping y Discordianism son otras modernas y subversivas religiones que utilizan la parodia para criticar el consumo y la religión.

La Cacophony Society está formada por terroristas culturales que se dedican a organizar eventos transgresores como el llamado Santa Rampage, donde miles de personas disfrazadas de Santa Claus se emborrachan en público. Uno de los más conocidos integrantes de esta sociedad es Chuck Palahniuk, autor de El Club de la Lucha.

El Shopdropping consiste en manipular los productos del supermercado, introduciendo entre ellos sus creaciones artísticas para después devolverlos a las estanterías. No se busca tanto una forma de autopromoción como una crítica del sistema. Uno de sus más afamados representantes es Banksy.

El terrorismo cultural en la red tiene como destacado activista a Ricardo Domínguez, fundador de Electronic Disturbance Theatre y Critical Art Ensemble. Según su filosofía, si el capitalismo se ha vuelto electrónico o virtual, también el activismo debe adentrarse en el ámbito electrónico.

Para ello utilizan técnicas como el FloodNet, una forma de net art en la que muchos usuarios se conectan simultáneamente a una web para bloquearla, o el fax jam, que hace lo mismo mediante el envío de faxes, y los phone zappings, a través de llamadas de teléfono.

WTO/GATT es un sistema que apoya el sabotaje inteligente de materiales producidos y distribuidos masivamente. Una de sus acciones consistió en cambiar las voces de Barbie y G.I. Joe para que fueran las muñecas las que amenazaran y retaran al consumidor, mientras que los muñecos expresaban su deseo de ser madre.

Dowethics es un grupo que ha suplantado la web de Dow Chemical Company para acusarles de todo tipo de fechorías con el medio ambiente y responsabilizarles del accidente de Bhopal. También en G.W. Bush 0.4 suplantan la web oficial del presidente Bush.


Cars Suck reivindica el derecho de los peatones a disfrutar de las calles sin coches. Algunas de sus acciones consisten en siluetear los lugares donde han sido atropellados peatones y analizar las causas de los accidentes de tráfico.

Space Hijackers se reconocen como un grupo de “anarquitectos” secuestradores de espacios públicos que se oponen a la jerarquía que imponen los arquitectos, los planificadores y los propietarios en los espacios públicos.

En Francia, destacan Resistance à l’Agression Publicitaire y la Brigada Anti Pub, ambas con bastante influencia. Las dos se oponen al ingreso de la publicidad en las escuelas con una campaña nacional, llamada "una escuela sin marcas". En 2005, invitaron a los ciudadanos a conservar preciosamente la publicidad que les llegaba a casa para después, todos juntos, ponerla de vuelta en el correo central.

Alemania también tiene movimientos de este tipo. El más conocido es LB/a.f.r.i.k.a. Gruppe, que no es un grupo ni un movimiento organizado, sino un “pop star” colectivo. Todos los activistas del grupo tienen el mismo nombre, Luther Blissett. No suelen atacar al sistema directamente sino que trabajan dentro de los mass-media produciendo noticias falsas, leyendas urbanas e intentando cortocircuitar sus contradicciones internas.

El Memefest es un macrofestival de producciones audiovisuales críticas con la incitación al gasto compulsivo que se celebra todos los años en Eslovenia.

Muchos más ejemplos de Culture Jamming pueden verse en Rhizome o en 0100101110101101.org. En España, Consume hasta morir, Yomango, Makea son algunos grupos próximos al Culture Jamming.

Subvertising: sabotoje cultural

La forma de sabotaje cultural más extendida es el subvertising o contrapublicidad. Básicamente, consiste en utilizar la expresividad de los textos y las imágenes publicitarias para subvertirlos y producir interferencias semánticas.

Tiene sus antecedentes en la cultura pop de los años 50 y 60, que empleaban como forma de expresión la descontextualización, la incongruencia, la provocación y el humor.

Podría definirse como: “La pintada en la pared, la pegatina en la farola, la frase modificada de una valla publicitaria, la camiseta-parodia ... La clave está en la redefinición y reconquista de nuestro entorno arrancándolo de las manos de las grandes empresas.”

En general, la contrapublicidad imita la imagen y el significado del anuncio, provocando un shock visual en el espectador/consumidor. El subvertising lucha contra la hegemonía de las marcas y el consumo que establecen las jerarquías de prioridad de la atención colectiva.

Un tipo especial de contrapublicidad es el que realizan los snipers, francotiradores semióticos que practican el bandidaje publicitario. Su objetivo es cambiar, corregir o aclarar los mensajes de la publicidad. Para ello, usan paredes o fachadas que intervienen mediante graffiti y otras técnicas. La mayoría de las acciones de snipers representan una invasión del espacio privado.

Con humor, ingenio y tergiversaciones sutiles consiguen sus objetivos. En general, los insultos y las consignas planas carecen de especial fuerza subversiva.

Una de las técnicas que utilizan es el “hitlerizing”, que consiste en algo tan básico como pintar un bigote como el de Hitler en las caras de los carteles, especialmente durante las campañas electorales. Otros actos “sniper” consisten en añadir granos a los rostros de las modelos publicitarias para que su belleza se vuelva más “natural”.


Como representante destacado de este tipo de activismo destaca The Billboard Liberation Front, que cuestiona el uso exclusivo de los soportes publicitarios por las marcas y reclama su utilización pública.

También California Department of Corrections busca la subversión en las vallas publicitarias. Para ello, propone una gestión eficiente y eficaz de la publicidad a fin de incluir la atención, el tratamiento, la disciplina, la formación y el empleo. En Filadelfia actúa un grupo similar llamado SCRUB.

B.U.G.A. U.P. es un grupo australiano que se vale del graffiti para atacar las vallas publicitarias que muestran publicidad de tabaco y alcohol. Por su parte, The Buble Proyect propone que, mediante la colocación de pegatinas en blanco sobre los anuncios, el monólogo impuesto por los anunciantes se transforme en un diálogo en el que todos puedan opinar.

La web False Advertising, el blog creado por la Anti Advertising Agency o Are you genetic? ofrecen muchos ejemplos de contrapublicidad.

Pero el acto de subvertir los espacios públicos no tiene por qué ser practicado sólo por colectivos artísticos y activistas. La organización eco-action da todo tipo de explicaciones y posibilidades para que cualquiera pueda aficionarse a esta práctica.

También en Web Urbanist se encuentran algunas recetas de cómo librarnos nosotros mismos de la publicidad molesta tanto en la web, con AddArt y Adblock, como en el entorno real. Freewayblogger, muy centrada en reivindicaciones políticas, muestra paso a paso cómo hacer sus propios y modestos carteles de protesta.

En España, este tipo de acciones tiene dignos representantes como El Grupo Arbeit, Siro Lopez, El Hormiguero, El Mal o Colectivo Singular. Incluso existe un certamen de intervenciones contrapublicitarias llamado Malababa, que en 2006 contó con más de 400 propuestas.

Street Art: Reivindicación del espacio público



Mención especial merece la apropiación de lugares públicos, por puro amor al arte, sin tener por qué llevar implícito un activismo político o anticonsumo. Aún así, los resultados no son siempre fáciles de diferenciar de los del Culture Jamming.

En general, el arte urbano busca la recuperación del espacio usurpado por las empresas y la publicidad. Una de sus formas de expresión favorita es el graffiti y su evolución al postering, stickering, stensiling… Se trata de un tipo de arte inmerso en la era de la reproducción técnica de la que habló Walter Benjamin, que trata de convertir las calles en el espacio donde los artistas ejercen su particular secuestro del lenguaje publicitario.

Internet se ha convertido en una extensión de la calle para estos artistas. De un extremo a otro del mundo, intercambian opiniones e incluso juegan al llamado Bomb the World, en el cual un yo virtual puede pintar trenes y observarlos a miles de kilómetros de distancia.

Webs como Ekosystem, Rebellion, Wooster Collective, Stencil Revolution, Art Crime o Beautiful Crime ofrecen recursos interesantes relacionados con el arte urbano.


Hay tantos artistas que practican esta disciplina que es imposible enumerarlos, pero entre los más conocidos por su talento o por su capacidad reivindicativa no se puede dejar de mencionar a:

- Banksy, el artista urbano más conocido y cotizado en la actualidad. Sus obras son de carácter anárquico y provocador, con gran carga de humor. Utiliza imágenes populares, muchas veces de la propia historia del arte, que manipula para darle un sentido contrario al original. Sus creaciones han alcanzado cifras astronómicas en subastas y los ayuntamientos empiezan a conservar y restaurar sus obras.

- Zevs, que ha popularizado los graffiti limpios, en los que en vez de pintura utiliza agua a presión que aplica en superficies muy sucias. Actualmente trabaja una serie llamada Liquidated Logos.

- Ron English, un artista que libera vallas con sus propios mensajes. Ha actuado contra Joe Camel, McDonalds y Disney. Es considerado el padre del agit-pop.

- The Decapitator, que retoca anuncios sustituyendo las cabezas por sangrientos muñones. El retoque tiene tanta calidad que las imágenes finales no parecen intervenidas.

- Docteur Gecko modifica anuncios con pintura sensible a la luz artificial de manera que al iluminarnos deja ver macabros personajes.

Interesantes son también los planteamientos de Obey, Dan Witz, Akay, Dr. D, Brad Downey, Oscar Brahim y el de colectivos artísticos como The Graffiti Research Lab y Pixelator.

Hay que mencionar también a The Splasther, un crítico que ha cubierto de salpicaduras de pintura las más importantes obras de street art que ha encontrado entre Williamsburg y Soho. También Street Art Blows critica a los artistas urbanos que no hacen graffiti y se dedican a pegar reproducciones en serie por las paredes.

En España, tenemos intervenciones de gran calidad realizadas por los artistas Sam3, Noaz y Spy.

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Cuando la publicidad va de arte urbano


Las ciudades se ha convertido en el campo de batalla donde la publicidad y el arte urbano luchan por captar nuestra atención. Ambos tratan con todas sus fuerzas de conquistar el terreno del otro.

En esta batalla, el territorio urbano se ha transformado en un inmenso soporte publicitario, donde con imaginación y algo de dinero, se puede alcanzar gran notoriedad.

Durante mucho tiempo, el street art sobrevivía en el anonimato de lo que Marc Augé denominó no lugares. Espacios como las autopistas, los aeropuertos, las estaciones ferroviarias, los semáforos o el metro, eran el escenario de este arte anónimo y efímero, que con frecuencia pasaba tan desapercibido como las personas que habitan estos lugares. De eso no hace tanto.

Ya entonces, los espacios públicos estaban saturados de publicidad, pero ésta se encontraba acotada, regulada y tarifada. Ahora, las circunstancias han cambiado. La publicidad ha descendido de las vallas, los mupis y los luminosos, para instalarse a nuestro nivel, a pie de calle.

Esta invasión del espacio urbano ha provocado que en algunas ciudades tomen medidas para poner freno a la contaminación publicitaria. En São Paulo, por ejemplo, eliminaron todos los carteles y neones. Una decisión polémica que fue criticada sobre todo por las asociaciones de comerciantes que advertían de que la publicidad es la base de una sociedad capitalista sana.

También otras ciudades están empezando a tomar tímidas medidas. Por ejemplo, el Ayuntamiento de Madrid en 2006, reguló la eliminación de luminosos en las fachadas y el control del tamaño de las lonas y carteles publicitarios. Sin embargo, cuando estas medidas aún no habían entrado en vigor, se aprobó la inclusión de nuevos soportes publicitarios de grandes dimensiones que incumplen estas normativas.

Tácticas de guerrilla


Tanto las agencias de publicidad como los anunciantes son muy conscientes de que la inversión en medios tradicionales es cara y cada vez menos efectiva.

En un entorno icónico tan saturado como el nuestro, sus mensajes tienen que competir intensamente para captar nuestra atención. Además, nosotros, avezados consumidores curtidos en mil campañas, tendemos a no identificarnos con una industria que parece empeñada en tratarnos como una masa dócil e indiferenciada.

Por ello, se ha hecho necesario establecer nuevas estrategias de comunicación que planteen alternativas a los modelos tradicionales. Frente a la publicidad masiva e indiscriminada, se imponen estrategias más sutiles. Frente a los grandes presupuestos, se impone la imaginación y el factor sorpresa. Frente a la guerra en campo abierto, se impone la guerrilla.

Como no podía ser de otro modo, la ciudad es el escenario más propicio para estas estrategias. A pesar de las multas, resulta más rentable pedir perdón que pedir permiso. Además, la polémica que con frecuencia envuelve este tipo de campañas, suele reflejarse en un importante impacto mediático que hace estas iniciativas aún más rentables.

De este modo, las marcas han optado por apropiarse del lenguaje y los planteamientos del arte urbano desactivando su carga y adaptándolo a los gustos de los consumidores.

Y es así como surgen dos corrientes publicitarias; el street branding y el marketing de guerrilla, ambas inspiradas en manifestaciones artísticas callejeras que adaptan, descontextualizan y adornan para captar nuestra atención.

Street branding


El street branding consiste en la apropiación del lenguaje y los recursos del arte urbano para explotarlos publicitariamente. Tiene su referente en el street art, entendido como la utilización generalmente ilegal, de espacios públicos con un fin expresivo. No obstante, el street branding renuncia a la componente activista y reivindicativa del street art.

Se dirige primordialmente al público que se desenvuelve en esos espacios expresivos y trata de aprovechar la posición de estos artistas como referentes para muchísimos jóvenes que consumen sus producciones y comparten sus puntos de vista.

De esta manera, el espacio común ya no es utilizado para la transmisión cultural popular, sino para «producir consumo» y reforzar la presencia de las marcas.

Anunciantes como Sony Ericsson, Mini, Aministía internacional o BMW utilizan técnicas de street branding en sus campañas.

Marketing de guerrilla


Bebiendo de las fuentes del arte subversivo, del arte de guerrilla y la performance, nuevas estrategias de marketing han tomado la calle con un lenguaje que trata de difuminar los límites entre arte y publicidad. A estas estrategias se las conoce como marketing de guerrilla.

Su origen está en la necesidad de agudizar el ingenio a falta de grandes presupuestos. Armados con la imaginación y la provocación, toman el espacio público intentando llegar eficazmente a su público.

Es una técnica especialmente adecuada cuando una empresa pequeña compite con otra mayor. Normalmente se rige por tres principios: hallar un nicho de mercado lo suficientemente pequeño para defenderlo, no dar importancia a cuánto éxito se logre, nunca actuar como el líder y estar preparado para una rápida retirada, si las circunstancias cambian.

Pero también las grandes empresas se han dado cuenta del enorme potencial publicitario que pueden desarrollar con estas técnicas y llevan tiempo utilizándolas en sus campañas. Con grandes recursos y la permisibilidad de las autoridades son los que mayores beneficios sacan de este tipo de acciones.

Tratan con ellas, no sólo de llamar la atención del consumidor sino también la de los medios y líderes de opinión. Además, parte de ese éxito se debe también a una cuidada acción de marketing viral, que ayuda a maximizar la acción y cuyos principales difusores son los blogs, cada vez más interesados en este tipo de acciones.


Unas de las acciones de guerrilla más comentadas de 2007 y que tuvo una desagradable repercusión en prensa, fue la que provocó que la policía confundiera una acción de guerrilla con un ataque terrorista sobre la ciudad de Boston.

Se sospechó que la intervención podía haber sido llevada a cabo por Graffiti Research Lab, un grupo de artistas que aplica la tecnología al arte callejero, pero en realidad se trataba de una campaña para Cartoon Network, que fue multada con 2 millones de dólares.

Otra campaña que puede llegar a vulnerar algún derecho del ciudadano es la ideada por Bosch para anunciar sus cámaras de seguridad. Consiste en realizar fotografías polaroid de la casa donde van a dejar la publicidad y añadir en la parte posterior una nota diciendo que con la tecnología de la marca les habrían visto hacerlo.

Las campañas de marketing de guerrilla que más aceptación tienen, son las desarrolladas por ONGs y asociaciones sin ánimo de lucro, y es que, por su falta de recursos, por lo social de su mensaje y por su espectacularidad, son miradas favorablemente incluso por los más reacios a este tipo de acciones.


Con sólo echar un vistazo al vídeo de Bloguerrilla se puede acceder a las más representativas campañas del año. Además, en blogs como Metablog v5, Marketing Alternatif, Adverblog, Blog de guerrilha, Adforum o Briefblog, dan cuenta de todo lo que se está haciendo en el mundo, de manera inmediata.

Una variante del marketing de guerrilla se conoce como ambush marketing, o marketing de emboscada. Como explica Luis Maram es el intento por parte de organizaciones o individuos de crear en la mente de sus consumidores, una asociación mental con determinado evento, sin invertir en él”.


Esta táctica publicitaria se suele relacionar con el deporte, conciertos y todo tipo de eventos donde se concentra gran cantidad de público. En éstos, la gran inversión en publicidad y la cerrada selección de los patrocinadores, hace que el resto de interesados tengan que optar por esta forma de notoriedad, algunas tan simples como hacer que los asistentes accedan al evento con merchandising de empresas, que en muchos casos, son competencia.

Éste, por ejemplo, será el año de marcas como Adidas o Coca-Cola, patrocinadores oficiales de los Juegos Olímpicos que se celebrarán en China. Obviamente, los competidores de estas marcas también harán una fuerte inversión en todos los medios para contrarrestar los esfuerzos del rival.

Las campañas Joga Bonito de Nike y Da-Da-Da de Pepsi durante el Mundial de Fútbol de Alemania 2006 tuvieron tal impacto que lograron relacionar sus nombres con el evento sin ser patrocinadores.

Sony sufrió este mismo tipo de estrategia cuando en su inauguración del showroom de su PSP en París, Microsoft con un golpe de efecto fraguado en 24 horas, alquiló los escaparates de la lavandería de enfrente y puso un anuncio gigante con el logo de XBox y el texto “guarden su fuerza para el invierno”, fecha en la que lanzaban su consola.


En el evento Red Bull Flugtag, con cerca de 50 mil visitantes, el canal Fox dio megáfonos de cartón para que el público animara a los participantes. De esta manera, la marca logró infiltrarse, creando la sensación de que eran colaboradores del evento.

Como el espacio urbano es limitado y la sobresaturación publicitaria no ayuda a transmitir el mensaje, habrá que esperar para su normalización a que “los grandes” sientan peligrar su primacía y exijan unas leyes reguladoras. Mientras tanto, sólo los colectivos anticonsumo y los artistas urbanos, se han atrevido a plantar cara.

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El valor de la simplicidad



Todos conocemos la sensación de hastío que produce enfrentarse a un nuevo y voluminoso manual de instrucciones. Es estonces cuando se hace más necesaria que nunca la reivindicación de la simplicidad.

Un modo de entender la simplicidad como una apuesta por lo útil. Como un intento de huir de todo lo que, en el diseño, la tecnología, la comunicación o las artes, resulta innecesario.

Hace tres años, en el número 1 de Flylosophy, hablamos de SIMPLICITY, un programa de investigación que acababa de nacer en el MIT y que planteaba un retorno al orden y la simplicidad en el convulso campo del diseño multimedia. Con el paso del tiempo, SIMPLICITY ha ido adquiriendo una mayor dimensión y sus planteamientos se han extendido del diseño a otros campos.

De hecho, la simplicidad se ha revelado como uno de los valores más queridos por usuarios y consumidores, que encuentran en ella el equilibrio que ha perdido el mercado. Más allá de modas y estilos, la simplicidad pretende ser un modo de estar en el mundo opuesto a la confusión y el ruido. Simple no significa pobre. Es simple aquel diseño, aquella interfaz, aquella forma de comunicarnos nacida de la necesidad y en la que todo tiene un sentido.

SIMPLICITY en el MIT Media Laboratory

siMplIciTy

John Maeda es profesor de Artes y Ciencias de la Comunicación en el MIT Media Lab. Pero también es un reputado diseñador gráfico y uno de los tecnólogos más influyentes del mundo. En palabras de Nicholas NegroponteJohn tiene un punto de vista diferente de casi todo” y eso, sin duda, se percibe en sus planteamientos.

Desde sus primeros trabajos, Maeda ha promovido un acercamiento humanista a la tecnología. En 2004 fundó el programa SIMPLICITY, en el que se han implicado empresas como Lego, Toshiba, Samsung, Johnson & Johnson y Time. En palabras del propio Maeda “Nuestro cometido consiste en definir el valor de la simplicidad en la comunicación, la sanidad y el ocio. Juntos diseñamos prototipos de sistemas y tecnologías que señalan que la clave del éxito en el mercado pasa por la simplicidad de los productos”. Un enfoque nada común, ahora que el mercado se apoya, más que nunca, en los complejos entramados simbólicos que rodean a los productos y las marcas.

SIMPLICITY aspira a superar la visión de la tecnología como un mundo cerrado y ajeno a nuestra experiencia. Para ello, Maeda y su equipo buscan un enfoque más positivo y centrado en el usuario.

Reebok Timetanium by John Maeda

En 2006, Maeda escribió Las Leyes de la Simplicidad, un libro en el que plantea cómo favorecer la simplicidad en el diseño, la tecnología, los negocios y la vida. Maeda nos propone 10 leyes y 3 claves:

- Reducir. La manera más sencilla de alcanzar la simplicidad es mediante la reducción razonada.
- Organizar. La organización permite que un sistema complejo parezca más sencillo.
- Tiempo. El ahorro de tiempo simplifica las cosas.
- Aprendizaje. El conocimiento lo simplifica todo.
- Diferencias. La simplicidad y la complejidad se necesitan entre sí.
- Contexto. Lo que se encuentra en el límite de la simplicidad también es relevante.
- Emoción. Es preferible que haya más emociones a que haya menos.
- Confianza. Confiamos en la simplicidad.
- Fracaso. En algunos casos nunca es posible alcanzar la simplicidad.
- La única. La simplicidad consiste en quitar aquello que es obvio y añadir lo específico.

Clave 1. Lejos. Más aparenta ser menos, simplemente alejándose, alejándose mucho.
Clave 2. Abrir. La apertura simplifica la complejidad.
Clave 3. Energía. Utiliza menos, gana más.

La simplicidad y el mercado

Philips Flat TV Ambilight
Los objetos que nos rodean son cada vez más complejos, aun cuando la mayor parte de sus funciones no nos interesan demasiado. De hecho, sabemos que esas funciones más que dar respuesta a nuestras necesidades, buscan únicamente despertar en nosotros el deseo de poseerlos. Quizás por eso, son cada vez más los usuarios que, agotados, aspiran a una tecnología sencilla.

Algunas empresas han reparado en ello y están intentando explorar este camino. Philips es una de las compañías que ha apostado más claramente por la simplicidad. Especialmente a través de su línea Sense and Simplicity, desarrollada en colaboración con el Simplicity Lab, bajo la supervisión del propio Maeda.

Según Sense and Simplicity, “La vida ya es suficientemente complicada y la tecnología no debería complicarla aún más. El compromiso de Philips es crear tecnología con sentido común. Tecnología que sea fácil de usar. Tecnología diseñada para nuestra forma de vivir y trabajar. En otras palabras, tecnología que sea pura simplicidad”.

Familia iPod
Pero Sense and Simplicity, además del diseño de productos de consumo, aspira a tener una dimensión mayor. El propio Maeda lo subraya cuando explica cómo, a pesar de su desconfianza inicial, ha comprobado que Philips pretende no tanto crear una nueva línea de productos o reforzar su imagen de marca, como crear un nuevo concepto empresarial basado en la simplicidad. Un modelo de negocio más sencillo y eficaz.

También otras empresas se sienten atraídas por el poder de la simplicidad. De hecho, este concepto está muy presente en productos tecnológicos de referencia, como el iPod, el iPhone o la consola Wii; objetos que satisfacen nuestras necesidades a través de un funcionamiento intuituvo y un aspecto muy, muy sencillo.

Estos objetos se muestran ante nosotros tan limpios y desnudos como una hoja de papel en blanco. Frente a la lógica de las marcas, en ellos la marca está casi escondida, sin la menor intención de imponerse al usuario. Son objetos que se nos ofrecen como acompañantes sensibles y dispuestos a adaptarse a nuestra personalidad, a convertirse en parte de nuestra identidad.

calcetines Muji

Un paso más allá se situa Muji, abreviatura de Mujirushi Ryohin (en japonés, productos de calidad sin marca). Muji es una empresa japonesa que en apenas 25 años se ha extendido por toda Europa, convirtiendo sus tiendas en auténticos centros de peregrinación. Después de abrir su primera tienda española en Barcelona, hace poco inauguraron otra en Madrid.

Muebles, juguetes, regalos, accesorios de cocina, productos de belleza, objetos de papelería, gadgets, ropa de casa y de la otra... componen un catálogo formado por más de 7000 productos. Siempre funcionales, prácticos y con un diseño tan exquisito como simple.

En general, están creados empleando materiales sencillos, frecuentemente reciclados y mediante procesos de fabricación respetuosos con el medio ambiente. Su embalaje se limita a un sencillo cartón o un simple plástico. En Muji prescinden de todo lo innecesario y por cierto... no son caros.

Nume polyhedral house

Pero el interés por la simplicidad no es una exclusiva de las grandes empresas. Nuestro querido Flores en el Ático ofrece montones de ejemplos de pequeñas empresas que basan su trabajo en esta idea.

Compañías como Nume, fabricante de juguetes de cartón; la japonesas Vinta y Floyd, con productos tan “simplicity” como la Lamp Shaped Lamp, o los hoteles Básico, en Playa del Carmén (México), y Casa Camper en Barcelona, son una muestra de la influencia de la simplicidad en la decoración y el diseño industrial.

Salvando las distancias (por ejemplo, en relación a sus políticas de precios), se trata de objetos que como el iPod o la Wii, responden a una idea muy precisa de perfección: Objetos y lugares esenciales y perfectamente lisos, tanto desde el punto de vista material, como desde el simbólico.

Supernormal y los objetos humildes

Muji craft box
Supernormal es una exposición que recoge más de 200 objetos de uso cotidiano, en la mayoría de los casos de autor desconocido, y que gracias a su eficacia se han convertido en imprescindibles.

Comisariada por Naoto Fukasawa, creador desde su empresa Plusminuszero de diseños para Muji, Nike y Toshiba, y por Jasper Morrison, creador de productos para Alessi, Capellini y Vitra, la exposición se ha presentado hasta ahora en Tokio, Londres y Milán.

Supernormal nos presenta objetos cercanos y que a fuerza de verlos cada día, se han vuelto invisibles. Objetos como el boli y el encendedor Bic, la cafetera Bialetti, el clip o el tradicional vaso liso, presente en todo bar español que se precie.

En una entrevista realizada con ocasión de la exposición, Morrison y Fukasawa explican cómo, frecuentemente los objetos que nos rodean tienden a alejarse de la simplicidad y la utilidad. “Nos disgusta la tendencia de los jóvenes diseñadores, en particular, a crear objetos espectaculares y superficiales para generar cobertura mediática, más que para ser usados. Ahora, se crean nuevas versiones de objetos ya inventados para hacerlos parecer más excitantes y atractivos, sin considerar si son necesarios o no.

No nos oponemos a que los viejos objetos sean reemplazados sino a los diseños pensados sólo para atraer la atención del público. Los diseñadores no piensan en crear lo ordinario, temen todo el tiempo que sus objetos sean tildados de normales ya que ese término ha derivado en aburrido”
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Supernormal

Muy similar es el planteamiento de Humble Masterpieces, exposición organizada por el MOMA en 2005 y comisariada por Paola Antonelli. La exposición presenta una selección de casi 120 objetos sencillos, desde el Post-It al Tampax pasando por la cremallera, la navaja multiusos o el walkman.

Objetos anónimos e imprescindibles, nacidos de la necesidad y que muestran un extraordinario equilibrio entre forma y función. Objetos que nos invitan a entender el diseño como un ejercicio de honestidad y no como el alarde de egocentrismo al que nos tienen acostumbrados los diseñadores de renombre. En estos objetos humildes, no es la personalidad del diseñador la que se proyecta sobre el producto, sino que somos nosotros quienes modelamos su identidad.

Sin duda, en un entorno tan complejo como el actual, en el que la información y los productos se suceden en un ciclo vital cada vez más corto, redescubrir la simplicidad se convierte en un paso fundamental para poder administrar con sentido nuestra relación con los objetos, nuestra forma de comunicarnos y nuestro modo de estar en el mundo.

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¡FELIZ NAVIDAD! vs. ¡FELICES FIESTAS!

Hay gustos para todo y el tema navideño no iba a sustraerse de la polémica. Mientras unos se aferran a las tradiciones y al sentimiento religioso para lanzarse al consumo desmedido, una minoría, cada vez menos silenciosa, alza la voz contra el despilfarro y abuso de los símbolos religiosos en estas fechas, en ocasiones, apelando a esas mismas tradiciones y creencias.

Parece que es difícil resistirse al poder hipnótico de las luces de colores, el sonido de los villancicos y la convocatoria de las grandes superficies. Se encienden los focos navideños y… empieza el espectáculo… Aunque cada vez es más difícil justificar esta situación en sociedades en las que Estado y religión se mantienen separados.

Es llamativo contemplar, cómo llegadas estas fechas, los símbolos religiosos toman las calles y se instalan sin pudor, acaparando la vida tanto de los cristianos como de los que pertenecen a otras religiones.

Desde las instituciones, se están intentando que toda la imaginería religiosa pase desapercibida para no resultar hiriente. El “Feliz Navidad” se transforma en “Felices Fiestas” y los símbolos cristianos se transforman en imágenes más neutras. Árboles de Navidad, música de jazz y comidas exóticas contra belenes, villancicos, polvorones y Papá Noel.

La guerra ha estallado


Y es que, queramos o no, la percepción que se tiene de las Navidades está cambiando. Según un estudio de ChildWise, publicado por la BBC en 2006, en Inglaterra, la mitad de los niños de 7 a 11 años no asociaban la Navidad con la religión, y aunque la mayoría se sentía feliz, uno de cada 6 encuestados manifestó que estaba estresado, preocupado por los regalos, por los familiares ausentes y con sentimientos de soledad.

Además, en los países europeos y Estados Unidos, la multiculturalidad es una realidad y así distintas religiones tienen que compartir las mismas fechas. Mientras los cristianos están de celebración navideña, los judíos festejan el Hanoukka; los musulmanes, el Aïd el-kébir y los afroamericanos el Kwanzaa, además de la Fiesta de Fin de Año y el Solsticio de Invierno. Demasiadas coincidencias y cada vez más mayor preocupación por ser políticamente correcto.

Inglaterra es uno de los países que más se está aplicando el lavado de cara de sus fiestas navideñas; incluso el tema ha sido debatido en el parlamento.

Según cuenta Henri Tincq en un artículo publicado por Le Monde en 2006 “en más de tres cuartos de las oficinas londinenses, las decoraciones de Navidad han sido desaconsejadas e incluso prohibidas. En el ayuntamiento de Luton, Navidad fue rebautizada “Luminous“. En Birmingham, el nombre fue reemplazado en los documentos administrativos por el de “Fiesta del invierno”. En los correos británicos, en los sellos de final de año, en lugar del portal, de la estrella o de los pastores y la visita de los tres reyes magos, se han impreso muñecos de nieve y renos”.

Y así comenzó en 2005 lo que la prensa ha dado en llamar “War on Christmas”.

Algunos ciudadanos opinan que esta guerra es una estratagema de los cristianos para cobrar más protagonismo y poder, en una sociedad donde ésta se reconoce como la religión del Estado, lo que, les otorga importantes privilegios que se niegan a otros.

Otros critican esta ola de laicismo en las fiestas inglesas. Por ejemplo, en la web Bring Back Christmas! se aboga por el retorno de la Navidad y sus tradiciones a nuestras vidas.

En Estados Unidos también ha surgido la misma guerra, pero a diferencia de la de Inglaterra, aquí la persecución tiene un tinte más económico.


En 2005, grandes cadenas como Wal-Mart, Macy’s o Target, decidieron no mostrar símbolos cristianos en estas fechas para no hacer de menos a otras religiones, que también celebraban sus fiestas en esta fecha.

Contra ellos se levantó el poderoso grupo Catholic League for Religious and Civil Righ, una asociación que se ha encargado de denunciar y acosar a todos los centros comerciales e instituciones que han prescindido de referencias navideñas. Para ello escribieron cartas a su extensa base de datos de cristianos, invitándoles a boicotear la compra en dichos centros.

Esto mismo fue lo que hizo la Asociación Americana de Familias AFA cuando en 2004 lanzó una campaña de boicot contra Macy’s y Bloomingdale's.

El Liberty Counsel fue más allá y editó un listado de las tiendas “naughty”, que suprimieron la Navidad de sus centros, y otras “nice”, para que sus afiliados supieran dónde tenían que dirigirse a comprar.

Al final, los intereses económicos ganaron y en 2006 reapareció la iconografía cristiano-navideña.

Además existen, otras drásticas maneras de luchar contra el laicismo en Estados Unidos, por el que vela férreamente la American Civil Liberties Union. Así, Alliance Defense Fund ha destinado más de 1.500 abogados para que gratuitamente emprendan pleitos de particulares contra los colegios y lugares públicos donde se censure lo que ellos consideran su derecho a la celebración de las Navidades.

Esta corriente laica se sigue también en la mayoría de los países europeos. En España, el Primer Teniente Alcalde del Ayuntamiento de Sevilla, ha propuesto un cambio de nombre para la Navidad, que pasaría a llamarse Solsticio de Invierno.


Una batalla cuerpo a cuerpo

Este posicionamiento contrario a la ostentación navideña, no parte sólo de gobiernos e instituciones, también colectivos de ciudadanos e individuos particulares, levantan su voz contra este fenómeno.

La mayoría no se mueven tanto por el afán de desterrar los iconos religiosos de la vida pública sino que sus preocupaciones inciden más en el derroche y el gasto innecesario en estas fechas.

Muchos de estas iniciativas, nacen dentro de la propia iglesia católica. Por ejemplo, en Sri Lanka, un grupo de sacerdotes ha pedido a los católicos que boicoteen las celebraciones de Navidad hasta que la guerra y las matanzas desaparezcan. Y no ha sido el único caso de religiosos que reniegan de esta práctica.

Sonada iniciativa es la que está llevando a cabo un grupo de cristianos menonitas canadienses, en colaboración con Adbuster, colectivo que lucha contra la erosión del entorno por causa del consumo masivo.

Ellos, han creado el Buy Nothing Christmas, iniciativa que propone decir "no" a los patrones de alto consumo en este periodo. Se trata de un acto voluntario contra la comercialización de la Navidad. Ellos proponen volver a encontrarse con el profundo sentimiento cristiano de no dañar la tierra y compartir con las personas menos privilegiadas.


De la mano de otro grupo religioso, pero esta vez liderado por el falso Reverendo Billy, un profeta antiglobalización y su Church of Stop Shopping, se lucha contra el consumo excesivo y la pérdida de las tradiciones. Para hacer oir su mensaje antinavideño, cantan y predican su doctrina en la puerta de los grandes centros comerciales.

El reverendo acaba de estrenar su película documental, What World Jesús Buy. Una cámara le sigue por todo EE.UU. las semanas previas a la Navidad para convencer a la gente de que deje de comprar, si no quiere provocar el Shopocalypse (Apocalipsis de las compras). Sus discursos son acompañados con canciones de góspel y con mensajes anticomerciales hilarantes.

Con la cristiana idea de compartir con los necesitados, Intermon Oxfam inició ya hace 3 años una campaña llamada "Algo más que un regalo", que soluciona el problema de los regalos navideños ofreciendo la posibilidad de comprar, a través de su web, regalos solidarios. El valor va desde 12 a 3.000 euros con los que Intermon comprar material didáctico, gallinas, cabras, cerdos, bicicletas, kits sanitarios, burros, semillas y fertilizantes, vacas o incluso una carreta de tracción animal.

Muchas web instan en sus páginas a la rebelión antinavidad,, como por ejemplo The Antichristmas Zone, The Christmas Resistance Movement o Antinavidad. En ellas se nos ofrecen ideas y recursos para consumir menos en estas fechas proponiendo cosas que se pueden hacer sin dinero.

La guerrilla iconoclasta


Papá Noel es perseguido por muchos de los colectivos antinavidad y anticonsumo que ven en él la representación de la Navidad consumista.

Uno de los mayores grupos activistas contra este icono viene de Alemania y Austria, y ha puesto en marcha campañas de protesta por la comercialización de la Navidad. El blanco de sus iras es Santa, un americano de importación que desde su punto de vista, no representa el verdadero espíritu navideño.

Para ello pretenden cambiar este icono, que según ellos fue creado por Coca Cola en los años 30, y sustituirlo por San Nicolás, un hombre santo que ayudó a los necesitados. Una especie de “precursor” de las actuales ong's.

A través de blogs como Santarchy & Santacon se ha orquestado una iniciativa masiva que consiste en vestirse de Santa Claus cutre y deambular haciendo el gamberro bebiendo y cantando canciones contra la Navidad por el centro de las ciudades. Tan popular y extendido es el movimiento que ya está en Second Life. Un tal Chris Christmas Rodríguez ha realizado su particular y sonada campaña electoral para desbancar a Santa, que casualmente será sustituido por él mismo.

En Australia, además, Santa Claus ha sido censurado prohibiendo que diga sus famosas palabras "ho ho ho", porque consideran que son ofensivas para la mujer, al asemejarse su fonética a un término relacionado con la prostitución.

Pero no sólo el anciano vestido de rojo es una imagen polémica en Navidades. Hay colectivos intentando salvar a los Árboles de Navidad. En 2005, en EE.UU. se consumieron 32,8 millones de árboles, que en su mayoría acabaron en los contenedores de basura. En la página Treerevolt, se pueden ver algunas iniciativas para salvarlos.

Condenados a las tinieblas


La iluminación navideña en las ciudades también se ha visto sometida a una revisión y modernización. Cada vez se tiende más a despojarla de una iconografía cristiana. El caso de Madrid es un buen ejemplo. Los diseñadores encargados este año de la iluminación han optado por eliminar totalmente referencias directas a motivos religiosos, decantándose por otros más abstractos o alusivos a los buenos sentimientos, la diversión y la fiesta.

En Londres, su Ayuntamiento ha ofrecido el patrocinio de dichas luces a empresas privadas. Nokia ha asumido el encargo de crear las de Regent Street, para lo que ha elegido una iluminación moderna y totalmente abstracta. En la vecina Oxford Street, Disney ha optado por una de lo más tradicional y acorde a la temática de la película “Enchanted” que se publicita en ellas.

El excesivo consumo energético de estas luminarias también ha levantado a autoridades y sobre todo a grupos ecologistas como Ecologistas en Acción, los cuales “consideran absolutamente contradictorio que mientras se ponen en marcha operaciones de "estética verde", en la práctica se siga profundizando en una cultura de derroche claramente insostenible”.

Las luces particulares también están siendo sometidas a censura, como le pasó al millonario inglés Vic Moszczynski, contra el que se querelló su distrito por el gasto excesivo de luz y el aumento de la delincuencia debido a su ostentosa iluminación. También, los vecinos de Dominic Luberto se han movilizado contra el enorme despliegue lumínico de su casa de Boston. No es para menos...

Propaganda subversiva


Colectivos de artistas y diseñadores no han podido resistirse a lanzar sus despiadadas críticas, en forma de imagen, contra los estereotipos de la Navidad.

The Times ha elaborado un particular ranking de piezas antinavidad. Lo ha llamado Blasphemy Collection y en él, se puede encontrar, el musical Jesucristo Superstar; la escultura de Cosimo Cavallaro, Chocolate Christ; el reportaje fotográfico Ecce Homo de Elisabeth Ohkson Tallin y muchas otras obras que atacan, critican o parodian los iconos religiosos.

También afamados grafiteros han mostrado su particular punto de vista sobre estas fiestas en una innovadora iniciativa llamada Santa Ghetto, una exposición temporal que hasta ahora se había celebrado en Londres y que este año se ha trasladado a Belén.

Además de exponer y vender obra de fuerte carga ideológica, artistas como Mark Jenkins, Blu, Sam3, Paul Insect, y el afamado Banksy, se han servido de los muros que dividen la ciudad para plasmar su visión de este tema.

Como no, también diseñadores gráficos cineastas, agencias de publicidad anunciantes y particulares están tratando de sacar el máximo partido a este filón de imaginería antinavideña.

Quizás la clave pase por definir un término medio entre las almibaradas Navidades Disney, que prefiere una mayoría, y la Pesadilla Antes de Navidad que van a sufrir los que están en contra. Quizás pase por ceder espacio y representación en estas fechas a otras sensibilidades, quizás por ser menos consumistas, quizás... quizás... quizás... sólo haya que saber elegir lo que más se adapte a nuestros intereses, porque… de eso se trata ¿no?.

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Consumidores consumidos


Nos encanta comprar. Consumir alimenta nuestro ego y nos aporta prestigio social. Y para conseguirlo estamos dispuestos a pactar con el mismo diablo. Jornadas interminables, madrugones, hijos desatendidos… nada pone freno a nuestro ansía de acumular objetos, casi siempre innecesarios.

Sin embargo, algunos individuos y colectivos han decidido decir basta. Defienden que hay que terminar con la tiranía de las compras y aseguran que se puede vivir mejor comprando menos.


Somos lo que compramos. Antes que ciudadanos, somos consumidores y es precisamente nuestra capacidad de consumo la que nos hace respetables a ojos de los demás.

Todo se compra y se vende. Pero la producción masiva y la acumulación de deshechos están sacando a la luz problemas como el agotamiento de las fuentes de energía, el deterioro del ecosistema, el exceso de basura… además de hacer insalvables las desigualdades sociales.

Incluso en los países más ricos, el ritmo que impone el mercado es insostenible. Ni siquiera ellos se libran de contar con grandes sectores de la población con dificultades para acceder a bienes de primera necesidad, como la vivienda. Por eso, parece inevitable que las posturas a favor de un consumo ético y responsable adquieran cada vez más fuerza.

Ya son muchos los ciudadanos que han adoptado iniciativas personales en esta dirección. Algunos han decidido empezar por controlar su propio gasto. De este modo, además de ahorrar, dejan de estar sometidos a la dictadura de las grandes multinacionales.

Y como la eficacia es mayor al actuar en grupo, la mayoría se inscribe en asociaciones y movimientos ciudadanos. Muchos de estos grupos cuentan ya con bastante tradición. Algunos formularon su ideario a principios del siglo XX, bebiendo de fuentes tan antiguas como el Epicureismo. Pero es a partir de los años 80, cuando han tenido un mayor crecimiento tanto en número de seguidores, como en presencia mediática.

En general, no se identifican con ninguna ideología política, aunque muchos son cercanos a grupos religiosos. Tienen tantos puntos en común, que a veces es difícil diferenciarlos.

Esta es nuestra lista de los más populares.

Simply Life


La “vida simple” es un movimiento basado en reducir al máximo el consumo. Simple Life no significa austeridad. Significa comprar las cosas realmente necesarias prescindiendo de los artículos de lujo pero sin llevar una existencia monacal.

Tampoco significa vida fácil, porque en una sociedad donde para ser aceptado hay que consumir, su postura les fuerza a luchar constantemente por defender sus principios.

Para llevar este tipo de vida es imprescindible hacer un presupuesto lo más preciso posible de lo que realmente se necesita gastar, intentando preverlo todo y ceñirse a él al pie de la letra.

Para ello, es útil pensárselo dos veces antes de comprar. Algunas de las preguntas imprescindibles que hay que hacerse cuando surge un gasto son: ¿Realmente lo necesito?, ¿podría pedirlo prestado a un miembro del grupo, amigo, vecino o familia?, ¿tengo algo que lo sustituya?, ¿cuántas horas tendré que trabajar para pagarlo?, ¿es reutilizable?, ¿esta manera de gastar mi dinero me satisface?...

Se puede obtener información de este movimiento en su web oficial http://www.simpleliving.org/ o en el blog Faces of Simple Living.

Movimiento Anticonsumo



Es un movimiento heterogéneo y bastante amplio, que surge en Canadá y EEUU como respuesta a la globalización de los mercados. Una de sus referencias más conocida es el libro No Logo de Naomi Klein.

Los planteamientos de los activistas anticonsumo, vinculados a los movimientos antiglobalización, se basan en considerar que las grandes corporaciones están usurpando el poder legítimo de la gente, alienando a la población con falsas necesidades de consumo.

Para ello, las multinacionales se valen de un constante bombardeo publicitario, que tiene como única finalidad su propio beneficio, sin pensar en las consecuencias para el resto de la población.

El planteamiento es bien conocido por todos. Las multinacionales priman sus intereses y tratan de reducir sus gastos al máximo. Para ello explotan a sus trabajadores, forzándoles a trabajar en condiciones extremas a cambio de salarios de miseria. A ser posible en países pobres y corruptos donde se haga la vista gorda. La semiesclavitud o el trabajo infantil, serían solo consecuencias de esta forma de actuar.

Uno de los exponentes más relevantes de este movimiento anticonsumo es AdBusters, un grupo de artistas, publicitarios, activistas sociales y defensores de los derechos del consumidor, que intentan sacar a la luz las contradicciones de la sociedad de consumo, desde el humor y la crítica inteligente.


Para extender su pensamiento se valen de los mismos canales y estrategias que emplean las multinacionales para difundir sus mensajes: idean campañas de publicidad que parodian otras ya existentes.

Han liderado proyectos como Buy Nothing Day, donde se aboga por pasar 1 día sin comprar nada; Buy Nothing Christmas, para disfrutar de unas navidades sin compras, o TV Turnoff Week, que pretende reducir la presencia de la televisión en nuestra vida.

Como iniciativa personal, el Reverendo Billy, performer y veterano del teatro de vanguardia de Nueva York predica la doctrina anticonsumo en “The Church of Stop Shopping”.

Este seguidor de José Bové, acusa, ataviado con un enorme túpé rubio, a las grandes cadenas como Starbucks de destruir los barrios tradicionales, ahora invadidos por la publicidad y las franquicias. Sus “sermones” más multitudinarios, coinciden con las grandes celebraciones del consumo histérico, como el “Thanksgiving Day” o la Navidad. Entoncés su inflamado discurso, más que en ningun otro momento, intenta persuadir a los sufridos consumidores para que eviten la compra indiscriminada.

Otros grupos con planteamientos similares son The Anti Advertising Agency, Consume Hasta Morir, Yomango, Billboard Liberation Front, rtmark y muchos otros.

Freegans


Según explica el diario Iblnews en su artículo “Los 'freegans' o recuperadores de basura se rebelan contra el consumismo”, los freegans, organizados desde 1989, son personas que sólo comen alimentos recuperados de los contenedores de basura y de las papeleras.

Aunque parezca lo contrario, no son vagabundos ni apartados de la sociedad. Son personas que eligen esta opción radical por convicción y filosofía de vida.

Con su postura, además de no gastar, tratan de limitar el excesivo consumo de recursos y minimizar su intervención en la economía convencional.

Los más radicales, como los Vegan Straight Edge, además de rechazar cualquier forma de consumo, incluido el de drogas, alcohol y tabaco, se posicionan como defensores de los derechos de los animales y de una vida sana y espirirual. Para ello, practican la dieta vegetariana y rechazan la promiscuidad sexual. En ocasiones están integrados en el movimiento “okupa” o habitan en espacios públicos.
Una vertiente menos radical, es la de The Compact, que surgió tras una resaca colectiva de consumo, por la que un grupo de jóvenes de San Francisco, decidió estar 1 año sin comprar nada, utilizando para sobrevivir el mismo sistema de reciclaje de basura que los Freegans. Doce meses después, el grupo logró cumplir con el desafío e inspiró a otros que emprendieron el mismo camino.

El freeganismo, plantea un boicot total a un sistema económico donde el beneficio ha eclipsado las consideraciones éticas y donde los complejos sistemas de producción masiva aseguran que todos los productos que compramos crean situaciones socialmente injustas.

Además de comida, en sus Dumpster Diving (recolecciones urbanas), recuperan todo lo que encuentran de utilidad en las basuras, sobre todo en la de los comercios, supermercados, colegios, hoteles y casas de zonas ricas donde se suelen tirar cosas en perfecto estado.

Pero nunca van a sufrir el Síndrome de Diógenes porque lo que no necesitan lo intercambian, siempre sin dinero de por medio, en sitios como Freecycle o en Really Really Free Markets (Mercados verdaderamente gratis) y "Freemeets" (Encuentros gratuitos).

En su web se puede encontrar información detallada sobre su forma de vida.

Downshifting


Se trata de un movimiento que se alinea con Simple Life, pero que va un paso más allá.

Este movimiento de “cambio hacia abajo”, está integrado, sobre todo, por profesionales que renuncian al éxito y al dinero que les proporcionan sus trabajos, seducidos por una vida sencilla donde trabajar menos, consumir menos y vivir más. Después del yuppismo hay que pasar al downshifting.

Si bien, todo ejecutivo que se precie “amenaza” varias veces al día con abandonarlo todo para dedicarse a cultivar su huerto, los downshiftings han decidido ponerlo en práctica. Este es el caso de Heidemarie Schwermer, psicoterapeuta de 60 años, que lleva desde 1996 viviendo con poco dinero, pero con bastante bienestar.

Sin radicalismos (dispone de un ordenador, usa un teléfono móvil y viste con sencillez), lo que iba a ser una etapa de descanso de un año, se ha convertido en su forma de estar en el mundo. Esta vivencia la ha reflejado en el libro “Mi vida sin dinero”.

En otro libro, “La bolsa o la vida”, Joe Domínguez explica cómo se jubiló a los 31 años, viviendo desde entonces con 4.500 euros al año. Según cuenta en su libro, el downshifting le ha valido para saber valorar el dinero y gastar menos pero vivir mejor.

El libro, “Felicidad de la pobreza noble” también habla del downshifting, partiendo del principio “vivir con modestia, pensar con grandeza” y del concepto de “Pobreza noble” como opción para aquellos a quienes lo material les produce un vacío existencial.

Para informarse más sobre el tema, sitios como New American Dream, National Downshifting Week, o el blog Downshifting Path to Simplicity están llenos de información interesante y consejos prácticos.

También muchos blogs ofrecen datos útiles sobre iniciativas de ahorro, reutilización y reciclaje, además de sitios donde adquirir productos baratos que ayuden a no despilfarrar recursos o actividades gratuitas. Everyday Crafty Goodness, Suite 101, Debt Proof Living, Daily Cents o el español sinDinero, son algunos de ellos.

Los Parados Felices


También tratando de trabajar para vivir y no vivir para trabajar, en Alemania han aparecido iniciativas como la de Netzwerk Grundeinkommen (red de ingreso básico), heredera de los autollamados Los Parados Felices, que en 1996 tomaron las plazas de Berlín con sus tumbonas para reivindicar que querían llevar una vida digna, descansando y sin trabajar.

Esta iniciativa busca "deseconomizar la vida diaria" en una sociedad como la alemana, con a pesar de contar con altas prestaciones por desempleo, desarrolla mecanismos de presión social que impiden disfrutarlas con dignidad. En la Alemania de los 90, estar parado suponía un enorme desprestigio, que había que evitar a toda costa.

Contra esta situación, estos grupos plantean separar el trabajo y el salario, garantizando un ingreso básico para todos. "Seguro de existencia, derecho individual y nula obligación de trabajar" es el contramodelo que proponen a la política de desprestigio que Alemania aplica a sus desempleados.

Basic Income Earth Network es un grupo de estudiosos de la Renta Básica , con posiciones próximas a las de Los Parados Felices, que puede servir de referencia para quíenes estén interesados en saber más sobre iniciativas de este tipo.

Todos estos grupos ponen de manifiesto como en las sociedades desarrolladas, cada vez son más los que optan por vivir consumiendo menos y de un modo más responsable.

Pero hay muchas situaciones, en el Tercer y Cuarto Mundo (más cercano a nosotros), en las que la exclusión del ciclo del consumo no es una opción sino una triste imposición. Allí reutilizar, reciclar o vivir de la basura son simplemente las estrategías básicas de subsistencia. La pobreza en estos entornos pierde su “nobleza”.

Quizás a medio plazo, el modo de vida austero que propugnan estos grupos anticonsumo, pueda servir para que las grandes multinacionales se planteen estrategías más sostenibles. Entre tanto, todavía somos muchos los que encontramos en una buena tarde en las rebajas, el mejor modo de llenar nuestro vacío interior.

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