La Arquitectura como regalo


Uchronia.Imagen por **AlmostJaded** / CC=by nc nd/2.0

[Bv]Bitácora Virtual es un inspirado blog chileno, cuya lectura recomendamos a todos los amantes de la arquitectura, el urbanismo y... ¿la vida?. Desde él nos llega este post, que nos invita a pensar acerca de una forma de entender la arquitectura más libre y generosa. La arquitectura como regalo...

Tiempo atrás estuvo muy presente en los medios y blogs referidos a la arquitectura y el arte, el pleito entre el afamado arquitecto Santiago Calatrava y el Municipio de Bilbao, por los cambios realizados a la pasarela del puente “Zubi zuri” (obra de Calatrava), para empalmar con otra obra del arquitecto japonés Arata Isokazi.

El caso se extendió desde el ámbito contractual entre privados, al ámbito público propio de la Arquitectura como obra de arte. Pero incluso fue más allá, posicionándose como una arista más en la discusión que se sostiene actualmente en referencia al campo de dominio que están alcanzando los derechos de autor, sobre obras en general.

Finalmente el caso concluyó en que la oficina de Calatrava perdió el pleito con el Municipio, además de cargar con la opinión general que lo criticó por lo que parecía ser un reflejo de soberbia y egocentrismo personal. Pero el caso, documentado en los medios, polarizó los ejemplos y simplificó los antecedentes en discusión, lo que puede terminar por restringir la percepción que el público se hizo sobre algunos temas relacionados a la autoría de una obra de Arquitectura o cualquier obra de arte. Cosa que a mi juicio es un entendido superficial, ya que lo que se supondría que intentaba discutir, es la "permanencia e integridad" de la obra en el tiempo. Evitar que esta sufra algún grado de degradación que pueda atentar en su durabilidad y existencia.

En este artículo pretendo resaltar algunas otras obras del ámbito de la Arquitectura, que como antecedentes creo que permiten abrir el espectro de los ejemplos que se estuvieron discutiendo en ese caso; ya que pienso que el lector puede caer en el error de creer que los arquitectos citados y las leyes españolas en juego, engloban todo el universo de la Arquitectura. Cosa que no es efectiva.


Uchronia.Imagen por msr / CC=by nc nd/2.0

En efecto, los ejemplos de Arquitectura que estuvieron en discusión en el pleito Calatrava vs Bilbao, son públicamente reconocidos como obras de arte (y también de marca, como dicen algunos), y ciertamente están envueltas en un ámbito muy comercial. Son obras hechas por encargo directo y muy caras. Que logran estar consideradas como bienes de alto valor artístico, a pesar de las muchas regulaciones y normativas, que limitan su creatividad. Pero también son obras que se postulan como "no efímeras". Es decir, ser fuertes, trascendentes e inamovibles.

Pero esta Arquitectura, no es la única Arquitectura. Hay muchas, muchas otras. Algunas tan meritorias y originales, como para merecer estar sujeta a una férrea legislación protectora. Y sin embargo, están planteadas en un sentido contrario. Simbolizando conceptos como la gratuidad, el donar, el desprendimiento y lo temporal.

El año pasado, en varios sitios y blogs, la obra de la imagen superior fue muy comentada bajo el título de “Arquitectura efímera” o “arquitectura de lo precario”. Se trató de una estructura conformada por listones de madera, diseñada por Arne Quinze, para un evento llamado “Burning Man Festival“, realizado en Death Valley (EE.UU).

Dicha obra (versión a gran escala de otras que ha realizado) destacaba por el protagonismo de su material único y en su especialidad y volumetría, contrapuesta con el desértico paisaje. Pero el clímax de su concepción lo marca el que una vez finalizado el evento que le dio lugar, la obra fue quemada en un apoteósico acto de cierre.

Quinze explora con su obra, un campo que parece que se encuentra entre lo escultórico y lo arquitectónico. Donde la simpleza de los materiales y las formas es reflejo de una gran libertad creativa y una etérea belleza. Si bien su obra tiene una dimensión arquitectónica, que incluso se inscribe en zonas urbanas, no se limita ni regula en las leyes y ordenanzas municipales. Lo que es un plus otorgado desde el ámbito y libertad del arte escultórico.

Cuando vi las imágenes de esta obra, encontré que era curiosamente muy similar a esta otra obra, que conocía y que fue realizada por los talleres de la Escuela de Arquitectura de la PUCV, durante un viaje de estudio a una localidad rural llamada Trehuaco, en Chile, en 1986.


Obra de travesía. Trehuaco, en Chile, en 1986. Archivo personal de Claudio Girola.

Esta imagen que vemos, también de estructuras de listones de madera apilados, corresponde a una construcción laberíntica levantada en terrenos próximos a una empresa maderera (de ahí el material). Se trata de una obra espacial abstracta, como una suerte de "instalación" o ejercicio espacial, realizada por alumnos y profesores de esta escuela. Frente a ella, vemos una estructura lineal de color blanco, y que corresponde a una obra escultórica del profesor y artista argentino Claudio Girola, llamada “Dispersa I”.

Después de varios días de labor, y una vez que los alumnos y profesores concluyeran los trabajos, se realizaron actos de inauguración y celebración en ella. Pero a diferencia de la obra de Quinze, esta no fue quemada ni desmontada, sino tan sólo dejada en el lugar.

Lo efímero

Trehuaco, en Chile, en 1986. Archivo personal de Claudio Girola.

Ambas obras, en su momento, fueron identificadas como efímeras. Se habla de efímeras, estableciendo una clasificación que ni siquiera es clara en su sentido. ¿Es por algo relativo al tiempo de duración? ¿Es por el tipo de material utilizado? ¿O a caso es una combinación de ambos, apuntando a obras que parecen ser muy frágiles.

Creo que el apellido "efímera" confunde y no permite analizar las verdaderas características que poseen estas obras, así como su dimensión de obras del campo de la Arquitectura. Condición, que en el caso de la Obra de la Escuela de la UCV, es oficialmente establecido, asumiendo incluso su breve temporalidad.

Y es que el ser efímeras no es un excluyente o un defecto de una anti-arquitectura. Es más, para estas obras, ni siquiera se considera parte de la ecuación. Por ejemplo, en el primer caso de Quinze, el término se le asigna casi exclusivamente por el tipo de material utilizado y el hecho de haber sido destruida al final de Festival. El periodo relativamente breve de existencia, y su destrucción pública hace que alguna gente la marque con el mote de "efímera". En el caso de la obra de Trehuaco, en Chile, la obra no se destruyó y seguramente duró algo más de tiempo. Pero podemos suponer que no permaneció inalterable tampoco, por un periodo de tiempo muy prolongado.

Pero, el tema principal en ambas obras no es lo efímero de ellas, ni la similitud del material usado, sino el especial sentido que el concepto de “Acto”, tiene en sus respectivas concepciones (un “Acto” que en el caso de la obra de Trehuaco tiene nombre: “la dispersión”).

Entenderemos aquí como "Acto" al sentido mismo que las obras cumplen mientras permanecen. Es esta dimensión de Acto la que les concede la profundidad y complejidad de Obras de Arquitectura. Se trata de Actos, que conllevan símbolos, significados y mensajes. Desde la concepción misma (el proceso de la construcción de la obra de Quinze, fue fotográfiada y publicada en muchos sitios), luego en el esplendor de la presencia de ambas obras frente al paisaje (que se goza en su espacialidad, habitabilidad, contemplación y recorrido en estado puro, sin utilitarismos), para terminar en su cierre final (conclusión, celebración, abandono y destrucción).


Otra obra (sin nombre) construida en las proximidades del Palacio sumergido, provincia de Cochicó. Argentina, 1990.

Realmente, ambas obras son un acontecimiento con mucho de lúdico (juego) y de disfrute. En ambas la “Fiesta” es su marco-momento. Y ambas tienen su clímax (aunque en la obra de Quinze es más visible por la cobertura mediática: el cuerpo erigido en el desierto, iluminado de noche, y finalmente sacrificado en el fuego).

Ambas obras son abstractas en su sentido de lo práctico y funcional, pero en cambio, son muy directas y concretas en su sentido de ser todo “Acto”, todo “Fiesta”, todo “Juego”, todo "Celebración". Los escribo con mayúscula, puesto que más que conceptos, son importantes actos arquitectónicos, cívicos y urbanos.

Pero lo más importante de ambas obras, es el acto referido a la condición de "regalo". Tanto en la de Trehuaco como la de Quinze.

En el caso de las obras de la Escuela de Arquitectura de la PUCV, todas son regalos de la Escuela al lugar y los habitantes que están allí. Sus actos de conclusión suelen comprender una ceremonia de entrega, de donación de la obra a la autoridad más cercana, sea esta un alcalde, gobernador, o un vecino.

Así, igualmente es con la obra de Quinze. De hecho, es un error suponer “efímera” a la estructura de Quinze por haber sido quemada. Ese no es el sentido. No tiene nada que ver la temporalidad con el fuego. En el caso de la obra de Quinze, el sentido del sacrificio del fuego es el de “ofrendar”. Como la vestal que “ofrenda” a los dioses en el altar de un templo. Ofrenda=regalo. Es el acto de “regalar” la obra, al modo pagano, para con el acto de cierre del festival.

Ambas tienen como similitud fundamental una suerte de acto público de entrega, De regalo. Y donde lo temporal, no es que sea una condicionante de los efímero de ellas, sino que es una característica propia, asumida y no temida.

Arquitectura de travesía


Palacio sumergido, provincia de Cochicó. Argentina, 1990.

Podemos encontrar muchos otros ejemplos de obras de Arquitectura con esta dimensión de actos significantes. El caso de la propia Escuela de Arquitectura de la PUCV es un ejemplo de multitud de obras de este tipo, ya que lleva más de 20 años construyéndolas por todo el continente americano. Este tipo de Arquitectura que ha desarrollado con los años, se llama Arquitectura de travesía.

Todo lo que gira en torno a las obras de la Escuela de Arquitectura de la PUCV está dado por la gratuidad y el desprendimiento. No se encargan. No se venden. No hay clientes. Los arquitectos y alumnos que las diseñan, son los que las construyen (y los que las financian). Su emplazamiento en lugares remotos conlleva a que tampoco hay muchas leyes o regulaciones urbanísticas a seguir en su diseño y construcción. Es decir involucran un alto grado de libertad.

Se trata de obras, que se construyen como acto concluyente de un viaje de estudio de profesores y alumnos (travesía). Suelen estar asentadas en lugares muy remotos, y definidas en el momento y lugar mismo del viaje.

Son ligeras y frágiles. Construidas con materiales sencillos y en periodos muy breves de tiempo. Y por lo general son bastante "efímeras". Algunos las llamarían “Instalaciones”, pero son obras de Arquitectura íntegras. Definidas y claras en su planteamiento. Que no se condicionan por su desgaste o entropía.

Son obras de una libertad poco común. Inspiradas casi únicamente en las observaciones recogidas del territorio, al recorrerlo.

Pero lo que más llama la atención, es que es una Arquitectura que está planteada, en el entendido de un total abandono. Se dejan en la soledad de la pampa o en la arisca ladera de un cerro, expuestas al tiempo y la intemperie. Su duración o cuidado no es tema que preocupe, pues se trata de reconocer que su destino está dado a existir y cumplir su sentido, más que a trascender eternamente. Son pura entrega y más que nada un REGALO.


Palacio sumergido, provincia de Cochicó. Argentina, 1990. Planta.

Un regalo, puesto que se entiende que su lugar de instalación y su inspiración son posibles gracias a la extensión del territorio que las acoge y da lugar. En ese sentido, todas las condiciones son aceptadas como dones y agradecidas. Y de la misma forma, una vez concluida su construcción, son donadas a quién más corresponda. Ya sea un gobernador de la región o un simple arriero que vive en las proximidades.

No se pidió nada y por tanto nada se compromete. Todo se funda en el mero respeto que todo regalo inspira. Y así suelen entenderlo todos aquellos a quienes se les entrega. Y que siempre agradecen.

Por que un regalo, más que obsequiar, en este caso… celebra esta condición de creación en libertad.


Plaza Esquina, Obra de travesía realizada por la Escuela de la PUCV. Villa el Totoral, Argentina. 1994.
Planta de escalera de juegos


Como ex alumno de esta escuela, me tocó participar de estos viajes. Aquí pongo un texto que en una ocasión escribí sobre esa experiencia:

"La primera obra de Arquitectura en la que participé fue en mi primer año de carrera. En 1990. Y fue una travesía...

Se escogió un lugar especial para llevarla adelante. Un lugar que nos despertara, que nos conmoviera. Pues era a partir del lugar, que la obra sería concebida. Y ese lugar fue la Pampa húmeda en Argentina. A media longitud entre el océano Atlántico y el Pacífico.

Jamás imaginé un lugar más radical... más absoluto. La “máxima abstracción de la extensión”, la llamábamos.

Con un entorno que se resumía a un horizonte rectilíneo y la mirada que se perdía absorbida por una profundidad infinita. Setenta personas caminaban en una suerte de peregrinar sin rumbo, atravesando un limbo sin tiempos, ni distancias.

Y fue gracias a esa brutal simplicidad (donde la “extensión americana” literalmente “giraba” en torno nuestro desorientándonos), que todos nuestros sentidos, en lugar de anularse por completo, se volvieron particularmente sensibles.


Escultura de Claudio Girola, llevada a la Travesía Cochico 1990. Colocada en el interior del Palacio sumergido.

Y comprendimos cual era el “Acto” que debíamos construir con la Arquitectura.

El acto de una “desorientación que diera lugar”.

Así, por primera vez cobró valor el concepto del “aquí”.

Pero ¿cómo trazar y referenciar los límites en medio de la desorientación? ¿Cómo establecer las cordenadas arquitectónicas en el mundo infinito?


Y caminamos sigilosos mirando una noche las estrellas. Única fuente de orientación. Las reconocimos y las llamamos. Las atrapamos en una relación cósmica.

Luego, las proyectamos hasta nuestros pies... y trazamos un "lugar" con bordes y límites. Con centros y esquinas. Un dibujo escala 1:1 que definió nuestro "aquí".

Así, lo construimos y lo llamamos “palacio sumergido”.


En donde se pasaba desde la desorientación del campo de la pampa, a la orientación que da el lugar constituido arquitectónicamente. Y de allí a una suerte de nueva desorientación en el interior mismo de la obra.

Y tenía entradas.


Y tenía miradores.

Y tenía pasillos.

Y tenía salones.

Y tenía emplazada al final de su corredor más largo, en lo más profundo de su salón más interior, una “monstruosa escultura”, que acechaba como el Minotauro, al fondo de su laberinto".



Obra de travesía "ATHENEA". Santiago de Chile. 1987. Fotografia y planta del conjunto

Ciertamente hoy, mucho de la arquitectura más reconocida, y elaborada por arquitectos destacados, proyecta una imagen de tendencia internacional y fuertemente ligada a lo comercial. Una arquitectura mercantil. De producto de marca, que la hace ser costosa para la ciudad que la acoge. Se vuelve adorno y por tanto se cree que deben ser trascendentes e intocables. Arquitectura de lujo, tan exclusiva que las vuelve también poco sociales.

Pero existe también la arquitectura que es obra como la de Quinze y la propia Escuela de la PUCV. Una arquitectura casi antagónica a la tendencia de la mercantilización de hoy. Es una arquitectura, que apela a los actos espirituales, que rescatan o vuelve a aflorar ese vínculo social con los actos urbanos de encuentro y ocupación. Una arquitectura que da lugar a la celebración de fiestas y juegos. Y que contempla en su sentido mismo actos de entrega y compartir desde una gratuidad, como es el donar o el regalar. No son efímeras en el sentido de una anti arquitectura que desaparece y no trasciende. Puesto que su objetivo principal es constituir actos llenos de sentido. Son arquitecturas llenas de actos de libertad de toda atadura. Tanto materiales como temporales.

Bibliografía recomendada:
La Escuela de Valparaíso”, Rodrigo Pérez de Arce y Fernando Pérez. Tanais ediciones S.A. Madrid, España. 2003

"La Ciudad Abierta”, Massimo Alfieri. Editrice Librerie Dedalo, Roma, Abril 2000.

Rafael Moya Castro [Bv]Bitácora Virtual

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Culture Jamming: Ruido en la transmisión

Especulador por Sam3

La realidad se ha evaporado por obra y gracia de la publicidad. En su lugar, se abre paso una hiperrealidad mucho más espectacular.

Contra este “nuevo orden” actúan activistas y artistas urbanos, que mediante acciones de guerrilla tratan de frenar estos procesos.

El Culture Jamming surgió en los años 80 como un movimiento de resistencia cultural frente a la comercialización de la sociedad, mediante acciones de guerrilla.

El artículo Culture Jamming: Hacking, Slashing and Sniping in the Empire of Signs, que Mark Dery publicó en 1999, es considerado su manifiesto fundacional.

El Culture Jamming trata de instalarse en los medios de masas de manera clandestina, produciendo mensajes críticos basados en los mismos sistemas de signos y códigos que emplean los propios medios.

De este modo, si la publicidad es el lenguaje con el que se expresa la cultura popular, el Culture Jamming se apropia de sus recursos para reformularlos y devolverlos a la sociedad en forma de mensajes subversivos.

En este proceso, la unidad básica de comunicación es el meme, un condensado de imagen, palabra o música fácilmente reconocible y transmisible de manera viral.

Así, el sabotaje cultural utiliza memes comerciales que nos son tan familiares como el logo de Nike o el “happy meal” de McDonald’s, para conseguir que los consumidores se replanteen sus hábitos de consumo.

Según Kalle Lasn, el mejor sabotaje cultural es el que introduce el meta-meme, un mensaje a dos niveles que se dirige a una imagen comercial específica, pero de una forma que pone en cuestión y desafía la cultura de dominación empresarial.

Algunos teóricos del Culture Jamming plantean que esta interferencia mediática es una manera democrática de ejercer los derechos de los ciudadanos, recuperando así el espacio que usurpan las marcas.


Cualquier acto que distorsione la onda expansiva de la cultura popular puede considerarse Culture Jamming: la intrusión mediática (media hacking), el terrorismo artístico (terror-art), las acciones de guerrilla cultural, las parodias publicitarias, el happening….

A pesar de que nada de esto es nuevo, ya que bebe de fuentes como el dadaísmo o el détournement de los situacionistas, hoy está en pleno auge gracias a Internet. La Web es el medio natural de este tipo de acciones, que la emplean como un nuevo espacio social desde el que transmitir sus acciones.

Unos de los representantes más influyentes de este tipo de movimientos son los canadienses Adbusters. Se definen como una red de activistas, escritores, parodiadores, estudiantes y empresarios que quieren impulsar un nuevo movimiento social contra los medios de comunicación.

Adbusters invitan a los usuarios a publicar sus trabajos, carteles políticos o acciones subversivas. Además, practican las billboard modifications, el Google bombing, los flash mobs, hoax

Por ejemplo, en 2004 vendieron, con una cuidada campaña de marketing, 25.000 pares de zapatillas con la imagen de Nike, pero hechas de cáñamo y neumáticos reutilizados.

The Yes Men es otro grupo de activistas que practican la "corrección de identidad". Suplantan la personalidad de poderosos para aparecer en los medios de comunicación y lanzar comentarios denigrantes sobre trabajadores y consumidores. Con ello, tratan de mostrar cómo, en vez de causar sorpresa o enojo, sus provocaciones son recibidas positivamente por la audiencia. Han pretendido ser portavoces de organizaciones tales como la OMC, McDonald's y Dow Chemical Company, entre otras.

Intervención de Sam3 en Budapest

Church of the Subgenius se describe a sí misma como una organización para gente que se considera fuera de la corriente dominante y que en realidad se burla de la religión y su descarado afán recaudatorio. También, Church of Stop Shopping y Discordianism son otras modernas y subversivas religiones que utilizan la parodia para criticar el consumo y la religión.

La Cacophony Society está formada por terroristas culturales que se dedican a organizar eventos transgresores como el llamado Santa Rampage, donde miles de personas disfrazadas de Santa Claus se emborrachan en público. Uno de los más conocidos integrantes de esta sociedad es Chuck Palahniuk, autor de El Club de la Lucha.

El Shopdropping consiste en manipular los productos del supermercado, introduciendo entre ellos sus creaciones artísticas para después devolverlos a las estanterías. No se busca tanto una forma de autopromoción como una crítica del sistema. Uno de sus más afamados representantes es Banksy.

El terrorismo cultural en la red tiene como destacado activista a Ricardo Domínguez, fundador de Electronic Disturbance Theatre y Critical Art Ensemble. Según su filosofía, si el capitalismo se ha vuelto electrónico o virtual, también el activismo debe adentrarse en el ámbito electrónico.

Para ello utilizan técnicas como el FloodNet, una forma de net art en la que muchos usuarios se conectan simultáneamente a una web para bloquearla, o el fax jam, que hace lo mismo mediante el envío de faxes, y los phone zappings, a través de llamadas de teléfono.

WTO/GATT es un sistema que apoya el sabotaje inteligente de materiales producidos y distribuidos masivamente. Una de sus acciones consistió en cambiar las voces de Barbie y G.I. Joe para que fueran las muñecas las que amenazaran y retaran al consumidor, mientras que los muñecos expresaban su deseo de ser madre.

Dowethics es un grupo que ha suplantado la web de Dow Chemical Company para acusarles de todo tipo de fechorías con el medio ambiente y responsabilizarles del accidente de Bhopal. También en G.W. Bush 0.4 suplantan la web oficial del presidente Bush.


Cars Suck reivindica el derecho de los peatones a disfrutar de las calles sin coches. Algunas de sus acciones consisten en siluetear los lugares donde han sido atropellados peatones y analizar las causas de los accidentes de tráfico.

Space Hijackers se reconocen como un grupo de “anarquitectos” secuestradores de espacios públicos que se oponen a la jerarquía que imponen los arquitectos, los planificadores y los propietarios en los espacios públicos.

En Francia, destacan Resistance à l’Agression Publicitaire y la Brigada Anti Pub, ambas con bastante influencia. Las dos se oponen al ingreso de la publicidad en las escuelas con una campaña nacional, llamada "una escuela sin marcas". En 2005, invitaron a los ciudadanos a conservar preciosamente la publicidad que les llegaba a casa para después, todos juntos, ponerla de vuelta en el correo central.

Alemania también tiene movimientos de este tipo. El más conocido es LB/a.f.r.i.k.a. Gruppe, que no es un grupo ni un movimiento organizado, sino un “pop star” colectivo. Todos los activistas del grupo tienen el mismo nombre, Luther Blissett. No suelen atacar al sistema directamente sino que trabajan dentro de los mass-media produciendo noticias falsas, leyendas urbanas e intentando cortocircuitar sus contradicciones internas.

El Memefest es un macrofestival de producciones audiovisuales críticas con la incitación al gasto compulsivo que se celebra todos los años en Eslovenia.

Muchos más ejemplos de Culture Jamming pueden verse en Rhizome o en 0100101110101101.org. En España, Consume hasta morir, Yomango, Makea son algunos grupos próximos al Culture Jamming.

Subvertising: sabotoje cultural

La forma de sabotaje cultural más extendida es el subvertising o contrapublicidad. Básicamente, consiste en utilizar la expresividad de los textos y las imágenes publicitarias para subvertirlos y producir interferencias semánticas.

Tiene sus antecedentes en la cultura pop de los años 50 y 60, que empleaban como forma de expresión la descontextualización, la incongruencia, la provocación y el humor.

Podría definirse como: “La pintada en la pared, la pegatina en la farola, la frase modificada de una valla publicitaria, la camiseta-parodia ... La clave está en la redefinición y reconquista de nuestro entorno arrancándolo de las manos de las grandes empresas.”

En general, la contrapublicidad imita la imagen y el significado del anuncio, provocando un shock visual en el espectador/consumidor. El subvertising lucha contra la hegemonía de las marcas y el consumo que establecen las jerarquías de prioridad de la atención colectiva.

Un tipo especial de contrapublicidad es el que realizan los snipers, francotiradores semióticos que practican el bandidaje publicitario. Su objetivo es cambiar, corregir o aclarar los mensajes de la publicidad. Para ello, usan paredes o fachadas que intervienen mediante graffiti y otras técnicas. La mayoría de las acciones de snipers representan una invasión del espacio privado.

Con humor, ingenio y tergiversaciones sutiles consiguen sus objetivos. En general, los insultos y las consignas planas carecen de especial fuerza subversiva.

Una de las técnicas que utilizan es el “hitlerizing”, que consiste en algo tan básico como pintar un bigote como el de Hitler en las caras de los carteles, especialmente durante las campañas electorales. Otros actos “sniper” consisten en añadir granos a los rostros de las modelos publicitarias para que su belleza se vuelva más “natural”.


Como representante destacado de este tipo de activismo destaca The Billboard Liberation Front, que cuestiona el uso exclusivo de los soportes publicitarios por las marcas y reclama su utilización pública.

También California Department of Corrections busca la subversión en las vallas publicitarias. Para ello, propone una gestión eficiente y eficaz de la publicidad a fin de incluir la atención, el tratamiento, la disciplina, la formación y el empleo. En Filadelfia actúa un grupo similar llamado SCRUB.

B.U.G.A. U.P. es un grupo australiano que se vale del graffiti para atacar las vallas publicitarias que muestran publicidad de tabaco y alcohol. Por su parte, The Buble Proyect propone que, mediante la colocación de pegatinas en blanco sobre los anuncios, el monólogo impuesto por los anunciantes se transforme en un diálogo en el que todos puedan opinar.

La web False Advertising, el blog creado por la Anti Advertising Agency o Are you genetic? ofrecen muchos ejemplos de contrapublicidad.

Pero el acto de subvertir los espacios públicos no tiene por qué ser practicado sólo por colectivos artísticos y activistas. La organización eco-action da todo tipo de explicaciones y posibilidades para que cualquiera pueda aficionarse a esta práctica.

También en Web Urbanist se encuentran algunas recetas de cómo librarnos nosotros mismos de la publicidad molesta tanto en la web, con AddArt y Adblock, como en el entorno real. Freewayblogger, muy centrada en reivindicaciones políticas, muestra paso a paso cómo hacer sus propios y modestos carteles de protesta.

En España, este tipo de acciones tiene dignos representantes como El Grupo Arbeit, Siro Lopez, El Hormiguero, El Mal o Colectivo Singular. Incluso existe un certamen de intervenciones contrapublicitarias llamado Malababa, que en 2006 contó con más de 400 propuestas.

Street Art: Reivindicación del espacio público



Mención especial merece la apropiación de lugares públicos, por puro amor al arte, sin tener por qué llevar implícito un activismo político o anticonsumo. Aún así, los resultados no son siempre fáciles de diferenciar de los del Culture Jamming.

En general, el arte urbano busca la recuperación del espacio usurpado por las empresas y la publicidad. Una de sus formas de expresión favorita es el graffiti y su evolución al postering, stickering, stensiling… Se trata de un tipo de arte inmerso en la era de la reproducción técnica de la que habló Walter Benjamin, que trata de convertir las calles en el espacio donde los artistas ejercen su particular secuestro del lenguaje publicitario.

Internet se ha convertido en una extensión de la calle para estos artistas. De un extremo a otro del mundo, intercambian opiniones e incluso juegan al llamado Bomb the World, en el cual un yo virtual puede pintar trenes y observarlos a miles de kilómetros de distancia.

Webs como Ekosystem, Rebellion, Wooster Collective, Stencil Revolution, Art Crime o Beautiful Crime ofrecen recursos interesantes relacionados con el arte urbano.


Hay tantos artistas que practican esta disciplina que es imposible enumerarlos, pero entre los más conocidos por su talento o por su capacidad reivindicativa no se puede dejar de mencionar a:

- Banksy, el artista urbano más conocido y cotizado en la actualidad. Sus obras son de carácter anárquico y provocador, con gran carga de humor. Utiliza imágenes populares, muchas veces de la propia historia del arte, que manipula para darle un sentido contrario al original. Sus creaciones han alcanzado cifras astronómicas en subastas y los ayuntamientos empiezan a conservar y restaurar sus obras.

- Zevs, que ha popularizado los graffiti limpios, en los que en vez de pintura utiliza agua a presión que aplica en superficies muy sucias. Actualmente trabaja una serie llamada Liquidated Logos.

- Ron English, un artista que libera vallas con sus propios mensajes. Ha actuado contra Joe Camel, McDonalds y Disney. Es considerado el padre del agit-pop.

- The Decapitator, que retoca anuncios sustituyendo las cabezas por sangrientos muñones. El retoque tiene tanta calidad que las imágenes finales no parecen intervenidas.

- Docteur Gecko modifica anuncios con pintura sensible a la luz artificial de manera que al iluminarnos deja ver macabros personajes.

Interesantes son también los planteamientos de Obey, Dan Witz, Akay, Dr. D, Brad Downey, Oscar Brahim y el de colectivos artísticos como The Graffiti Research Lab y Pixelator.

Hay que mencionar también a The Splasther, un crítico que ha cubierto de salpicaduras de pintura las más importantes obras de street art que ha encontrado entre Williamsburg y Soho. También Street Art Blows critica a los artistas urbanos que no hacen graffiti y se dedican a pegar reproducciones en serie por las paredes.

En España, tenemos intervenciones de gran calidad realizadas por los artistas Sam3, Noaz y Spy.

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El valor de la simplicidad



Todos conocemos la sensación de hastío que produce enfrentarse a un nuevo y voluminoso manual de instrucciones. Es estonces cuando se hace más necesaria que nunca la reivindicación de la simplicidad.

Un modo de entender la simplicidad como una apuesta por lo útil. Como un intento de huir de todo lo que, en el diseño, la tecnología, la comunicación o las artes, resulta innecesario.

Hace tres años, en el número 1 de Flylosophy, hablamos de SIMPLICITY, un programa de investigación que acababa de nacer en el MIT y que planteaba un retorno al orden y la simplicidad en el convulso campo del diseño multimedia. Con el paso del tiempo, SIMPLICITY ha ido adquiriendo una mayor dimensión y sus planteamientos se han extendido del diseño a otros campos.

De hecho, la simplicidad se ha revelado como uno de los valores más queridos por usuarios y consumidores, que encuentran en ella el equilibrio que ha perdido el mercado. Más allá de modas y estilos, la simplicidad pretende ser un modo de estar en el mundo opuesto a la confusión y el ruido. Simple no significa pobre. Es simple aquel diseño, aquella interfaz, aquella forma de comunicarnos nacida de la necesidad y en la que todo tiene un sentido.

SIMPLICITY en el MIT Media Laboratory

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John Maeda es profesor de Artes y Ciencias de la Comunicación en el MIT Media Lab. Pero también es un reputado diseñador gráfico y uno de los tecnólogos más influyentes del mundo. En palabras de Nicholas NegroponteJohn tiene un punto de vista diferente de casi todo” y eso, sin duda, se percibe en sus planteamientos.

Desde sus primeros trabajos, Maeda ha promovido un acercamiento humanista a la tecnología. En 2004 fundó el programa SIMPLICITY, en el que se han implicado empresas como Lego, Toshiba, Samsung, Johnson & Johnson y Time. En palabras del propio Maeda “Nuestro cometido consiste en definir el valor de la simplicidad en la comunicación, la sanidad y el ocio. Juntos diseñamos prototipos de sistemas y tecnologías que señalan que la clave del éxito en el mercado pasa por la simplicidad de los productos”. Un enfoque nada común, ahora que el mercado se apoya, más que nunca, en los complejos entramados simbólicos que rodean a los productos y las marcas.

SIMPLICITY aspira a superar la visión de la tecnología como un mundo cerrado y ajeno a nuestra experiencia. Para ello, Maeda y su equipo buscan un enfoque más positivo y centrado en el usuario.

Reebok Timetanium by John Maeda

En 2006, Maeda escribió Las Leyes de la Simplicidad, un libro en el que plantea cómo favorecer la simplicidad en el diseño, la tecnología, los negocios y la vida. Maeda nos propone 10 leyes y 3 claves:

- Reducir. La manera más sencilla de alcanzar la simplicidad es mediante la reducción razonada.
- Organizar. La organización permite que un sistema complejo parezca más sencillo.
- Tiempo. El ahorro de tiempo simplifica las cosas.
- Aprendizaje. El conocimiento lo simplifica todo.
- Diferencias. La simplicidad y la complejidad se necesitan entre sí.
- Contexto. Lo que se encuentra en el límite de la simplicidad también es relevante.
- Emoción. Es preferible que haya más emociones a que haya menos.
- Confianza. Confiamos en la simplicidad.
- Fracaso. En algunos casos nunca es posible alcanzar la simplicidad.
- La única. La simplicidad consiste en quitar aquello que es obvio y añadir lo específico.

Clave 1. Lejos. Más aparenta ser menos, simplemente alejándose, alejándose mucho.
Clave 2. Abrir. La apertura simplifica la complejidad.
Clave 3. Energía. Utiliza menos, gana más.

La simplicidad y el mercado

Philips Flat TV Ambilight
Los objetos que nos rodean son cada vez más complejos, aun cuando la mayor parte de sus funciones no nos interesan demasiado. De hecho, sabemos que esas funciones más que dar respuesta a nuestras necesidades, buscan únicamente despertar en nosotros el deseo de poseerlos. Quizás por eso, son cada vez más los usuarios que, agotados, aspiran a una tecnología sencilla.

Algunas empresas han reparado en ello y están intentando explorar este camino. Philips es una de las compañías que ha apostado más claramente por la simplicidad. Especialmente a través de su línea Sense and Simplicity, desarrollada en colaboración con el Simplicity Lab, bajo la supervisión del propio Maeda.

Según Sense and Simplicity, “La vida ya es suficientemente complicada y la tecnología no debería complicarla aún más. El compromiso de Philips es crear tecnología con sentido común. Tecnología que sea fácil de usar. Tecnología diseñada para nuestra forma de vivir y trabajar. En otras palabras, tecnología que sea pura simplicidad”.

Familia iPod
Pero Sense and Simplicity, además del diseño de productos de consumo, aspira a tener una dimensión mayor. El propio Maeda lo subraya cuando explica cómo, a pesar de su desconfianza inicial, ha comprobado que Philips pretende no tanto crear una nueva línea de productos o reforzar su imagen de marca, como crear un nuevo concepto empresarial basado en la simplicidad. Un modelo de negocio más sencillo y eficaz.

También otras empresas se sienten atraídas por el poder de la simplicidad. De hecho, este concepto está muy presente en productos tecnológicos de referencia, como el iPod, el iPhone o la consola Wii; objetos que satisfacen nuestras necesidades a través de un funcionamiento intuituvo y un aspecto muy, muy sencillo.

Estos objetos se muestran ante nosotros tan limpios y desnudos como una hoja de papel en blanco. Frente a la lógica de las marcas, en ellos la marca está casi escondida, sin la menor intención de imponerse al usuario. Son objetos que se nos ofrecen como acompañantes sensibles y dispuestos a adaptarse a nuestra personalidad, a convertirse en parte de nuestra identidad.

calcetines Muji

Un paso más allá se situa Muji, abreviatura de Mujirushi Ryohin (en japonés, productos de calidad sin marca). Muji es una empresa japonesa que en apenas 25 años se ha extendido por toda Europa, convirtiendo sus tiendas en auténticos centros de peregrinación. Después de abrir su primera tienda española en Barcelona, hace poco inauguraron otra en Madrid.

Muebles, juguetes, regalos, accesorios de cocina, productos de belleza, objetos de papelería, gadgets, ropa de casa y de la otra... componen un catálogo formado por más de 7000 productos. Siempre funcionales, prácticos y con un diseño tan exquisito como simple.

En general, están creados empleando materiales sencillos, frecuentemente reciclados y mediante procesos de fabricación respetuosos con el medio ambiente. Su embalaje se limita a un sencillo cartón o un simple plástico. En Muji prescinden de todo lo innecesario y por cierto... no son caros.

Nume polyhedral house

Pero el interés por la simplicidad no es una exclusiva de las grandes empresas. Nuestro querido Flores en el Ático ofrece montones de ejemplos de pequeñas empresas que basan su trabajo en esta idea.

Compañías como Nume, fabricante de juguetes de cartón; la japonesas Vinta y Floyd, con productos tan “simplicity” como la Lamp Shaped Lamp, o los hoteles Básico, en Playa del Carmén (México), y Casa Camper en Barcelona, son una muestra de la influencia de la simplicidad en la decoración y el diseño industrial.

Salvando las distancias (por ejemplo, en relación a sus políticas de precios), se trata de objetos que como el iPod o la Wii, responden a una idea muy precisa de perfección: Objetos y lugares esenciales y perfectamente lisos, tanto desde el punto de vista material, como desde el simbólico.

Supernormal y los objetos humildes

Muji craft box
Supernormal es una exposición que recoge más de 200 objetos de uso cotidiano, en la mayoría de los casos de autor desconocido, y que gracias a su eficacia se han convertido en imprescindibles.

Comisariada por Naoto Fukasawa, creador desde su empresa Plusminuszero de diseños para Muji, Nike y Toshiba, y por Jasper Morrison, creador de productos para Alessi, Capellini y Vitra, la exposición se ha presentado hasta ahora en Tokio, Londres y Milán.

Supernormal nos presenta objetos cercanos y que a fuerza de verlos cada día, se han vuelto invisibles. Objetos como el boli y el encendedor Bic, la cafetera Bialetti, el clip o el tradicional vaso liso, presente en todo bar español que se precie.

En una entrevista realizada con ocasión de la exposición, Morrison y Fukasawa explican cómo, frecuentemente los objetos que nos rodean tienden a alejarse de la simplicidad y la utilidad. “Nos disgusta la tendencia de los jóvenes diseñadores, en particular, a crear objetos espectaculares y superficiales para generar cobertura mediática, más que para ser usados. Ahora, se crean nuevas versiones de objetos ya inventados para hacerlos parecer más excitantes y atractivos, sin considerar si son necesarios o no.

No nos oponemos a que los viejos objetos sean reemplazados sino a los diseños pensados sólo para atraer la atención del público. Los diseñadores no piensan en crear lo ordinario, temen todo el tiempo que sus objetos sean tildados de normales ya que ese término ha derivado en aburrido”
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Supernormal

Muy similar es el planteamiento de Humble Masterpieces, exposición organizada por el MOMA en 2005 y comisariada por Paola Antonelli. La exposición presenta una selección de casi 120 objetos sencillos, desde el Post-It al Tampax pasando por la cremallera, la navaja multiusos o el walkman.

Objetos anónimos e imprescindibles, nacidos de la necesidad y que muestran un extraordinario equilibrio entre forma y función. Objetos que nos invitan a entender el diseño como un ejercicio de honestidad y no como el alarde de egocentrismo al que nos tienen acostumbrados los diseñadores de renombre. En estos objetos humildes, no es la personalidad del diseñador la que se proyecta sobre el producto, sino que somos nosotros quienes modelamos su identidad.

Sin duda, en un entorno tan complejo como el actual, en el que la información y los productos se suceden en un ciclo vital cada vez más corto, redescubrir la simplicidad se convierte en un paso fundamental para poder administrar con sentido nuestra relación con los objetos, nuestra forma de comunicarnos y nuestro modo de estar en el mundo.

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¡FELIZ NAVIDAD! vs. ¡FELICES FIESTAS!

Hay gustos para todo y el tema navideño no iba a sustraerse de la polémica. Mientras unos se aferran a las tradiciones y al sentimiento religioso para lanzarse al consumo desmedido, una minoría, cada vez menos silenciosa, alza la voz contra el despilfarro y abuso de los símbolos religiosos en estas fechas, en ocasiones, apelando a esas mismas tradiciones y creencias.

Parece que es difícil resistirse al poder hipnótico de las luces de colores, el sonido de los villancicos y la convocatoria de las grandes superficies. Se encienden los focos navideños y… empieza el espectáculo… Aunque cada vez es más difícil justificar esta situación en sociedades en las que Estado y religión se mantienen separados.

Es llamativo contemplar, cómo llegadas estas fechas, los símbolos religiosos toman las calles y se instalan sin pudor, acaparando la vida tanto de los cristianos como de los que pertenecen a otras religiones.

Desde las instituciones, se están intentando que toda la imaginería religiosa pase desapercibida para no resultar hiriente. El “Feliz Navidad” se transforma en “Felices Fiestas” y los símbolos cristianos se transforman en imágenes más neutras. Árboles de Navidad, música de jazz y comidas exóticas contra belenes, villancicos, polvorones y Papá Noel.

La guerra ha estallado


Y es que, queramos o no, la percepción que se tiene de las Navidades está cambiando. Según un estudio de ChildWise, publicado por la BBC en 2006, en Inglaterra, la mitad de los niños de 7 a 11 años no asociaban la Navidad con la religión, y aunque la mayoría se sentía feliz, uno de cada 6 encuestados manifestó que estaba estresado, preocupado por los regalos, por los familiares ausentes y con sentimientos de soledad.

Además, en los países europeos y Estados Unidos, la multiculturalidad es una realidad y así distintas religiones tienen que compartir las mismas fechas. Mientras los cristianos están de celebración navideña, los judíos festejan el Hanoukka; los musulmanes, el Aïd el-kébir y los afroamericanos el Kwanzaa, además de la Fiesta de Fin de Año y el Solsticio de Invierno. Demasiadas coincidencias y cada vez más mayor preocupación por ser políticamente correcto.

Inglaterra es uno de los países que más se está aplicando el lavado de cara de sus fiestas navideñas; incluso el tema ha sido debatido en el parlamento.

Según cuenta Henri Tincq en un artículo publicado por Le Monde en 2006 “en más de tres cuartos de las oficinas londinenses, las decoraciones de Navidad han sido desaconsejadas e incluso prohibidas. En el ayuntamiento de Luton, Navidad fue rebautizada “Luminous“. En Birmingham, el nombre fue reemplazado en los documentos administrativos por el de “Fiesta del invierno”. En los correos británicos, en los sellos de final de año, en lugar del portal, de la estrella o de los pastores y la visita de los tres reyes magos, se han impreso muñecos de nieve y renos”.

Y así comenzó en 2005 lo que la prensa ha dado en llamar “War on Christmas”.

Algunos ciudadanos opinan que esta guerra es una estratagema de los cristianos para cobrar más protagonismo y poder, en una sociedad donde ésta se reconoce como la religión del Estado, lo que, les otorga importantes privilegios que se niegan a otros.

Otros critican esta ola de laicismo en las fiestas inglesas. Por ejemplo, en la web Bring Back Christmas! se aboga por el retorno de la Navidad y sus tradiciones a nuestras vidas.

En Estados Unidos también ha surgido la misma guerra, pero a diferencia de la de Inglaterra, aquí la persecución tiene un tinte más económico.


En 2005, grandes cadenas como Wal-Mart, Macy’s o Target, decidieron no mostrar símbolos cristianos en estas fechas para no hacer de menos a otras religiones, que también celebraban sus fiestas en esta fecha.

Contra ellos se levantó el poderoso grupo Catholic League for Religious and Civil Righ, una asociación que se ha encargado de denunciar y acosar a todos los centros comerciales e instituciones que han prescindido de referencias navideñas. Para ello escribieron cartas a su extensa base de datos de cristianos, invitándoles a boicotear la compra en dichos centros.

Esto mismo fue lo que hizo la Asociación Americana de Familias AFA cuando en 2004 lanzó una campaña de boicot contra Macy’s y Bloomingdale's.

El Liberty Counsel fue más allá y editó un listado de las tiendas “naughty”, que suprimieron la Navidad de sus centros, y otras “nice”, para que sus afiliados supieran dónde tenían que dirigirse a comprar.

Al final, los intereses económicos ganaron y en 2006 reapareció la iconografía cristiano-navideña.

Además existen, otras drásticas maneras de luchar contra el laicismo en Estados Unidos, por el que vela férreamente la American Civil Liberties Union. Así, Alliance Defense Fund ha destinado más de 1.500 abogados para que gratuitamente emprendan pleitos de particulares contra los colegios y lugares públicos donde se censure lo que ellos consideran su derecho a la celebración de las Navidades.

Esta corriente laica se sigue también en la mayoría de los países europeos. En España, el Primer Teniente Alcalde del Ayuntamiento de Sevilla, ha propuesto un cambio de nombre para la Navidad, que pasaría a llamarse Solsticio de Invierno.


Una batalla cuerpo a cuerpo

Este posicionamiento contrario a la ostentación navideña, no parte sólo de gobiernos e instituciones, también colectivos de ciudadanos e individuos particulares, levantan su voz contra este fenómeno.

La mayoría no se mueven tanto por el afán de desterrar los iconos religiosos de la vida pública sino que sus preocupaciones inciden más en el derroche y el gasto innecesario en estas fechas.

Muchos de estas iniciativas, nacen dentro de la propia iglesia católica. Por ejemplo, en Sri Lanka, un grupo de sacerdotes ha pedido a los católicos que boicoteen las celebraciones de Navidad hasta que la guerra y las matanzas desaparezcan. Y no ha sido el único caso de religiosos que reniegan de esta práctica.

Sonada iniciativa es la que está llevando a cabo un grupo de cristianos menonitas canadienses, en colaboración con Adbuster, colectivo que lucha contra la erosión del entorno por causa del consumo masivo.

Ellos, han creado el Buy Nothing Christmas, iniciativa que propone decir "no" a los patrones de alto consumo en este periodo. Se trata de un acto voluntario contra la comercialización de la Navidad. Ellos proponen volver a encontrarse con el profundo sentimiento cristiano de no dañar la tierra y compartir con las personas menos privilegiadas.


De la mano de otro grupo religioso, pero esta vez liderado por el falso Reverendo Billy, un profeta antiglobalización y su Church of Stop Shopping, se lucha contra el consumo excesivo y la pérdida de las tradiciones. Para hacer oir su mensaje antinavideño, cantan y predican su doctrina en la puerta de los grandes centros comerciales.

El reverendo acaba de estrenar su película documental, What World Jesús Buy. Una cámara le sigue por todo EE.UU. las semanas previas a la Navidad para convencer a la gente de que deje de comprar, si no quiere provocar el Shopocalypse (Apocalipsis de las compras). Sus discursos son acompañados con canciones de góspel y con mensajes anticomerciales hilarantes.

Con la cristiana idea de compartir con los necesitados, Intermon Oxfam inició ya hace 3 años una campaña llamada "Algo más que un regalo", que soluciona el problema de los regalos navideños ofreciendo la posibilidad de comprar, a través de su web, regalos solidarios. El valor va desde 12 a 3.000 euros con los que Intermon comprar material didáctico, gallinas, cabras, cerdos, bicicletas, kits sanitarios, burros, semillas y fertilizantes, vacas o incluso una carreta de tracción animal.

Muchas web instan en sus páginas a la rebelión antinavidad,, como por ejemplo The Antichristmas Zone, The Christmas Resistance Movement o Antinavidad. En ellas se nos ofrecen ideas y recursos para consumir menos en estas fechas proponiendo cosas que se pueden hacer sin dinero.

La guerrilla iconoclasta


Papá Noel es perseguido por muchos de los colectivos antinavidad y anticonsumo que ven en él la representación de la Navidad consumista.

Uno de los mayores grupos activistas contra este icono viene de Alemania y Austria, y ha puesto en marcha campañas de protesta por la comercialización de la Navidad. El blanco de sus iras es Santa, un americano de importación que desde su punto de vista, no representa el verdadero espíritu navideño.

Para ello pretenden cambiar este icono, que según ellos fue creado por Coca Cola en los años 30, y sustituirlo por San Nicolás, un hombre santo que ayudó a los necesitados. Una especie de “precursor” de las actuales ong's.

A través de blogs como Santarchy & Santacon se ha orquestado una iniciativa masiva que consiste en vestirse de Santa Claus cutre y deambular haciendo el gamberro bebiendo y cantando canciones contra la Navidad por el centro de las ciudades. Tan popular y extendido es el movimiento que ya está en Second Life. Un tal Chris Christmas Rodríguez ha realizado su particular y sonada campaña electoral para desbancar a Santa, que casualmente será sustituido por él mismo.

En Australia, además, Santa Claus ha sido censurado prohibiendo que diga sus famosas palabras "ho ho ho", porque consideran que son ofensivas para la mujer, al asemejarse su fonética a un término relacionado con la prostitución.

Pero no sólo el anciano vestido de rojo es una imagen polémica en Navidades. Hay colectivos intentando salvar a los Árboles de Navidad. En 2005, en EE.UU. se consumieron 32,8 millones de árboles, que en su mayoría acabaron en los contenedores de basura. En la página Treerevolt, se pueden ver algunas iniciativas para salvarlos.

Condenados a las tinieblas


La iluminación navideña en las ciudades también se ha visto sometida a una revisión y modernización. Cada vez se tiende más a despojarla de una iconografía cristiana. El caso de Madrid es un buen ejemplo. Los diseñadores encargados este año de la iluminación han optado por eliminar totalmente referencias directas a motivos religiosos, decantándose por otros más abstractos o alusivos a los buenos sentimientos, la diversión y la fiesta.

En Londres, su Ayuntamiento ha ofrecido el patrocinio de dichas luces a empresas privadas. Nokia ha asumido el encargo de crear las de Regent Street, para lo que ha elegido una iluminación moderna y totalmente abstracta. En la vecina Oxford Street, Disney ha optado por una de lo más tradicional y acorde a la temática de la película “Enchanted” que se publicita en ellas.

El excesivo consumo energético de estas luminarias también ha levantado a autoridades y sobre todo a grupos ecologistas como Ecologistas en Acción, los cuales “consideran absolutamente contradictorio que mientras se ponen en marcha operaciones de "estética verde", en la práctica se siga profundizando en una cultura de derroche claramente insostenible”.

Las luces particulares también están siendo sometidas a censura, como le pasó al millonario inglés Vic Moszczynski, contra el que se querelló su distrito por el gasto excesivo de luz y el aumento de la delincuencia debido a su ostentosa iluminación. También, los vecinos de Dominic Luberto se han movilizado contra el enorme despliegue lumínico de su casa de Boston. No es para menos...

Propaganda subversiva


Colectivos de artistas y diseñadores no han podido resistirse a lanzar sus despiadadas críticas, en forma de imagen, contra los estereotipos de la Navidad.

The Times ha elaborado un particular ranking de piezas antinavidad. Lo ha llamado Blasphemy Collection y en él, se puede encontrar, el musical Jesucristo Superstar; la escultura de Cosimo Cavallaro, Chocolate Christ; el reportaje fotográfico Ecce Homo de Elisabeth Ohkson Tallin y muchas otras obras que atacan, critican o parodian los iconos religiosos.

También afamados grafiteros han mostrado su particular punto de vista sobre estas fiestas en una innovadora iniciativa llamada Santa Ghetto, una exposición temporal que hasta ahora se había celebrado en Londres y que este año se ha trasladado a Belén.

Además de exponer y vender obra de fuerte carga ideológica, artistas como Mark Jenkins, Blu, Sam3, Paul Insect, y el afamado Banksy, se han servido de los muros que dividen la ciudad para plasmar su visión de este tema.

Como no, también diseñadores gráficos cineastas, agencias de publicidad anunciantes y particulares están tratando de sacar el máximo partido a este filón de imaginería antinavideña.

Quizás la clave pase por definir un término medio entre las almibaradas Navidades Disney, que prefiere una mayoría, y la Pesadilla Antes de Navidad que van a sufrir los que están en contra. Quizás pase por ceder espacio y representación en estas fechas a otras sensibilidades, quizás por ser menos consumistas, quizás... quizás... quizás... sólo haya que saber elegir lo que más se adapte a nuestros intereses, porque… de eso se trata ¿no?.

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Consumidores consumidos


Nos encanta comprar. Consumir alimenta nuestro ego y nos aporta prestigio social. Y para conseguirlo estamos dispuestos a pactar con el mismo diablo. Jornadas interminables, madrugones, hijos desatendidos… nada pone freno a nuestro ansía de acumular objetos, casi siempre innecesarios.

Sin embargo, algunos individuos y colectivos han decidido decir basta. Defienden que hay que terminar con la tiranía de las compras y aseguran que se puede vivir mejor comprando menos.


Somos lo que compramos. Antes que ciudadanos, somos consumidores y es precisamente nuestra capacidad de consumo la que nos hace respetables a ojos de los demás.

Todo se compra y se vende. Pero la producción masiva y la acumulación de deshechos están sacando a la luz problemas como el agotamiento de las fuentes de energía, el deterioro del ecosistema, el exceso de basura… además de hacer insalvables las desigualdades sociales.

Incluso en los países más ricos, el ritmo que impone el mercado es insostenible. Ni siquiera ellos se libran de contar con grandes sectores de la población con dificultades para acceder a bienes de primera necesidad, como la vivienda. Por eso, parece inevitable que las posturas a favor de un consumo ético y responsable adquieran cada vez más fuerza.

Ya son muchos los ciudadanos que han adoptado iniciativas personales en esta dirección. Algunos han decidido empezar por controlar su propio gasto. De este modo, además de ahorrar, dejan de estar sometidos a la dictadura de las grandes multinacionales.

Y como la eficacia es mayor al actuar en grupo, la mayoría se inscribe en asociaciones y movimientos ciudadanos. Muchos de estos grupos cuentan ya con bastante tradición. Algunos formularon su ideario a principios del siglo XX, bebiendo de fuentes tan antiguas como el Epicureismo. Pero es a partir de los años 80, cuando han tenido un mayor crecimiento tanto en número de seguidores, como en presencia mediática.

En general, no se identifican con ninguna ideología política, aunque muchos son cercanos a grupos religiosos. Tienen tantos puntos en común, que a veces es difícil diferenciarlos.

Esta es nuestra lista de los más populares.

Simply Life


La “vida simple” es un movimiento basado en reducir al máximo el consumo. Simple Life no significa austeridad. Significa comprar las cosas realmente necesarias prescindiendo de los artículos de lujo pero sin llevar una existencia monacal.

Tampoco significa vida fácil, porque en una sociedad donde para ser aceptado hay que consumir, su postura les fuerza a luchar constantemente por defender sus principios.

Para llevar este tipo de vida es imprescindible hacer un presupuesto lo más preciso posible de lo que realmente se necesita gastar, intentando preverlo todo y ceñirse a él al pie de la letra.

Para ello, es útil pensárselo dos veces antes de comprar. Algunas de las preguntas imprescindibles que hay que hacerse cuando surge un gasto son: ¿Realmente lo necesito?, ¿podría pedirlo prestado a un miembro del grupo, amigo, vecino o familia?, ¿tengo algo que lo sustituya?, ¿cuántas horas tendré que trabajar para pagarlo?, ¿es reutilizable?, ¿esta manera de gastar mi dinero me satisface?...

Se puede obtener información de este movimiento en su web oficial http://www.simpleliving.org/ o en el blog Faces of Simple Living.

Movimiento Anticonsumo



Es un movimiento heterogéneo y bastante amplio, que surge en Canadá y EEUU como respuesta a la globalización de los mercados. Una de sus referencias más conocida es el libro No Logo de Naomi Klein.

Los planteamientos de los activistas anticonsumo, vinculados a los movimientos antiglobalización, se basan en considerar que las grandes corporaciones están usurpando el poder legítimo de la gente, alienando a la población con falsas necesidades de consumo.

Para ello, las multinacionales se valen de un constante bombardeo publicitario, que tiene como única finalidad su propio beneficio, sin pensar en las consecuencias para el resto de la población.

El planteamiento es bien conocido por todos. Las multinacionales priman sus intereses y tratan de reducir sus gastos al máximo. Para ello explotan a sus trabajadores, forzándoles a trabajar en condiciones extremas a cambio de salarios de miseria. A ser posible en países pobres y corruptos donde se haga la vista gorda. La semiesclavitud o el trabajo infantil, serían solo consecuencias de esta forma de actuar.

Uno de los exponentes más relevantes de este movimiento anticonsumo es AdBusters, un grupo de artistas, publicitarios, activistas sociales y defensores de los derechos del consumidor, que intentan sacar a la luz las contradicciones de la sociedad de consumo, desde el humor y la crítica inteligente.


Para extender su pensamiento se valen de los mismos canales y estrategias que emplean las multinacionales para difundir sus mensajes: idean campañas de publicidad que parodian otras ya existentes.

Han liderado proyectos como Buy Nothing Day, donde se aboga por pasar 1 día sin comprar nada; Buy Nothing Christmas, para disfrutar de unas navidades sin compras, o TV Turnoff Week, que pretende reducir la presencia de la televisión en nuestra vida.

Como iniciativa personal, el Reverendo Billy, performer y veterano del teatro de vanguardia de Nueva York predica la doctrina anticonsumo en “The Church of Stop Shopping”.

Este seguidor de José Bové, acusa, ataviado con un enorme túpé rubio, a las grandes cadenas como Starbucks de destruir los barrios tradicionales, ahora invadidos por la publicidad y las franquicias. Sus “sermones” más multitudinarios, coinciden con las grandes celebraciones del consumo histérico, como el “Thanksgiving Day” o la Navidad. Entoncés su inflamado discurso, más que en ningun otro momento, intenta persuadir a los sufridos consumidores para que eviten la compra indiscriminada.

Otros grupos con planteamientos similares son The Anti Advertising Agency, Consume Hasta Morir, Yomango, Billboard Liberation Front, rtmark y muchos otros.

Freegans


Según explica el diario Iblnews en su artículo “Los 'freegans' o recuperadores de basura se rebelan contra el consumismo”, los freegans, organizados desde 1989, son personas que sólo comen alimentos recuperados de los contenedores de basura y de las papeleras.

Aunque parezca lo contrario, no son vagabundos ni apartados de la sociedad. Son personas que eligen esta opción radical por convicción y filosofía de vida.

Con su postura, además de no gastar, tratan de limitar el excesivo consumo de recursos y minimizar su intervención en la economía convencional.

Los más radicales, como los Vegan Straight Edge, además de rechazar cualquier forma de consumo, incluido el de drogas, alcohol y tabaco, se posicionan como defensores de los derechos de los animales y de una vida sana y espirirual. Para ello, practican la dieta vegetariana y rechazan la promiscuidad sexual. En ocasiones están integrados en el movimiento “okupa” o habitan en espacios públicos.
Una vertiente menos radical, es la de The Compact, que surgió tras una resaca colectiva de consumo, por la que un grupo de jóvenes de San Francisco, decidió estar 1 año sin comprar nada, utilizando para sobrevivir el mismo sistema de reciclaje de basura que los Freegans. Doce meses después, el grupo logró cumplir con el desafío e inspiró a otros que emprendieron el mismo camino.

El freeganismo, plantea un boicot total a un sistema económico donde el beneficio ha eclipsado las consideraciones éticas y donde los complejos sistemas de producción masiva aseguran que todos los productos que compramos crean situaciones socialmente injustas.

Además de comida, en sus Dumpster Diving (recolecciones urbanas), recuperan todo lo que encuentran de utilidad en las basuras, sobre todo en la de los comercios, supermercados, colegios, hoteles y casas de zonas ricas donde se suelen tirar cosas en perfecto estado.

Pero nunca van a sufrir el Síndrome de Diógenes porque lo que no necesitan lo intercambian, siempre sin dinero de por medio, en sitios como Freecycle o en Really Really Free Markets (Mercados verdaderamente gratis) y "Freemeets" (Encuentros gratuitos).

En su web se puede encontrar información detallada sobre su forma de vida.

Downshifting


Se trata de un movimiento que se alinea con Simple Life, pero que va un paso más allá.

Este movimiento de “cambio hacia abajo”, está integrado, sobre todo, por profesionales que renuncian al éxito y al dinero que les proporcionan sus trabajos, seducidos por una vida sencilla donde trabajar menos, consumir menos y vivir más. Después del yuppismo hay que pasar al downshifting.

Si bien, todo ejecutivo que se precie “amenaza” varias veces al día con abandonarlo todo para dedicarse a cultivar su huerto, los downshiftings han decidido ponerlo en práctica. Este es el caso de Heidemarie Schwermer, psicoterapeuta de 60 años, que lleva desde 1996 viviendo con poco dinero, pero con bastante bienestar.

Sin radicalismos (dispone de un ordenador, usa un teléfono móvil y viste con sencillez), lo que iba a ser una etapa de descanso de un año, se ha convertido en su forma de estar en el mundo. Esta vivencia la ha reflejado en el libro “Mi vida sin dinero”.

En otro libro, “La bolsa o la vida”, Joe Domínguez explica cómo se jubiló a los 31 años, viviendo desde entonces con 4.500 euros al año. Según cuenta en su libro, el downshifting le ha valido para saber valorar el dinero y gastar menos pero vivir mejor.

El libro, “Felicidad de la pobreza noble” también habla del downshifting, partiendo del principio “vivir con modestia, pensar con grandeza” y del concepto de “Pobreza noble” como opción para aquellos a quienes lo material les produce un vacío existencial.

Para informarse más sobre el tema, sitios como New American Dream, National Downshifting Week, o el blog Downshifting Path to Simplicity están llenos de información interesante y consejos prácticos.

También muchos blogs ofrecen datos útiles sobre iniciativas de ahorro, reutilización y reciclaje, además de sitios donde adquirir productos baratos que ayuden a no despilfarrar recursos o actividades gratuitas. Everyday Crafty Goodness, Suite 101, Debt Proof Living, Daily Cents o el español sinDinero, son algunos de ellos.

Los Parados Felices


También tratando de trabajar para vivir y no vivir para trabajar, en Alemania han aparecido iniciativas como la de Netzwerk Grundeinkommen (red de ingreso básico), heredera de los autollamados Los Parados Felices, que en 1996 tomaron las plazas de Berlín con sus tumbonas para reivindicar que querían llevar una vida digna, descansando y sin trabajar.

Esta iniciativa busca "deseconomizar la vida diaria" en una sociedad como la alemana, con a pesar de contar con altas prestaciones por desempleo, desarrolla mecanismos de presión social que impiden disfrutarlas con dignidad. En la Alemania de los 90, estar parado suponía un enorme desprestigio, que había que evitar a toda costa.

Contra esta situación, estos grupos plantean separar el trabajo y el salario, garantizando un ingreso básico para todos. "Seguro de existencia, derecho individual y nula obligación de trabajar" es el contramodelo que proponen a la política de desprestigio que Alemania aplica a sus desempleados.

Basic Income Earth Network es un grupo de estudiosos de la Renta Básica , con posiciones próximas a las de Los Parados Felices, que puede servir de referencia para quíenes estén interesados en saber más sobre iniciativas de este tipo.

Todos estos grupos ponen de manifiesto como en las sociedades desarrolladas, cada vez son más los que optan por vivir consumiendo menos y de un modo más responsable.

Pero hay muchas situaciones, en el Tercer y Cuarto Mundo (más cercano a nosotros), en las que la exclusión del ciclo del consumo no es una opción sino una triste imposición. Allí reutilizar, reciclar o vivir de la basura son simplemente las estrategías básicas de subsistencia. La pobreza en estos entornos pierde su “nobleza”.

Quizás a medio plazo, el modo de vida austero que propugnan estos grupos anticonsumo, pueda servir para que las grandes multinacionales se planteen estrategías más sostenibles. Entre tanto, todavía somos muchos los que encontramos en una buena tarde en las rebajas, el mejor modo de llenar nuestro vacío interior.

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Alimentos Transgénicos. Naranjas en agosto y uvas en abril


La forma en la que nos alimentamos en el mundo occidental está configurando distintos estilos de vida e incluso clases sociales. Recurriendo a la sabiduría popular se podría afirmar: “dime lo que comes y te diré cómo eres, donde vives, qué estilo de vida llevas... e incluso parte de tu personalidad la podría delatar el ticket de compra”. En general, las clases sociales altas comen sano, la bajas se alimentan peor. Tampoco han cambiado tanto las cosas en el fondo, pero si en la forma.

Hace tan solo unos años eran poco habituales conceptos como: transgénicos, alimentos funcionales o alimentos ecológicos. Todo estaba bajo el paraguas de la nutrición y solamente una minoría era conocedora de los distintos tipos de alimentos que se podían cultivar y finalmente consumir.

Posteriormente surgió y se desarrolló de forma vertiginosa lo que hoy conocemos como Biotecnología; una forma de aplicar el conocimiento científico a la producción de alimentos y mejorar la calidad (¿y cantidad?) de los mismos. Simultáneamente nos encontramos con el surgimiento de la bioética; llamada a poner coto y control a la “frankensteinzación” de nuestra cesta la compra.

Como consecuencia del surgimiento de ambas disciplinas, la sociedad comenzó a dividirse entre los partidarios de los organismos genéticamente modificados (OGM) y los detractores, que consideran estos alimentos como un atentado contra el equilibrio del planeta, un aldabonazo a los principios ecológicos y en definitiva, un peligroso “pan para hoy... hambre para siempre”.

La modificación genética de los alimentos ha dado lugar a los que conocemos como alimentos Transgénicos; los cuáles han sido sometidos desde su surgimiento a rigurosos controles; tanto por parte de sus creadores y promotores, como de las organizaciones que desconfían de este tipo de productos.


Se puede afirmar y negar con la misma rotundidad que, a día de hoy, no se ha demostrado que estos alimentos sean nocivos para el organismo. Sin embargo, no faltan acusaciones vertidas sobre los mismos que les hacen responsables de nuevas alergias, enfermedades, patologías y/o trastornos de la alimentación. Quizá sea nuestra sociedad y forma de vida lo que también alimente, nunca peor dicho, la rebelión de nuestro estómago y alrededores contra nosotros mismos.

En ocasiones se han hecho paralelismos entre el uso de los transgénicos y la energía nuclear. En el caso de estos organismos modificados genéticamente es difícil poder rebatir que dan la posibilidad de crear cultivos inteligentes y resistentes a plagas, dotarlos de propiedades adicionales, que en algunos casos rozan la función de los medicamentos o contribuir a la regeneración de zonas degradadas, desérticas o erosionadas. Pero como se dice de la energía nuclear, que presume de limpia... puede ser muy nociva, de hecho terriblemente mortal, si se utiliza de forma incorrecta.

Ahora bien, la caja de Pandora es la que se abre con las implicaciones económicas que todo esto conlleva: para estos cultivos se requiere un suministro importante de los fabricantes de semillas y un uso mucho menor de los pesticidas al ser cultivos más resistentes. Si a eso añadimos la voz de los ecologistas y lo mezclamos todo en la mente de los políticos que deben regular la producción de estos alimentos... tenemos un turbio panorama para poder, como consumidores, fiarnos del milagro de los panes y lo peces que defienden los partidarios de los transgénicos y la biotecnología... o del Apocalipsis del que nos advierten los ecologistas y defensores de la alimentación natural (y sana). La ecología viste conciencias, pero quizá ignorar el medio ambiente nos despoje de una alimentación saludable. ¿No?

El progreso y el bienestar siempre generan inseguridad porque nos enfrentamos a nuevos retos y a preguntas, que no deberían tener respuestas anticipadas que se llenen de oportunismo y frivolidad. Porque mientras en el primer mundo no dejamos de pensar en los efectos de un yogur caducado hace tres días o en una sandía transgénica de tamaño reducido para “singles”, en el tercer mundo el debate es mucho más directo: hambre o comida.

En el fragor de esta batalla entre alimentos ecológicos y alimentos transgénicos el mediador definitivo en las sociedades occidentales es la falta de tiempo y el poder adquisitivo; en las grandes ciudades españolas como Madrid y Barcelona dedicamos 36 minutos al almuerzo, 12 en desayunar y 32 para cenar. En cuanto al tipo de alimentos, se ha reducido drásticamente en los últimos 20 años el consumo de alimentos básicos y frescos (el consumo de leche ha bajado un 20%). Sin embargo se ha disparado el consumo de platos preparados, alimentos funcionales y productos con un valor añadido (¿hay algo que no lleve soja en la zona de lácteos?). Nuestra cesta de la compra denota en líneas generales que no hemos incrementado la cantidad de lo que comemos, aunque el precio casi se triplica en costes; en 1986 invertíamos 715 euros al año y hoy son 1880 euros anuales lo que nos cuesta llenar el estómago.

Este retrato robot de una sociedad que no tiene tiempo y que busca la mejor relación calidad-precio-salud, convierte el tema de la alimentación y de toda su cadena de producción en un efecto dominó de difícil ajuste y más complicada legislación(pdf).

Lo que es seguro es que en los países desarrollados el perfil del consumidor de clase media-alta, todavía minoritario pero en claro ascenso, exige cada vez más información sobre lo que consume y, derivado del progreso económico, está dispuesto a asimilar que: si invierte en buena alimentación, lo está haciendo también en salud.

Los iconos de la civilización occidental se han sumado a esta tendencia masiva sobre la comida sana y la salud: McDonalds piensa cada vez más en verde, Disney ha borrado del mapa la comida basura y el tabaco de Cruella Devil, al tiempo que ha creado a una Ratatouille que nos enseña a comer sano... aunque siempre nos quedará Burguer King para reivincidar la hamburguesa de los machotes.

Tampoco conviene olvidar que, en palabras de la escritora marroquí Fátima Mernissi: “vivimos dentro del harén de la talla 38” y eso condiciona las conductas en relación con la alimentación llevando a trastornos tan graves como la anorexia y la bulimia. Quizá sea el momento de plantearse, como he indicado al principio, si el surgimiento de las nuevas enfermedades, alergias y patologías, se originan en el cerebro antes de llegar al estómago y compañía.

Cada vez son más las preguntas a las que debe contestar la etiqueta de un alimento (pdf) colocado en la estantería de un país occidental; bien para alimentarse de forma sana o bien para evitar el consumo de determinados ingredientes que puedan consolidar una conducta alimentaria negativa en relación a los trastornos antes mencionados.

Lo que no se puede negar es que existe toda una industria que rodea al campo de la alimentación y la salud; sectores editoriales que han visto incrementada su difusión de forma espectacular en los últimos años (AIMC) y que ha dado lugar incluso a la publicación de semanarios gratuitos dedicados a estos temas. También los programas de televisión dedican gran parte de su parrilla matinal a temas relacionados con la salud, aunque no siempre de forma afortunada.

La salud vende, la alimentación sana también y hay todo un ejército de empresas dispuestas a curarnos si nos salimos de los cánones que establecen los triglicéridos y la Pasarela Cibeles. Una rivalidad entre patitos feos y cisnes cuya verdadera frontera, antes de situarse en la alimentación, lo hizo en la publicidad y en los espejos que mienten o que dicen la verdad... dependiendo del cristal utilizado.

Los transgénicos y la biotecnología nacieron como consecuencia del conocimiento científico y del progreso (no siempre bien entendido) de la civilización. Su efecto y utilidad para paliar el hambre en el tercer mundo resulta difícil de cuestionar sobre todo en partes del planeta áridas y con pocas posibilidades de cultivo.

Ahora bien, quizá no sea cuestión de demonizar los avances del progreso dentro del campo de la manipulación genética, sino de ser capaces de articular un marco legislativo que impida los abusos y fomente el buen uso de este conocimiento.

Porque el miedo vende... pero se nos acumulan los lobos que nunca llegaron.

Ignacio Caballero

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