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Culture Jamming: Ruido en la transmisión
 La realidad se ha evaporado por obra y gracia de la publicidad. En su lugar, se abre paso una hiperrealidad mucho más espectacular.
Contra este “nuevo orden” actúan activistas y artistas urbanos, que mediante acciones de guerrilla tratan de frenar estos procesos.
El Culture Jamming surgió en los años 80 como un movimiento de resistencia cultural frente a la comercialización de la sociedad, mediante acciones de guerrilla.
El artículo Culture Jamming: Hacking, Slashing and Sniping in the Empire of Signs, que Mark Dery publicó en 1999, es considerado su manifiesto fundacional.
El Culture Jamming trata de instalarse en los medios de masas de manera clandestina, produciendo mensajes críticos basados en los mismos sistemas de signos y códigos que emplean los propios medios.
De este modo, si la publicidad es el lenguaje con el que se expresa la cultura popular, el Culture Jamming se apropia de sus recursos para reformularlos y devolverlos a la sociedad en forma de mensajes subversivos.
En este proceso, la unidad básica de comunicación es el meme, un condensado de imagen, palabra o música fácilmente reconocible y transmisible de manera viral.
Así, el sabotaje cultural utiliza memes comerciales que nos son tan familiares como el logo de Nike o el “happy meal” de McDonald’s, para conseguir que los consumidores se replanteen sus hábitos de consumo.
Según Kalle Lasn, el mejor sabotaje cultural es el que introduce el meta-meme, un mensaje a dos niveles que se dirige a una imagen comercial específica, pero de una forma que pone en cuestión y desafía la cultura de dominación empresarial.
Algunos teóricos del Culture Jamming plantean que esta interferencia mediática es una manera democrática de ejercer los derechos de los ciudadanos, recuperando así el espacio que usurpan las marcas.
 Cualquier acto que distorsione la onda expansiva de la cultura popular puede considerarse Culture Jamming: la intrusión mediática ( media hacking), el terrorismo artístico ( terror-art), las acciones de guerrilla cultural, las parodias publicitarias, el happening…. A pesar de que nada de esto es nuevo, ya que bebe de fuentes como el dadaísmo o el détournement de los situacionistas, hoy está en pleno auge gracias a Internet. La Web es el medio natural de este tipo de acciones, que la emplean como un nuevo espacio social desde el que transmitir sus acciones. Unos de los representantes más influyentes de este tipo de movimientos son los canadienses Adbusters. Se definen como una red de activistas, escritores, parodiadores, estudiantes y empresarios que quieren impulsar un nuevo movimiento social contra los medios de comunicación. Adbusters invitan a los usuarios a publicar sus trabajos, carteles políticos o acciones subversivas. Además, practican las billboard modifications, el Google bombing, los flash mobs, hoax… Por ejemplo, en 2004 vendieron, con una cuidada campaña de marketing, 25.000 pares de zapatillas con la imagen de Nike, pero hechas de cáñamo y neumáticos reutilizados. The Yes Men es otro grupo de activistas que practican la "corrección de identidad". Suplantan la personalidad de poderosos para aparecer en los medios de comunicación y lanzar comentarios denigrantes sobre trabajadores y consumidores. Con ello, tratan de mostrar cómo, en vez de causar sorpresa o enojo, sus provocaciones son recibidas positivamente por la audiencia. Han pretendido ser portavoces de organizaciones tales como la OMC, McDonald's y Dow Chemical Company, entre otras. Church of the Subgenius se describe a sí misma como una organización para gente que se considera fuera de la corriente dominante y que en realidad se burla de la religión y su descarado afán recaudatorio. También, Church of Stop Shopping y Discordianism son otras modernas y subversivas religiones que utilizan la parodia para criticar el consumo y la religión. La Cacophony Society está formada por terroristas culturales que se dedican a organizar eventos transgresores como el llamado Santa Rampage, donde miles de personas disfrazadas de Santa Claus se emborrachan en público. Uno de los más conocidos integrantes de esta sociedad es Chuck Palahniuk, autor de El Club de la Lucha. El Shopdropping consiste en manipular los productos del supermercado, introduciendo entre ellos sus creaciones artísticas para después devolverlos a las estanterías. No se busca tanto una forma de autopromoción como una crítica del sistema. Uno de sus más afamados representantes es Banksy. El terrorismo cultural en la red tiene como destacado activista a Ricardo Domínguez, fundador de Electronic Disturbance Theatre y Critical Art Ensemble. Según su filosofía, si el capitalismo se ha vuelto electrónico o virtual, también el activismo debe adentrarse en el ámbito electrónico. Para ello utilizan técnicas como el FloodNet, una forma de net art en la que muchos usuarios se conectan simultáneamente a una web para bloquearla, o el fax jam, que hace lo mismo mediante el envío de faxes, y los phone zappings, a través de llamadas de teléfono. WTO/GATT es un sistema que apoya el sabotaje inteligente de materiales producidos y distribuidos masivamente. Una de sus acciones consistió en cambiar las voces de Barbie y G.I. Joe para que fueran las muñecas las que amenazaran y retaran al consumidor, mientras que los muñecos expresaban su deseo de ser madre. Dowethics es un grupo que ha suplantado la web de Dow Chemical Company para acusarles de todo tipo de fechorías con el medio ambiente y responsabilizarles del accidente de Bhopal. También en G.W. Bush 0.4 suplantan la web oficial del presidente Bush. Cars Suck reivindica el derecho de los peatones a disfrutar de las calles sin coches. Algunas de sus acciones consisten en siluetear los lugares donde han sido atropellados peatones y analizar las causas de los accidentes de tráfico. Space Hijackers se reconocen como un grupo de “anarquitectos” secuestradores de espacios públicos que se oponen a la jerarquía que imponen los arquitectos, los planificadores y los propietarios en los espacios públicos. En Francia, destacan Resistance à l’Agression Publicitaire y la Brigada Anti Pub, ambas con bastante influencia. Las dos se oponen al ingreso de la publicidad en las escuelas con una campaña nacional, llamada "una escuela sin marcas". En 2005, invitaron a los ciudadanos a conservar preciosamente la publicidad que les llegaba a casa para después, todos juntos, ponerla de vuelta en el correo central. Alemania también tiene movimientos de este tipo. El más conocido es LB/a.f.r.i.k.a. Gruppe, que no es un grupo ni un movimiento organizado, sino un “pop star” colectivo. Todos los activistas del grupo tienen el mismo nombre, Luther Blissett. No suelen atacar al sistema directamente sino que trabajan dentro de los mass-media produciendo noticias falsas, leyendas urbanas e intentando cortocircuitar sus contradicciones internas. El Memefest es un macrofestival de producciones audiovisuales críticas con la incitación al gasto compulsivo que se celebra todos los años en Eslovenia. Muchos más ejemplos de Culture Jamming pueden verse en Rhizome o en 0100101110101101.org. En España, Consume hasta morir, Yomango, Makea son algunos grupos próximos al Culture Jamming. Subvertising: sabotoje cultural
 La forma de sabotaje cultural más extendida es el subvertising o contrapublicidad. Básicamente, consiste en utilizar la expresividad de los textos y las imágenes publicitarias para subvertirlos y producir interferencias semánticas.
Tiene sus antecedentes en la cultura pop de los años 50 y 60, que empleaban como forma de expresión la descontextualización, la incongruencia, la provocación y el humor.
Podría definirse como: “La pintada en la pared, la pegatina en la farola, la frase modificada de una valla publicitaria, la camiseta-parodia ... La clave está en la redefinición y reconquista de nuestro entorno arrancándolo de las manos de las grandes empresas.”
En general, la contrapublicidad imita la imagen y el significado del anuncio, provocando un shock visual en el espectador/consumidor. El subvertising lucha contra la hegemonía de las marcas y el consumo que establecen las jerarquías de prioridad de la atención colectiva.
Un tipo especial de contrapublicidad es el que realizan los snipers, francotiradores semióticos que practican el bandidaje publicitario. Su objetivo es cambiar, corregir o aclarar los mensajes de la publicidad. Para ello, usan paredes o fachadas que intervienen mediante graffiti y otras técnicas. La mayoría de las acciones de snipers representan una invasión del espacio privado.
Con humor, ingenio y tergiversaciones sutiles consiguen sus objetivos. En general, los insultos y las consignas planas carecen de especial fuerza subversiva.
Una de las técnicas que utilizan es el “hitlerizing”, que consiste en algo tan básico como pintar un bigote como el de Hitler en las caras de los carteles, especialmente durante las campañas electorales. Otros actos “sniper” consisten en añadir granos a los rostros de las modelos publicitarias para que su belleza se vuelva más “natural”.
 Como representante destacado de este tipo de activismo destaca The Billboard Liberation Front, que cuestiona el uso exclusivo de los soportes publicitarios por las marcas y reclama su utilización pública. También California Department of Corrections busca la subversión en las vallas publicitarias. Para ello, propone una gestión eficiente y eficaz de la publicidad a fin de incluir la atención, el tratamiento, la disciplina, la formación y el empleo. En Filadelfia actúa un grupo similar llamado SCRUB. B.U.G.A. U.P. es un grupo australiano que se vale del graffiti para atacar las vallas publicitarias que muestran publicidad de tabaco y alcohol. Por su parte, The Buble Proyect propone que, mediante la colocación de pegatinas en blanco sobre los anuncios, el monólogo impuesto por los anunciantes se transforme en un diálogo en el que todos puedan opinar. La web False Advertising, el blog creado por la Anti Advertising Agency o Are you genetic? ofrecen muchos ejemplos de contrapublicidad. Pero el acto de subvertir los espacios públicos no tiene por qué ser practicado sólo por colectivos artísticos y activistas. La organización eco-action da todo tipo de explicaciones y posibilidades para que cualquiera pueda aficionarse a esta práctica. También en Web Urbanist se encuentran algunas recetas de cómo librarnos nosotros mismos de la publicidad molesta tanto en la web, con AddArt y Adblock, como en el entorno real. Freewayblogger, muy centrada en reivindicaciones políticas, muestra paso a paso cómo hacer sus propios y modestos carteles de protesta. En España, este tipo de acciones tiene dignos representantes como El Grupo Arbeit, Siro Lopez, El Hormiguero, El Mal o Colectivo Singular. Incluso existe un certamen de intervenciones contrapublicitarias llamado Malababa, que en 2006 contó con más de 400 propuestas. Street Art: Reivindicación del espacio públicoMención especial merece la apropiación de lugares públicos, por puro amor al arte, sin tener por qué llevar implícito un activismo político o anticonsumo. Aún así, los resultados no son siempre fáciles de diferenciar de los del Culture Jamming. En general, el arte urbano busca la recuperación del espacio usurpado por las empresas y la publicidad. Una de sus formas de expresión favorita es el graffiti y su evolución al postering, stickering, stensiling… Se trata de un tipo de arte inmerso en la era de la reproducción técnica de la que habló Walter Benjamin, que trata de convertir las calles en el espacio donde los artistas ejercen su particular secuestro del lenguaje publicitario. Internet se ha convertido en una extensión de la calle para estos artistas. De un extremo a otro del mundo, intercambian opiniones e incluso juegan al llamado Bomb the World, en el cual un yo virtual puede pintar trenes y observarlos a miles de kilómetros de distancia. Webs como Ekosystem, Rebellion, Wooster Collective, Stencil Revolution, Art Crime o Beautiful Crime ofrecen recursos interesantes relacionados con el arte urbano. Hay tantos artistas que practican esta disciplina que es imposible enumerarlos, pero entre los más conocidos por su talento o por su capacidad reivindicativa no se puede dejar de mencionar a: - Banksy, el artista urbano más conocido y cotizado en la actualidad. Sus obras son de carácter anárquico y provocador, con gran carga de humor. Utiliza imágenes populares, muchas veces de la propia historia del arte, que manipula para darle un sentido contrario al original. Sus creaciones han alcanzado cifras astronómicas en subastas y los ayuntamientos empiezan a conservar y restaurar sus obras. - Zevs, que ha popularizado los graffiti limpios, en los que en vez de pintura utiliza agua a presión que aplica en superficies muy sucias. Actualmente trabaja una serie llamada Liquidated Logos. - Ron English, un artista que libera vallas con sus propios mensajes. Ha actuado contra Joe Camel, McDonalds y Disney. Es considerado el padre del agit-pop. - The Decapitator, que retoca anuncios sustituyendo las cabezas por sangrientos muñones. El retoque tiene tanta calidad que las imágenes finales no parecen intervenidas. - Docteur Gecko modifica anuncios con pintura sensible a la luz artificial de manera que al iluminarnos deja ver macabros personajes. Interesantes son también los planteamientos de Obey, Dan Witz, Akay, Dr. D, Brad Downey, Oscar Brahim y el de colectivos artísticos como The Graffiti Research Lab y Pixelator. Hay que mencionar también a The Splasther, un crítico que ha cubierto de salpicaduras de pintura las más importantes obras de street art que ha encontrado entre Williamsburg y Soho. También Street Art Blows critica a los artistas urbanos que no hacen graffiti y se dedican a pegar reproducciones en serie por las paredes. En España, tenemos intervenciones de gran calidad realizadas por los artistas Sam3, Noaz y Spy. Etiquetas: hiperconsumo, politica, sostenibilidad, tendencias
El valor de la simplicidad
Todos conocemos la sensación de hastío que produce enfrentarse a un nuevo y voluminoso manual de instrucciones. Es estonces cuando se hace más necesaria que nunca la reivindicación de la simplicidad. Un modo de entender la simplicidad como una apuesta por lo útil. Como un intento de huir de todo lo que, en el diseño, la tecnología, la comunicación o las artes, resulta innecesario.Hace tres años, en el número 1 de Flylosophy, hablamos de SIMPLICITY, un programa de investigación que acababa de nacer en el MIT y que planteaba un retorno al orden y la simplicidad en el convulso campo del diseño multimedia. Con el paso del tiempo, SIMPLICITY ha ido adquiriendo una mayor dimensión y sus planteamientos se han extendido del diseño a otros campos. De hecho, la simplicidad se ha revelado como uno de los valores más queridos por usuarios y consumidores, que encuentran en ella el equilibrio que ha perdido el mercado. Más allá de modas y estilos, la simplicidad pretende ser un modo de estar en el mundo opuesto a la confusión y el ruido. Simple no significa pobre. Es simple aquel diseño, aquella interfaz, aquella forma de comunicarnos nacida de la necesidad y en la que todo tiene un sentido. SIMPLICITY en el MIT Media LaboratoryJohn Maeda es profesor de Artes y Ciencias de la Comunicación en el MIT Media Lab. Pero también es un reputado diseñador gráfico y uno de los tecnólogos más influyentes del mundo. En palabras de Nicholas Negroponte “ John tiene un punto de vista diferente de casi todo” y eso, sin duda, se percibe en sus planteamientos. Desde sus primeros trabajos, Maeda ha promovido un acercamiento humanista a la tecnología. En 2004 fundó el programa SIMPLICITY, en el que se han implicado empresas como Lego, Toshiba, Samsung, Johnson & Johnson y Time. En palabras del propio Maeda “Nuestro cometido consiste en definir el valor de la simplicidad en la comunicación, la sanidad y el ocio. Juntos diseñamos prototipos de sistemas y tecnologías que señalan que la clave del éxito en el mercado pasa por la simplicidad de los productos”. Un enfoque nada común, ahora que el mercado se apoya, más que nunca, en los complejos entramados simbólicos que rodean a los productos y las marcas. SIMPLICITY aspira a superar la visión de la tecnología como un mundo cerrado y ajeno a nuestra experiencia. Para ello, Maeda y su equipo buscan un enfoque más positivo y centrado en el usuario. En 2006, Maeda escribió Las Leyes de la Simplicidad, un libro en el que plantea cómo favorecer la simplicidad en el diseño, la tecnología, los negocios y la vida. Maeda nos propone 10 leyes y 3 claves: - Reducir. La manera más sencilla de alcanzar la simplicidad es mediante la reducción razonada. - Organizar. La organización permite que un sistema complejo parezca más sencillo. - Tiempo. El ahorro de tiempo simplifica las cosas. - Aprendizaje. El conocimiento lo simplifica todo. - Diferencias. La simplicidad y la complejidad se necesitan entre sí. - Contexto. Lo que se encuentra en el límite de la simplicidad también es relevante. - Emoción. Es preferible que haya más emociones a que haya menos. - Confianza. Confiamos en la simplicidad. - Fracaso. En algunos casos nunca es posible alcanzar la simplicidad. - La única. La simplicidad consiste en quitar aquello que es obvio y añadir lo específico. Clave 1. Lejos. Más aparenta ser menos, simplemente alejándose, alejándose mucho. Clave 2. Abrir. La apertura simplifica la complejidad. Clave 3. Energía. Utiliza menos, gana más. La simplicidad y el mercadoLos objetos que nos rodean son cada vez más complejos, aun cuando la mayor parte de sus funciones no nos interesan demasiado. De hecho, sabemos que esas funciones más que dar respuesta a nuestras necesidades, buscan únicamente despertar en nosotros el deseo de poseerlos. Quizás por eso, son cada vez más los usuarios que, agotados, aspiran a una tecnología sencilla. Algunas empresas han reparado en ello y están intentando explorar este camino. Philips es una de las compañías que ha apostado más claramente por la simplicidad. Especialmente a través de su línea Sense and Simplicity, desarrollada en colaboración con el Simplicity Lab, bajo la supervisión del propio Maeda. Según Sense and Simplicity, “La vida ya es suficientemente complicada y la tecnología no debería complicarla aún más. El compromiso de Philips es crear tecnología con sentido común. Tecnología que sea fácil de usar. Tecnología diseñada para nuestra forma de vivir y trabajar. En otras palabras, tecnología que sea pura simplicidad”. Pero Sense and Simplicity, además del diseño de productos de consumo, aspira a tener una dimensión mayor. El propio Maeda lo subraya cuando explica cómo, a pesar de su desconfianza inicial, ha comprobado que Philips pretende no tanto crear una nueva línea de productos o reforzar su imagen de marca, como crear un nuevo concepto empresarial basado en la simplicidad. Un modelo de negocio más sencillo y eficaz. También otras empresas se sienten atraídas por el poder de la simplicidad. De hecho, este concepto está muy presente en productos tecnológicos de referencia, como el iPod, el iPhone o la consola Wii; objetos que satisfacen nuestras necesidades a través de un funcionamiento intuituvo y un aspecto muy, muy sencillo. Estos objetos se muestran ante nosotros tan limpios y desnudos como una hoja de papel en blanco. Frente a la lógica de las marcas, en ellos la marca está casi escondida, sin la menor intención de imponerse al usuario. Son objetos que se nos ofrecen como acompañantes sensibles y dispuestos a adaptarse a nuestra personalidad, a convertirse en parte de nuestra identidad. Un paso más allá se situa Muji, abreviatura de Mujirushi Ryohin (en japonés, productos de calidad sin marca). Muji es una empresa japonesa que en apenas 25 años se ha extendido por toda Europa, convirtiendo sus tiendas en auténticos centros de peregrinación. Después de abrir su primera tienda española en Barcelona, hace poco inauguraron otra en Madrid. Muebles, juguetes, regalos, accesorios de cocina, productos de belleza, objetos de papelería, gadgets, ropa de casa y de la otra... componen un catálogo formado por más de 7000 productos. Siempre funcionales, prácticos y con un diseño tan exquisito como simple.
En general, están creados empleando materiales sencillos, frecuentemente reciclados y mediante procesos de fabricación respetuosos con el medio ambiente. Su embalaje se limita a un sencillo cartón o un simple plástico. En Muji prescinden de todo lo innecesario y por cierto... no son caros.  Pero el interés por la simplicidad no es una exclusiva de las grandes empresas. Nuestro querido Flores en el Ático ofrece montones de ejemplos de pequeñas empresas que basan su trabajo en esta idea.
Compañías como Nume, fabricante de juguetes de cartón; la japonesas Vinta y Floyd, con productos tan “simplicity” como la Lamp Shaped Lamp, o los hoteles Básico, en Playa del Carmén (México), y Casa Camper en Barcelona, son una muestra de la influencia de la simplicidad en la decoración y el diseño industrial. Salvando las distancias (por ejemplo, en relación a sus políticas de precios), se trata de objetos que como el iPod o la Wii, responden a una idea muy precisa de perfección: Objetos y lugares esenciales y perfectamente lisos, tanto desde el punto de vista material, como desde el simbólico.
Supernormal y los objetos humildes
Supernormal es una exposición que recoge más de 200 objetos de uso cotidiano, en la mayoría de los casos de autor desconocido, y que gracias a su eficacia se han convertido en imprescindibles. Comisariada por Naoto Fukasawa, creador desde su empresa Plusminuszero de diseños para Muji, Nike y Toshiba, y por Jasper Morrison, creador de productos para Alessi, Capellini y Vitra, la exposición se ha presentado hasta ahora en Tokio, Londres y Milán. Supernormal nos presenta objetos cercanos y que a fuerza de verlos cada día, se han vuelto invisibles. Objetos como el boli y el encendedor Bic, la cafetera Bialetti, el clip o el tradicional vaso liso, presente en todo bar español que se precie. En una entrevista realizada con ocasión de la exposición, Morrison y Fukasawa explican cómo, frecuentemente los objetos que nos rodean tienden a alejarse de la simplicidad y la utilidad. “Nos disgusta la tendencia de los jóvenes diseñadores, en particular, a crear objetos espectaculares y superficiales para generar cobertura mediática, más que para ser usados. Ahora, se crean nuevas versiones de objetos ya inventados para hacerlos parecer más excitantes y atractivos, sin considerar si son necesarios o no. No nos oponemos a que los viejos objetos sean reemplazados sino a los diseños pensados sólo para atraer la atención del público. Los diseñadores no piensan en crear lo ordinario, temen todo el tiempo que sus objetos sean tildados de normales ya que ese término ha derivado en aburrido”. Muy similar es el planteamiento de Humble Masterpieces, exposición organizada por el MOMA en 2005 y comisariada por Paola Antonelli. La exposición presenta una selección de casi 120 objetos sencillos, desde el Post-It al Tampax pasando por la cremallera, la navaja multiusos o el walkman. Objetos anónimos e imprescindibles, nacidos de la necesidad y que muestran un extraordinario equilibrio entre forma y función. Objetos que nos invitan a entender el diseño como un ejercicio de honestidad y no como el alarde de egocentrismo al que nos tienen acostumbrados los diseñadores de renombre. En estos objetos humildes, no es la personalidad del diseñador la que se proyecta sobre el producto, sino que somos nosotros quienes modelamos su identidad. Sin duda, en un entorno tan complejo como el actual, en el que la información y los productos se suceden en un ciclo vital cada vez más corto, redescubrir la simplicidad se convierte en un paso fundamental para poder administrar con sentido nuestra relación con los objetos, nuestra forma de comunicarnos y nuestro modo de estar en el mundo. Etiquetas: hiperconsumo, lifestyle, sostenibilidad, tecnologia, tendencias
Consumidores consumidos
Nos encanta comprar. Consumir alimenta nuestro ego y nos aporta prestigio social. Y para conseguirlo estamos dispuestos a pactar con el mismo diablo. Jornadas interminables, madrugones, hijos desatendidos… nada pone freno a nuestro ansía de acumular objetos, casi siempre innecesarios.
Sin embargo, algunos individuos y colectivos han decidido decir basta. Defienden que hay que terminar con la tiranía de las compras y aseguran que se puede vivir mejor comprando menos.Somos lo que compramos. Antes que ciudadanos, somos consumidores y es precisamente nuestra capacidad de consumo la que nos hace respetables a ojos de los demás. Todo se compra y se vende. Pero la producción masiva y la acumulación de deshechos están sacando a la luz problemas como el agotamiento de las fuentes de energía, el deterioro del ecosistema, el exceso de basura… además de hacer insalvables las desigualdades sociales. Incluso en los países más ricos, el ritmo que impone el mercado es insostenible. Ni siquiera ellos se libran de contar con grandes sectores de la población con dificultades para acceder a bienes de primera necesidad, como la vivienda. Por eso, parece inevitable que las posturas a favor de un consumo ético y responsable adquieran cada vez más fuerza. Ya son muchos los ciudadanos que han adoptado iniciativas personales en esta dirección. Algunos han decidido empezar por controlar su propio gasto. De este modo, además de ahorrar, dejan de estar sometidos a la dictadura de las grandes multinacionales. Y como la eficacia es mayor al actuar en grupo, la mayoría se inscribe en asociaciones y movimientos ciudadanos. Muchos de estos grupos cuentan ya con bastante tradición. Algunos formularon su ideario a principios del siglo XX, bebiendo de fuentes tan antiguas como el Epicureismo. Pero es a partir de los años 80, cuando han tenido un mayor crecimiento tanto en número de seguidores, como en presencia mediática. En general, no se identifican con ninguna ideología política, aunque muchos son cercanos a grupos religiosos. Tienen tantos puntos en común, que a veces es difícil diferenciarlos. Esta es nuestra lista de los más populares. Simply LifeLa “vida simple” es un movimiento basado en reducir al máximo el consumo. Simple Life no significa austeridad. Significa comprar las cosas realmente necesarias prescindiendo de los artículos de lujo pero sin llevar una existencia monacal. Tampoco significa vida fácil, porque en una sociedad donde para ser aceptado hay que consumir, su postura les fuerza a luchar constantemente por defender sus principios. Para llevar este tipo de vida es imprescindible hacer un presupuesto lo más preciso posible de lo que realmente se necesita gastar, intentando preverlo todo y ceñirse a él al pie de la letra. Para ello, es útil pensárselo dos veces antes de comprar. Algunas de las preguntas imprescindibles que hay que hacerse cuando surge un gasto son: ¿Realmente lo necesito?, ¿podría pedirlo prestado a un miembro del grupo, amigo, vecino o familia?, ¿tengo algo que lo sustituya?, ¿cuántas horas tendré que trabajar para pagarlo?, ¿es reutilizable?, ¿esta manera de gastar mi dinero me satisface?... Se puede obtener información de este movimiento en su web oficial http://www.simpleliving.org/ o en el blog Faces of Simple Living. Movimiento AnticonsumoEs un movimiento heterogéneo y bastante amplio, que surge en Canadá y EEUU como respuesta a la globalización de los mercados. Una de sus referencias más conocida es el libro No Logo de Naomi Klein. Los planteamientos de los activistas anticonsumo, vinculados a los movimientos antiglobalización, se basan en considerar que las grandes corporaciones están usurpando el poder legítimo de la gente, alienando a la población con falsas necesidades de consumo. Para ello, las multinacionales se valen de un constante bombardeo publicitario, que tiene como única finalidad su propio beneficio, sin pensar en las consecuencias para el resto de la población. El planteamiento es bien conocido por todos. Las multinacionales priman sus intereses y tratan de reducir sus gastos al máximo. Para ello explotan a sus trabajadores, forzándoles a trabajar en condiciones extremas a cambio de salarios de miseria. A ser posible en países pobres y corruptos donde se haga la vista gorda. La semiesclavitud o el trabajo infantil, serían solo consecuencias de esta forma de actuar. Uno de los exponentes más relevantes de este movimiento anticonsumo es AdBusters, un grupo de artistas, publicitarios, activistas sociales y defensores de los derechos del consumidor, que intentan sacar a la luz las contradicciones de la sociedad de consumo, desde el humor y la crítica inteligente. Para extender su pensamiento se valen de los mismos canales y estrategias que emplean las multinacionales para difundir sus mensajes: idean campañas de publicidad que parodian otras ya existentes. Han liderado proyectos como Buy Nothing Day, donde se aboga por pasar 1 día sin comprar nada; Buy Nothing Christmas, para disfrutar de unas navidades sin compras, o TV Turnoff Week, que pretende reducir la presencia de la televisión en nuestra vida. Como iniciativa personal, el Reverendo Billy, performer y veterano del teatro de vanguardia de Nueva York predica la doctrina anticonsumo en “ The Church of Stop Shopping”. Este seguidor de José Bové, acusa, ataviado con un enorme túpé rubio, a las grandes cadenas como Starbucks de destruir los barrios tradicionales, ahora invadidos por la publicidad y las franquicias. Sus “sermones” más multitudinarios, coinciden con las grandes celebraciones del consumo histérico, como el “Thanksgiving Day” o la Navidad. Entoncés su inflamado discurso, más que en ningun otro momento, intenta persuadir a los sufridos consumidores para que eviten la compra indiscriminada. Otros grupos con planteamientos similares son The Anti Advertising Agency, Consume Hasta Morir, Yomango, Billboard Liberation Front, rtmark y muchos otros. Freegans
Según explica el diario Iblnews en su artículo “Los 'freegans' o recuperadores de basura se rebelan contra el consumismo”, los freegans, organizados desde 1989, son personas que sólo comen alimentos recuperados de los contenedores de basura y de las papeleras. Aunque parezca lo contrario, no son vagabundos ni apartados de la sociedad. Son personas que eligen esta opción radical por convicción y filosofía de vida. Con su postura, además de no gastar, tratan de limitar el excesivo consumo de recursos y minimizar su intervención en la economía convencional. Los más radicales, como los Vegan Straight Edge, además de rechazar cualquier forma de consumo, incluido el de drogas, alcohol y tabaco, se posicionan como defensores de los derechos de los animales y de una vida sana y espirirual. Para ello, practican la dieta vegetariana y rechazan la promiscuidad sexual. En ocasiones están integrados en el movimiento “okupa” o habitan en espacios públicos. Una vertiente menos radical, es la de The Compact, que surgió tras una resaca colectiva de consumo, por la que un grupo de jóvenes de San Francisco, decidió estar 1 año sin comprar nada, utilizando para sobrevivir el mismo sistema de reciclaje de basura que los Freegans. Doce meses después, el grupo logró cumplir con el desafío e inspiró a otros que emprendieron el mismo camino. El freeganismo, plantea un boicot total a un sistema económico donde el beneficio ha eclipsado las consideraciones éticas y donde los complejos sistemas de producción masiva aseguran que todos los productos que compramos crean situaciones socialmente injustas. Además de comida, en sus Dumpster Diving (recolecciones urbanas), recuperan todo lo que encuentran de utilidad en las basuras, sobre todo en la de los comercios, supermercados, colegios, hoteles y casas de zonas ricas donde se suelen tirar cosas en perfecto estado. Pero nunca van a sufrir el Síndrome de Diógenes porque lo que no necesitan lo intercambian, siempre sin dinero de por medio, en sitios como Freecycle o en Really Really Free Markets (Mercados verdaderamente gratis) y "Freemeets" (Encuentros gratuitos). En su web se puede encontrar información detallada sobre su forma de vida. Downshifting
 Se trata de un movimiento que se alinea con Simple Life, pero que va un paso más allá. Este movimiento de “cambio hacia abajo”, está integrado, sobre todo, por profesionales que renuncian al éxito y al dinero que les proporcionan sus trabajos, seducidos por una vida sencilla donde trabajar menos, consumir menos y vivir más. Después del yuppismo hay que pasar al downshifting. Si bien, todo ejecutivo que se precie “amenaza” varias veces al día con abandonarlo todo para dedicarse a cultivar su huerto, los downshiftings han decidido ponerlo en práctica. Este es el caso de Heidemarie Schwermer, psicoterapeuta de 60 años, que lleva desde 1996 viviendo con poco dinero, pero con bastante bienestar. Sin radicalismos (dispone de un ordenador, usa un teléfono móvil y viste con sencillez), lo que iba a ser una etapa de descanso de un año, se ha convertido en su forma de estar en el mundo. Esta vivencia la ha reflejado en el libro “Mi vida sin dinero”. En otro libro, “La bolsa o la vida”, Joe Domínguez explica cómo se jubiló a los 31 años, viviendo desde entonces con 4.500 euros al año. Según cuenta en su libro, el downshifting le ha valido para saber valorar el dinero y gastar menos pero vivir mejor. El libro, “Felicidad de la pobreza noble” también habla del downshifting, partiendo del principio “vivir con modestia, pensar con grandeza” y del concepto de “Pobreza noble” como opción para aquellos a quienes lo material les produce un vacío existencial. Para informarse más sobre el tema, sitios como New American Dream, National Downshifting Week, o el blog Downshifting Path to Simplicity están llenos de información interesante y consejos prácticos. También muchos blogs ofrecen datos útiles sobre iniciativas de ahorro, reutilización y reciclaje, además de sitios donde adquirir productos baratos que ayuden a no despilfarrar recursos o actividades gratuitas. Everyday Crafty Goodness, Suite 101, Debt Proof Living, Daily Cents o el español sinDinero, son algunos de ellos. Los Parados Felices También tratando de trabajar para vivir y no vivir para trabajar, en Alemania han aparecido iniciativas como la de Netzwerk Grundeinkommen (red de ingreso básico), heredera de los autollamados Los Parados Felices, que en 1996 tomaron las plazas de Berlín con sus tumbonas para reivindicar que querían llevar una vida digna, descansando y sin trabajar. Esta iniciativa busca "deseconomizar la vida diaria" en una sociedad como la alemana, con a pesar de contar con altas prestaciones por desempleo, desarrolla mecanismos de presión social que impiden disfrutarlas con dignidad. En la Alemania de los 90, estar parado suponía un enorme desprestigio, que había que evitar a toda costa. Contra esta situación, estos grupos plantean separar el trabajo y el salario, garantizando un ingreso básico para todos. "Seguro de existencia, derecho individual y nula obligación de trabajar" es el contramodelo que proponen a la política de desprestigio que Alemania aplica a sus desempleados. Basic Income Earth Network es un grupo de estudiosos de la Renta Básica , con posiciones próximas a las de Los Parados Felices, que puede servir de referencia para quíenes estén interesados en saber más sobre iniciativas de este tipo. Todos estos grupos ponen de manifiesto como en las sociedades desarrolladas, cada vez son más los que optan por vivir consumiendo menos y de un modo más responsable. Pero hay muchas situaciones, en el Tercer y Cuarto Mundo (más cercano a nosotros), en las que la exclusión del ciclo del consumo no es una opción sino una triste imposición. Allí reutilizar, reciclar o vivir de la basura son simplemente las estrategías básicas de subsistencia. La pobreza en estos entornos pierde su “nobleza”. Quizás a medio plazo, el modo de vida austero que propugnan estos grupos anticonsumo, pueda servir para que las grandes multinacionales se planteen estrategías más sostenibles. Entre tanto, todavía somos muchos los que encontramos en una buena tarde en las rebajas, el mejor modo de llenar nuestro vacío interior. Etiquetas: comunicacion, hiperconsumo, lifestyle, sostenibilidad, tendencias
Alimentos Transgénicos. Naranjas en agosto y uvas en abril
La forma en la que nos alimentamos en el mundo occidental está configurando distintos estilos de vida e incluso clases sociales. Recurriendo a la sabiduría popular se podría afirmar: “dime lo que comes y te diré cómo eres, donde vives, qué estilo de vida llevas... e incluso parte de tu personalidad la podría delatar el ticket de compra”. En general, las clases sociales altas comen sano, la bajas se alimentan peor. Tampoco han cambiado tanto las cosas en el fondo, pero si en la forma.
Hace tan solo unos años eran poco habituales conceptos como: transgénicos, alimentos funcionales o alimentos ecológicos. Todo estaba bajo el paraguas de la nutrición y solamente una minoría era conocedora de los distintos tipos de alimentos que se podían cultivar y finalmente consumir.
Posteriormente surgió y se desarrolló de forma vertiginosa lo que hoy conocemos como Biotecnología; una forma de aplicar el conocimiento científico a la producción de alimentos y mejorar la calidad (¿y cantidad?) de los mismos. Simultáneamente nos encontramos con el surgimiento de la bioética; llamada a poner coto y control a la “frankensteinzación” de nuestra cesta la compra.
Como consecuencia del surgimiento de ambas disciplinas, la sociedad comenzó a dividirse entre los partidarios de los organismos genéticamente modificados (OGM) y los detractores, que consideran estos alimentos como un atentado contra el equilibrio del planeta, un aldabonazo a los principios ecológicos y en definitiva, un peligroso “pan para hoy... hambre para siempre”.
La modificación genética de los alimentos ha dado lugar a los que conocemos como alimentos Transgénicos; los cuáles han sido sometidos desde su surgimiento a rigurosos controles; tanto por parte de sus creadores y promotores, como de las organizaciones que desconfían de este tipo de productos.
 Se puede afirmar y negar con la misma rotundidad que, a día de hoy, no se ha demostrado que estos alimentos sean nocivos para el organismo. Sin embargo, no faltan acusaciones vertidas sobre los mismos que les hacen responsables de nuevas alergias, enfermedades, patologías y/o trastornos de la alimentación. Quizá sea nuestra sociedad y forma de vida lo que también alimente, nunca peor dicho, la rebelión de nuestro estómago y alrededores contra nosotros mismos. En ocasiones se han hecho paralelismos entre el uso de los transgénicos y la energía nuclear. En el caso de estos organismos modificados genéticamente es difícil poder rebatir que dan la posibilidad de crear cultivos inteligentes y resistentes a plagas, dotarlos de propiedades adicionales, que en algunos casos rozan la función de los medicamentos o contribuir a la regeneración de zonas degradadas, desérticas o erosionadas. Pero como se dice de la energía nuclear, que presume de limpia... puede ser muy nociva, de hecho terriblemente mortal, si se utiliza de forma incorrecta. Ahora bien, la caja de Pandora es la que se abre con las implicaciones económicas que todo esto conlleva: para estos cultivos se requiere un suministro importante de los fabricantes de semillas y un uso mucho menor de los pesticidas al ser cultivos más resistentes. Si a eso añadimos la voz de los ecologistas y lo mezclamos todo en la mente de los políticos que deben regular la producción de estos alimentos... tenemos un turbio panorama para poder, como consumidores, fiarnos del milagro de los panes y lo peces que defienden los partidarios de los transgénicos y la biotecnología... o del Apocalipsis del que nos advierten los ecologistas y defensores de la alimentación natural (y sana). La ecología viste conciencias, pero quizá ignorar el medio ambiente nos despoje de una alimentación saludable. ¿No? El progreso y el bienestar siempre generan inseguridad porque nos enfrentamos a nuevos retos y a preguntas, que no deberían tener respuestas anticipadas que se llenen de oportunismo y frivolidad. Porque mientras en el primer mundo no dejamos de pensar en los efectos de un yogur caducado hace tres días o en una sandía transgénica de tamaño reducido para “singles”, en el tercer mundo el debate es mucho más directo: hambre o comida. En el fragor de esta batalla entre alimentos ecológicos y alimentos transgénicos el mediador definitivo en las sociedades occidentales es la falta de tiempo y el poder adquisitivo; en las grandes ciudades españolas como Madrid y Barcelona dedicamos 36 minutos al almuerzo, 12 en desayunar y 32 para cenar. En cuanto al tipo de alimentos, se ha reducido drásticamente en los últimos 20 años el consumo de alimentos básicos y frescos (el consumo de leche ha bajado un 20%). Sin embargo se ha disparado el consumo de platos preparados, alimentos funcionales y productos con un valor añadido (¿hay algo que no lleve soja en la zona de lácteos?). Nuestra cesta de la compra denota en líneas generales que no hemos incrementado la cantidad de lo que comemos, aunque el precio casi se triplica en costes; en 1986 invertíamos 715 euros al año y hoy son 1880 euros anuales lo que nos cuesta llenar el estómago. Este retrato robot de una sociedad que no tiene tiempo y que busca la mejor relación calidad-precio-salud, convierte el tema de la alimentación y de toda su cadena de producción en un efecto dominó de difícil ajuste y más complicada legislación(pdf). Lo que es seguro es que en los países desarrollados el perfil del consumidor de clase media-alta, todavía minoritario pero en claro ascenso, exige cada vez más información sobre lo que consume y, derivado del progreso económico, está dispuesto a asimilar que: si invierte en buena alimentación, lo está haciendo también en salud. Los iconos de la civilización occidental se han sumado a esta tendencia masiva sobre la comida sana y la salud: McDonalds piensa cada vez más en verde, Disney ha borrado del mapa la comida basura y el tabaco de Cruella Devil, al tiempo que ha creado a una Ratatouille que nos enseña a comer sano... aunque siempre nos quedará Burguer King para reivincidar la hamburguesa de los machotes. Tampoco conviene olvidar que, en palabras de la escritora marroquí Fátima Mernissi: “vivimos dentro del harén de la talla 38” y eso condiciona las conductas en relación con la alimentación llevando a trastornos tan graves como la anorexia y la bulimia. Quizá sea el momento de plantearse, como he indicado al principio, si el surgimiento de las nuevas enfermedades, alergias y patologías, se originan en el cerebro antes de llegar al estómago y compañía. Cada vez son más las preguntas a las que debe contestar la etiqueta de un alimento (pdf) colocado en la estantería de un país occidental; bien para alimentarse de forma sana o bien para evitar el consumo de determinados ingredientes que puedan consolidar una conducta alimentaria negativa en relación a los trastornos antes mencionados. Lo que no se puede negar es que existe toda una industria que rodea al campo de la alimentación y la salud; sectores editoriales que han visto incrementada su difusión de forma espectacular en los últimos años (AIMC) y que ha dado lugar incluso a la publicación de semanarios gratuitos dedicados a estos temas. También los programas de televisión dedican gran parte de su parrilla matinal a temas relacionados con la salud, aunque no siempre de forma afortunada. La salud vende, la alimentación sana también y hay todo un ejército de empresas dispuestas a curarnos si nos salimos de los cánones que establecen los triglicéridos y la Pasarela Cibeles. Una rivalidad entre patitos feos y cisnes cuya verdadera frontera, antes de situarse en la alimentación, lo hizo en la publicidad y en los espejos que mienten o que dicen la verdad... dependiendo del cristal utilizado. Los transgénicos y la biotecnología nacieron como consecuencia del conocimiento científico y del progreso (no siempre bien entendido) de la civilización. Su efecto y utilidad para paliar el hambre en el tercer mundo resulta difícil de cuestionar sobre todo en partes del planeta áridas y con pocas posibilidades de cultivo. Ahora bien, quizá no sea cuestión de demonizar los avances del progreso dentro del campo de la manipulación genética, sino de ser capaces de articular un marco legislativo que impida los abusos y fomente el buen uso de este conocimiento. Porque el miedo vende... pero se nos acumulan los lobos que nunca llegaron. Ignacio Caballero www.espacioblog.com/manhattan Etiquetas: alimentación, hiperconsumo, sostenibilidad, tendencias
Muerte S.A.
La muerte no está bien vista. En la sociedades desarrolladas, morirse es incómodo y hasta de mal gusto. Por eso, intentamos retrasar este momento por todos los medios y cuando se hace inevitable, procuramos esconderlo o, al menos disfrazarlo. Darle una apariencia más atractiva y socialmente admisible.
Según María Jesus Buxó i Rey, Catedrática de Antropología Social de la Universidad de Barcelona, “la muerte es el último tabú de nuestras sociedades moderna”. Según ella, no sabemos cómo tratar al moribundo y lo escondemos en la asepsia de los hospitales o en la burocracia de las funerarias. La muerte es un fracaso y hay que “sacarse al muerto de encima” lo antes posible. Esta es la causa de que en torno a la muerte haya surgido un negocio que produce grandísimos dividendos. Vicente Verdú en su libro “El estilo del mundo” analiza cómo se ha transformado la idea de la muerte en la sociedad actual. Desde su punto de vista, en ella no hay lugar a la extinción. Todo se recicla y cuando un objeto se encuentra próximo a su fin, se reemplaza por otro. Nuestra experiencia de la muerte, está basada más en la ficción que en la realidad. Así que, cuando nos llega la hora, intentamos dotar a nuestra muerte de la misma singularidad a la que aspiramos en nuestra vida. Buscamos una muerte a la carta, diferente, customizada. Sin duda, en ello influye un contexto social cada vez más laico, en el que ni siquiera queda el consuelo de pensar en una vida eterna entre nubes de algodón. De este modo, el viejo anhelo de la vida después de la muerte, toma ahora formas más materiales como la crionización o los Banco de ADN. Hay que perdurar en el tiempo a cualquier precio. Antiaging
 Lo antiedad está de moda. Y es que, la resistencia a envejecer es la antesala de nuestra resistencia a morir. Tras la proliferación de clínicas de estética, ahora surgen los centros de longevidad, que tratan de prolongar nuestra juventud mucho más allá de los límites impuestos por la biología. Cada día surgen nuevos tratamientos antiage, algunos de ellos no demasiado fiables o con efectos secundarios aún poco conocidos.
El consumo de productos Antiage, alimentos con antioxidantes e incluso perfumes para eliminar el Aging Odor, se extiende a clientes cada día más jóvenes. A partir de los 40, nadie está libre de ser considerado un pre-viejo.
Al mismo tiempo, en nuestra cada vez más envejecida sociedad, los mayores reclaman mayor protagonismo social. Los abuelos ya no se resignan a contar batallitas en el casino y, consciente de su influencia económica exigen productos y servicios acordes a sus necesidades.
Algunos empresarios han visto en esta Edad Dorada una interesante oportunidad de negocio y tratan de convertir este segmento de población, en público objetivo de sus productos. De hecho, las áreas de negocio que experimentarán mayor crecimiento a corto plazo, aparte de la farmacéutica y la asistencial, serán las relacionadas con este sector de población.
Seguros de vejez, planes de pensiones, productos relacionados con el ocio, como la industria turística o residencias alejadas del triste estereotipo del “cementerio de elefantes” , intentarán copar las necesidades de los nuevos viejos. En este sentido, resulta muy ilustrativa la proliferación de campos de golf por todo el litoral mediterráneo, llamado a convertirse en un inmenso geriátrico para los ancianos de la Europa rica.
Universo Xtreme  “Contra el confort el miedo, contra la seguridad el riesgo, contra el rutinario sistema de vida el flirteo con la desaparición”, así define Vicente Verdú las razones que subyacen tras la continua aparición de nuevos y más peligrosos deportes de riesgo extremo. El concepto Xtreme se asocia a la juventud y a un estilo de vida deseable. La posibilidad de morir es condición imprescindible para su práctica, ya que de ese modo la vida parece cobrar más valor. Se está extendiendo tanto su práctica que ya existen competiciones que emulan a los Juegos Olímpicos. Son los Gravity Games y los X Games. Otra manifestación de este fenómeno es el turismo extremo, que hace que países como Perú, Argentina o Pakistán se conviertan en solicitados destinos turísticos para quienes buscan el peligro para vencer la rutina diaria. Rusia es uno de los destinos que mejor ha aprovechado esta nueva forma de turismo, con una oferta que va desde el Ice-diving, buceo bajo el hielo, a viajes al Polo Norte, visitas a la todavía contaminada zona de Chernobyl o la “extraordinaria experiencia” de vivir durante dos días en un cuartel militar sometido al mismo entrenamiento y trato que los combatientes de Chechenia. Pero lo Xtreme no se limita al campo del deporte o de la aventura. También la cultura muestra una tendencia hacia formas cada vez más Xtreme y hacia el coqueteo con la muerte. Son muchos los artistas que muestran en su obra la muerte con toda crudeza. Sin duda, en este aspecto influye la tendencia de todo el arte moderno a convertir los tabús sociales en materia prima de su trabajo. De hecho, la subversión y la exploración de los límites de lo socialmente aceptado son elementos fundamentales en la estética moderna. Sin embargo, junto a este aspecto, con demasiada frecuencia, el empleo de imágenes morbosas o de fuerte impacto emocional, oculta un método rápido y efectivo de adquirir notoriedad. Las imágenes del fotógrafo Joel-Peter Witkin, donde aparecen imágenes de cuerpos tullidos, deformes y despiezados, en barrocas y ocasionalmente “humorísticas” composiciones o las obras de Damien Hirst, Ron Mueck y los hermanos Dinos y Jake Chapman son sólo algunas de ellas. Algo similar ocurre en el caso del doctor Gunther von Hagens. Su muestra Body Worlds presenta más de 200 cuerpos de adultos, niños y fetos, desprovistos de piel, embalsamados y plastificados. Ya ha sido visitada por 20 millones de personas en todo el mundo. Entre las obras mostradas se encuentran, un cadáver desollado, montado a caballo y con un cerebro en la mano o una mujer embarazada, por supuesto también desollada, con el vientre abierto mostrando el feto en su útero. Von Hagens organizó también una perfomance en la que cobró entrada a 500 personas para asistir a la disección de un cadáver. Curiosamente, en China, donde el gobierno ejerce un férreo control sobre la información y la cultura, un grupo de artistas están llevando hasta el extremo la utilización de la muerte como revulsivo para sus creaciones. En el artículo de la revista Zapping “Paz a los muertos”, se hace un recorrido por algunas de sus obra más polémicas. Es el caso de “Siamese Twins” de Peng Yu, que consiste en dos niños siameses embalsamados a lo que se realiza una transfusión de sangre del propio artista o de la serie de fotografías que muestran al “artista” Zhu Yu cocinando y comiendo un feto humano. Sólo para sensibilidades Xtreme. En el cine, la presencia de la muerte también adquiere un tono especialmente morboso, no sólo en las películas gore y de terror. Un paso más allá, el mito de las snuff movies, películas que muestran asesinatos y descuartizamientos y acerca de cuya existencia no hay verdadera constancia, refleja la fascinación que la muerte y el dolor producen en nuestra sociedad. Muerte OnLine
En Internet están proliferando empresas que ofrecen todo tipo de servicios mortuorios, desde el traslado y preparación del cuerpo, a la organización de ceremonias de entierro o incineración. También han aparecido blog, newsletters y portales especializados en este tema. Sorprende su gran número de visitas. Gracias a Internet se construyen memoriales virtuales. Se trata de páginas para recordar a los muertos, con acceso las 24 horas, en las que se pone a disposición de los interesados galerías de fotos, biografías, sitios para dar el pésame y links. También son un lugar donde los afligidos pueden recibir el consuelo del grupo, participar en chats, etc. Además, es posible encender una vela virtual en memoria del difunto. Son especialmente representativos, el memorial de los muertos por SIDA, el Virtual Wall que recuerda a los caídos en Vietnam o el Unites State Holocaust Memorial Museum para recordar a las victimas del holocausto en EE.UU. Una variante de este tipo de sitios es la página MyDeath Space, que permite mostrar nuestras condolencias por los usuarios de MySpace muertos. En el sitio, se muestra un perfil del difunto y las causas de su muerte. La mayoría son personas asesinadas, muertas en accidentes de tráfico o suicidas. Algunos de los muchos detractores de MyDeathSpace, se plantean hasta que punto, sitios como éste, alimentan las tendencias suicidas de los jóvenes. Éste sería el caso del blog de Ciro Eugenio Milani, un joven que durante tres meses destapó en su blog su intención de suicidarse. En la bitácora, una de las más visitadas de Italia, se recogen comentarios de apoyo y consejos acerca de la mejor manera de suicidarse. Tras su muerte, Ciro continuó enviando mensajes programados. En Japón e Inglaterra ha saltado la alarma por el incremento de los pactos suicidas por Internet. Se trata de jóvenes, en ocasiones hikikomori, que se ponen en contacto a través de webs especializadas, para organizar suicidios colectivos. Parece que sólo en Japón, existen más de 8000 sitios de este tipo, lo que ha obligado al gobierno a crear una ley especial que pretende detener el vertiginoso aumento de “pactos de la muerte" acordados por Internet. Sitios para el buen morirSe puede decir, sin parecer demasiado frívolo, que los monumentos en memoria de los muertos en catástrofes, guerras o atentados, están de moda. Los arquitectos más cotizados compiten con avidez para proyectar uno de ellos. Sin duda, estos memoriales son unos de los nuevos centros de peregrinación del siglo XXI. Con frecuencia, el propio monumento parece más importante que la memoria a preservar. No importa que se refiera a muertos del pasado, como en le caso del African Burial Ground National Monument que se va a construir en Manhattan y que conmemora la muerte de 400 esclavos africanos, enterrados entre los siglos XVII y XVIII y que fueron descubiertos en 1991. El Tsunami Memorial se construirá en Tailandia para recordar a las victimas del Tsunami de 2004. El concurso para su construcción ha sido ganado por el estudio español Naga Concepts y su proyecto “Mountains of Remembrance”.  Pero sin duda, el que más expectación levanta es el World Trade Center Site Memorial en New York. Este proyecto que se inscribe dentro de la reconstrucción de la Zona 0 encargada al arquitecto Daniel Libeskind ha sigo ganado por el arquitecto Michael Arad y el paisajista Peter Walter. Su proyecto Reflecting Absence respeta la ubicación original de las Twin Towers, donde se construirán dos grandes estanques rodeados por un jardín.
Pero junto a estos grandes monumentos, también hay otros más humildes, como las cruces que cada vez más pueblan nuestras carreteras. Sitios como Descansos.org se dedican a fotografiarlos y catalogarlos.
También los cementerios han sufrido una gran evolución en poco tiempo. La tendencia más significativa es integrarlos en el paisaje, hacerlos más ecológicos y, por supuesto, biodegradables. Se llaman Woodland Burials y son muy frecuentes en Inglaterra.
En este sentido, destaca la propuesta de la empresa italiana Capsula Mundi, que propone cementerios donde las personas son enterradas en féretros biodegradables y en forma de huevo, sobre el que posteriormente se planta un árbol. Así, pasado algún tiempo, Capsula Mundi se convertirá en un bosque en memoria de los allí enterrados.
Genio y figura…
 Estamos en un periodo en el que la generación del Baby Boomers tiene que vérselas con la muerte de sus seres queridos y como todo en su vida, quiere hacerlo a su manera. Sin escatimar y dándole un estilo personal. Esto empieza a reflejarse en el auge de la industria funeraria y en que muchos empresarios buscan el modo de atraer a estos nuevos y exigentes clientes. Algunas empresas han visto el filón de los entierros temáticos, porque cada vez más, la muerte puede ser un reflejo de las aficiones que se tuvieron en vida. Wade Funeral Home en St. Louis ofrece varios decorados para escenificar los funerales. Uno de los más solicitados es el Big Mama’s Kitchen que recrea una cocina tradicional donde los dolientes pueden comer mientras velan el cuerpo. Otra sala simula una cancha de baloncesto para los que en vida fueron amantes de este deporte. Por su parte, Palm Mortuory ofrece un decorado de casino para morir estilo Las Vegas. Incluso los ataúdes salen de su triste uniformidad y adquieren un tono temático. Es el caso de lo originales modelos de Creative Coffins y Cowboy's Last Ride. Para los que no escatiman a la hora de morir, la empresa Space Service transporta cenizas al espacio, donde permanecerán orbitando alrededor de la tierra al menos 100 años, antes de desintegrarse. Se transportan de 1 a 7 gramos dependiendo del precio. Si se es aficionado al mar en Eternal Reefs organizan ceremonias en las que los restos de la cremación son lanzados al mar en ánforas especiales, muy pesadas, lo que garantiza que no saldrán a la superficie y estarán hasta la eternidad conviviendo con los peces. La empresa Promessa prepara el cuerpo de los difuntos para un mejor entierro ecológico. Mediante congelación se deseca el cuerpo y se sumerge después en nitrógeno. Así se convierte en polvo biodegradable que se entierra en un ataúd ecológico y que seis 6 meses más tarde se habrá fundido con la tierra. El teléfono móvil también tiene su protagonismo en los entierros. En Escocia se ha producido el primer funeral a través del teléfono móvil. Los allegados que no pudieron asistir, a través de una llamada de móvil, pudieron escuchar la ceremonia. Además cada vez son más frecuentes los casos de personas que desean ser enterrados con su teléfono móvil. Por lo que pueda pasar. Esta preocupación por la ecología se refleja también en el diseño de ataúdes. Este es el caso de Uono, un ataúd ovalado, realizado en material orgánico que se descompone en 15 años sin dañar el medio ambiente. Cada Uono está hecho a mano y está disponible en una amplia gama de colores. No menos innovador y ecológico es el ataúd Ecopod, fabricado en papel. También están realizados con materiales biodegradables los ataúdes que comercializa Green Ending, aunque su diseño es más tradicional. La versión ecológica de las urnas para cenizas es el Bios Urn fabricado con fibra de coco y que se descompone en poco tiempo en contacto con la naturaleza. Para auténticos geeks, la empresa Vidstone comercializa lápidas con pequeñas pantallas LSD donde se pueden mostrar datos y aspectos relevantes o divertidos de la vida del difunto. En un futuro no muy lejano será posible enterrar nuestro ADN. La empresa Biopresence propone mezclar nuestro ADN con un el de un árbol. Pero si lo que deseas es sentir la proximidad de la persona muerta, puedes someter sus cenizas a alta presión y transformarlas en un diamante artificial y llevar así los restos de nuestro ser querido en un elegante anillo. De ello se encarga Algordanza, a través de su sistema patentado. De un cadáver normal, se pueden obtener hasta 5 diamantes. Los precios van desde 3.000 a los 10.000 euros. Así pues, ya que no hay más remedio que morir, al menos hacerlo con estilo, aunque para ello tengamos que estar toda la vida, como nuestras abuelas, pagando el entierro a la compañía de seguros. Etiquetas: lifestyle, neomarketing, tendencias
Gravedad Cero
Siempre hemos soñado con flotar. Por eso, la fantasía de la ingravidez ha sido una válvula de escape frente a la inercia del mundo, frente a la pesada realidad.
Hoy que volar comienza a convertirse en una experiencia cotidiana, incluso tediosa, necesitamos ir un paso más allá. No nos basta con un billete de clase turista. Queremos flotar, queremos ser ángeles.
"A little less gravity" es el eslogan utilizado por Nike en su último spot de televisión, perteneciente a la campaña Run on the Air. En él podemos ver, en un encadenado de imágenes a cámara lenta, cómo distintos deportistas (entre ellos el español Pau Gasol) desafían la ley de la gravedad y flotan en el aire. Viéndolos flotar, sentimos que también nosotros flotamos.
Pero el particular combate de Nike contra la fuerza de la gravedad no es nuevo. De hecho, se remonta bastante tiempo atrás, al menos hasta 1985, momento en el que la firma decide lanzar su gama Nike AIR bajo el amparo de Michael Jordan. A partir de entonces, Jumpman- la silueta de Jordan levitando en una interminable canasta- convive con el famoso Swoosh en los productos de la gama Air Jordan. Jumpman se ha convertido en uno de los logos más famosos y eficaces de todos los tiempos, pero también en un emblema de la levedad y la ingravidez contemporáneas.
Hoy, seis años después de la retirada de Jordan del baloncesto profesional, Jumpman continúa flotando sobre zapatillas de deporte, camisetas, gorras...
 Además de Nike, muchas otras compañías confían en la fascinación que nos produce la ingravidez, y la convierten en el argumento principal de sus campañas. Never miss a shot, de Sony Ericsson; Float, de Baileys; Un peu d’air sur terre, de Lacoste; Heaven, de Diesel; SOoo fast, de Puma; Chase, de Coca Cola; Test your liberty, de Trina o Astrabatics, de Opel/ Vauxhall; son sólo algunas de ellas. Mención aparte merecen las múltiples campañas basadas en el homenaje-plagio, a los ingrávidos ángeles berlineses de “El cielo sobre Berlín” de Win Wenders. Los spots Built to Protect, de Volkswagen o Balay… por un mundo mejor son buenos ejemplos de lo que empieza a convertirse en todo un “subgénero” publicitario.
También en el cine, la presencia de lo ingrávido resulta obsesiva. Además de ser una constante en el género de Ciencia Ficción, la revitalización del cine de Artes Marciales ha llenado las pantallas de gente flotando. Las sagas Matrix, Kill Bill y Yamakasi o Tigre y Dragon y Hero… son algunas de las películas que han sabido poner los efectos digitales al servicio de la falta de gravedad.
Sin duda, este aluvión de imágenes flotantes refleja la importancia que la fantasía de un mundo sin peso tiene en nuestro imaginario colectivo. Al fin y al cabo, el cine y la publicidad están modelados con la materia de nuestros sueños, de nuestros deseos, y ¿quién no ha soñado alguna vez que era capaz de volar? Turismo espacial 
Desde que en 1961, Yuri Gagarin se convirtió en el primer humano en viajar al espacio, todos hemos aguardado pacientemente el momento en que los viajes espaciales se conviertan en algo tan cotidiano como volar en avión.
De hecho, desde hace años, el turismo espacial promete ser uno de los negocios más rentables del futuro inmediato. Sin embargo, hasta el momento la experiencia espacial, la auténtica y genuina ingravidez, está reservada a supermultimillonarios. Este es el caso de Dennis Tito, que se convirtió en el primer turista espacial, al viajar en 2001 hasta la Estación Espacial Internacional (ISS). Acompañado de dos cosmonautas rusos, permaneció allí durante una semana y, según parece, quedó encantado con la experiencia. El viaje fue organizado por Space Adventures, compañía que ofrece en exclusiva las Soyuz de la Agencia Espacial Rusa Roscosmos. El viaje, muy criticado por la NASA, costó a Tito alrededor de 20 millones de dólares. Pero Space Adventures ofrece también otras opciones más modestas, como vuelos parabólicos Zero-G, vuelos a bordo de un caza Mig 29 a 24.000 m. de altura (distancia desde la que se percibe la curvatura de la Tierra), o vuelos suborbitales a 100 Km. de altura, observando la Tierra desde la negrura espacial. Todos estos viajes se complementan con estancias en Moscú en hoteles de lujo, DVD con la filmación del vuelo y visita VIP al Kremlin. En España Destinia ofrece en exclusiva los servicios de Space Adventures. Otras empresas como PlanetSpace, Rustourism o Xero ofrecen productos similares. El negocio funciona y Eric Anderson, CEO de Space Adventures, parece convencido de sus posibilidades: "El turismo espacial representará una proporción sustancial de la industria de los viajes y el turismo en los próximos 20 ó 25 años”. Lo cierto es que desde el viaje de Dennis Tito, la lista de candidatos no ha dejado de crecer. Brad Pitt, Angelina Jolie, Sigourney Weaver, Moby, Robbie Williams y Paris Hilton ya han pagado los 200.000 $ que cuesta el pasaje en la nave suborbital Spaceship One, para la primera travesía espacial que la compañía Virgin Galactic, propiedad de Richard Branson, organizará en 2008. En su publicidad, la compañía de Branson pronostica que “a finales de esta década, Virgin Galactic, planea hacer posible que casi todo el mundo pueda visitar la última frontera a un precio asequible”.
La expectación y las oportunidades de negocio generadas en torno a los viajes al espacio han provocado la aparición de los primeros proyectos de hoteles espaciales. Los arquitectos de Equip Claramunt de Barcelona y un grupo de ingenieros aeronáuticos norteamericanos ya han desarrollado un prototipo de este tipo de alojamientos.
Las habitaciones, de 7m. de largo y 4 de alto, colgarán en forma de racimo de un soporte central. Todas ellas tendrán un enorme ventanal que permitirá observar el espacio.
También Space Island Group pretende construir un hotel espacial, que ofrezca todas las comodidades de cualquier resort terrestre. Utilizando tecnologías y vehículos desarrollados por la NASA, esperan iniciar su construcción en 2010 y abrir sus puertas (o lo que quiera que se abra en el espacio) en 2015. El precio de la estancia de una semana será de unos 200.000 $, vuelo incluido. No sabemos si este precio es en régimen de Alojamiento y Desayuno, Pensión Completa o Todo Incluido.
Seis propuestas para el próximo milenio
La importancia de la ingravidez va mucho más allá de sus aplicaciones comerciales. De hecho, la ausencia de gravedad tiene una presencia constante en la sensibilidad contemporánea. Artistas como Marcel Duchamp, a través del concepto de “infraleve”; Yves Klein, Donald Judd, Richard Serra o más recientemente Jeff Koons, Damien Hirst y Matt Siber han situado la ingravidez como un elemento central de su obra.
Quizás una de las aportaciones más interesantes llega no desde las artes visuales, sino desde la literatura. Concretamente, se trata de las “Seis Propuestas para el Próximo Milenio” del escritor italiano Italo Calvino. 
En junio de 1984, la Universidad de Harvard invitó a Calvino a participar en las “ Charles Eliot Norton Poetry Lectures”, un ciclo de seis conferencias que se desarrollan a lo largo del curso académico. Calvino centró el tema de sus conferencias en una prospección acerca de los valores estéticos –y en buena medida también éticos- que caracterizarían el inminente nuevo milenio. Lo tituló “Six Memos for Next Milennium”. La muerte sorprendió a Calvino poco antes del inició del ciclo, de modo que las “Seis Propuestas…” se convirtieron en su testamento estético. Levedad, Rapidez, Exactitud, Visibilidad, Multiplicidad y una inacabada Consistencia son para Calvino los valores llamados a definir nuestro presente. La Levedad, el primero de ellos, constituye para el escritor el centro del proceso creativo. De hecho, el combate contra el peso del mundo, contra su opacidad, contra la inercia, constituye el primer objetivo de su trabajo: “Mi labor ha consistido las más de las veces en sustraer peso; he tratado de quitar peso a las figuras humanas, a los cuerpos celestes, a las ciudades; he tratado, sobre todo, de quitar peso a la estructura del relato y al lenguaje”.
Todo lo sólido se desvanece en el aire  Hoy, como pronosticó Calvino, la levedad está en todas partes. Todo a nuestro alrededor parece diseñado para tener el menor peso posible.
Los nuevos soportes de comunicación (conexiones inalámbricas, dispositivos móviles cada vez más pequeños, nanomedios), las imágenes que nos rodean (de apenas unos pocos Kb), nuestro modo de relacionarnos, nuestras casas, nuestra ropa, los objetos de nuestro entorno… Todo lo que nos rodea parece aspirar a la ingravidez.
Sin duda, este aligeramiento del mundo ha permitido eliminar muchos de los aspectos más pesados de nuestra existencia. Pero más allá de lo funcional, nuestra lucha contra la gravedad tiene también importantes implicaciones simbólicas. Vivimos un tiempo en el que todo lo grave, lo trascendente, se ha convertido en tabú.
La Modernidad, quizá como consecuencia de la indigestión producida por siglos de pesadas tradiciones, ha hecho de la ausencia de peso uno de sus rasgos más distintivos. De hecho, todo el pensamiento moderno, desde la Ilustración a nuestros días, puede interpretarse como un intento de combatir el peso de la tradición.
Un combate basado en la revolución permanente de todas las condiciones sociales, en el dinamismo, la inestabilidad y la inquietud. Basado en un movimiento constante que se refleja hoy en una circulación continua de información, mercancías, imágenes, personas... Una circulación ensimismada, que se ha convertido en un fin en sí misma.
Nada debe entorpecer este flujo. Nada debe detener el intercambio permanente sobre el que se sustenta el mercado. Por tanto, es necesario optimizar nuestro mundo para favorecer esta circulación, desprenderlo de todo lastre, desmaterializarlo. Marx se refirió al universo moderno como un tiempo en el que “todo lo sólido, se desvanece en el aire”; un mundo gaseoso, en movimiento permanente y en el que obviamente conviene ir ligero de equipaje. Poco importa si en este proceso perdemos la posibilidad de disfrutar el agridulce sabor de lo real. Etiquetas: comunicacion, neomarketing, tendencias
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